jueves, 23 de febrero de 2017

“Batman: una muerte en la familia”, un cómic de Jim Starlin


Después de comprar Batman: Hush, el primer tomo de la nueva colección de novelas gráficas de DC de Salvat (que comenté en esta nota), dejé de adquirir las novelas en papel por un tema de presupuesto (a 220$ cada una, siendo que salen cada 15 días, me pareció un poco mucho).

Sigo disfrutando el 95% de los cómics en formato online o descargándolos (afortunadamente se encuentra de todo en torrents). Sin embargo –y aunque ya lo hubiera leído antes– me tenté con la versión impresa de Batman: una muerte en la familia, indudable clásico del Caballero Oscuro.

Una muerte en la familia es un arco argumental de Batman que corrió durante cuatro tomos (Batman #426-429) en 1988. No es realmente un spoiler decir que trata sobre la muerte de Jason Todd, el segundo Robin. 

(¡Dale! Pasaron casi 30 años, hay películas al respecto (Batman: Under the Red Hood), se desliza esa muerte en un cómic de Frank Miller y en Batman V Superman. ¡Ah, y Batman tiene a un Robin muerto en la maldita tapa de la novela!)

La particularidad de esta historia escrita por Jim Starlin es que le dio la posibilidad a los fans de que pudieran influenciar el punto más crítico de la trama llamando a un número 1-900. La situación fue ésta: el Joker ha herido brutalmente a Robin con una varilla, lo ata y lo encierra junto a una bomba que Batman no llega a detener. Mediante el llamado, los fans podían decidir si Robin sobreviviría a la bomba o no.

Y no, no sobrevivió.

Pero lo loco es que lo hizo por una diferencia realmente minúscula (5.343 votos a favor de la muerte de Jason Todd contra 5.271 para su supervivencia). La insólita diferencia de 72 votos llevó a DC Comics a finalmente tomar la decisión de dejarlo morir.


Y lo más increíble de todo es que, aparentemente, hubo una persona en particular que llamó unas 100 veces en un lapso de 8 horas para pedir la muerte de Robin. Este tipo fue literalmente quien asesinó a Robin.

Lo cierto es que Una muerte en la familia no es una gran historia en sí. Tiene momentos interesantes (llama la atención la cantidad de tiempo que el Joker está sin la máscara, o el hecho de que la acción transcurre en gran parte en el Oriente Medio) pero hay demasiadas casualidades y momentos deus ex machina  que arruinan un poquito las cosas.

Puedo entender y aceptar que las tres mujeres que podrían ser la verdadera madre de Jason Todd estén convenientemente en el mismo huso horario, pero cuesta creer que justo el Joker estaba yendo para el mismo lugar en el Oriente Medio y que se cruza con no una, sino dos de las posibles madres.

Ya me referí a la suspensión de la incredulidad a la hora de contar una historia en esta nota, por si alguien quiere repasar el concepto.

Lo cierto es que la trama es un poco floja por la manera en la que se aborda la política internacional. Se puede contar una historia de Batman cargada de política (y si no, pregúntenle a Frank Miller) pero este no es el caso. Acá se muestra a los iraníes de forma unidimensional, y la idea de que cualquier país del mundo pueda permitir hacer al Joker un diplomático es risible.

Por otro lado, el argumento vuelve a mostrar un Joker que escapa de Arkham, tortura a alguien, pelea con Batman y vuelve a escaparse fácilmente (reflejando, en esencia, la misma narrativa de esa obra maestra de Alan Moore llamada Batman: The Killing Joke).

Por último, Superman de pronto no tiene manera de encontrar el cuerpo del Joker cuando cae el helicóptero en llamas. Un helicóptero común y corriente en el océano. Superman bien podría haber utilizado sus Súper Sentidos para encontrar al Príncipe del Crimen. Si no lo hace es porque el guión es débil y no puede sostenerse por sí solo.

Sin embargo, la novela gráfica tiene sus puntos fuertes, y sería injusto no destacarlos hay varios motivos por los que se Una muerte en la familia se mantiene icónica dentro de la saga de Batman.

Uno de ellos es, por ejemplo, esa tranquila escena de drama en la que el Joker nota a Bruce Wayne entre la gente y ellos simplemente se miran. Jason Todd se había visto públicamente junto a Bruce y el Joker conocía que el joven era, en realidad, Robin. Entonces: ¿reconoció el Joker a Bruce como Batman?


¿Descubrió, en este momento, su identidad secreta..?

Me pareció interesante también las veces en las que Batman se pregunta si elegir un camino del utilitarismo (seguir al Joker para detener sus planes y salvar a la mayor cantidad de personas) o el del egoísmo puro (perseguir sus propios deseos, que son los de ayudar a Robin, su hijo adoptivo).

Sucede en varias oportunidades a lo largo de la historia y esa duda que él se plantea sirve para desarrollar más al personaje del Caballero Oscuro.

Junto a The Killing Joke, este fue el cómic que redefinió a Batman como ese ser sumamente complejo, oscuro y afligido que hoy conocemos.

Por años DC había estado intentando reinventar a Batman como lo había hecho con Superman y Wonder Woman luego del evento crossover Crisis en tierras infinitas (el primer gran reboot que tuvo la continuidad de superhéroes de DC). A su vez, querían quitar a Batman y al Joker de la sombra de lo que fue la ridícula y lisérgica serie de TV de los años ´60. 

Finalmente lograron  ambas cosas con este arco argumental.

El estudio de cómics ya sabía que Jason Todd no era tan popular y querido como el primer Robin (Dick Grayson) y buscaban una nueva forma de removerlo del rol de compañero de Batman. 

La pregunta era cómo hacerlo. 

Quizás inspirados en la pista que da Frank Miller en Batman: The Dark Knight Returns (si bien no se considera canon), se les ocurrió esta brillante idea de un número 1-900 en el cual se pudiera votar (al costo de 50 centavos de dólar) por la vida o muerte del segundo Robin.

► El anuncio en Batman #427 decía: 

ROBIN WILL DIE BECAUSE THE JOKER WANTS REVENGE. BUT YOU CAN PREVENT IT WITH A TELEPHONE CALL”.


Palabras finales

La tragedia de Jason Todd es el momento de quiebre para Batman, una muerte que sólo fue seguida en impacto por el fallecimiento de los padres de Bruce Wayne. Sólo por ese motivo vale la pena leer este cómic, que dejó una huella imborrable en el superhéroe.

Una muerte en la familia mantiene un status sagrado dentro de las historias clásicas de Batman. Fue el momento en que él falló (y falló de forma monumental). La imagen de Batman acunando a un sangriento y herido Robin es reconocible por cualquier aficionado de la cultura pop.


Lamentablemente, la historia en sí no es demasiado espectacular, se siente por momentos forzada y tiene una narrativa extraña. Es como si el escritor Jim Starlin hubiese querido combinar al Batman aventurero de los setenta con su versión más oscura de los ochenta, en una mezcla que no termina de cerrar.

El cómic puede conseguirse fácilmente en la web, y todavía debería estar disponible en puestos de kioscos y revistas.

De regalo, el tomo 14 de Salvat trae también Batman #366, la primera aparición de Jason Todd como Robin, publicado originalmente en diciembre de 1983. La historia es muy loca y Robin aparece apenas en los últimos paneles asistiendo a Batman en plena batalla contra el Joker en Guatemala.

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lunes, 20 de febrero de 2017

“Cuando el amor tocó la puerta, yo había salido a comprar aceitunas” (cuento)


Les comparto un nuevo cuentito de mi autoría, sencillo, directo. Funciona más como un pase de comedia, pero me dio mucha risa mientras lo escribía por lo surrealista de la situación.

Formó parte del Taller de Literautas de este mes. La consiga era escribir un relato con las siguientes doce palabras: tango, roedor, escalera, talismán, alianza, frasco, viuda, regalo, naranja, mañana, secreto, doce.


***

“Cuando el amor tocó la puerta, yo había salido a comprar aceitunas”

(Luciano Sívori)

—Hola, gracias por venir. Contame un poquito de vos.
—Emmm… bueno, como ves ahí en mi CV, me llamo Gustavo, soy profesor de tango, tengo 34 años. Cuento con una larga experiencia en el negocio del amor. Me considero una persona ambiciosa, capaz de dirigir una relación con eficacia y responsabilidad.
—Veo, veo… ciertamente es un currículum interesante. ¿Con cuántas personas saliste?
Doce. Nueve mujeres, dos hombres y un…
—¿Un?
—Un roedor. Al principio fue un romance secreto, pero después ya no lo pudimos esconder más.
—Ajá. Ya veo. Hablame de Agustina.
—Agus fue mi primera novia, desde febrero de 2003 hasta diciembre 2005. La acompañé en momentos duros. Durante mi relación demostré proactividad, dedicación y un enfoque hacia los objetivos. Además, le enseñé a jugar al Mahjong. Me desvinculé de ella para buscar proyectos más prometedores, pero terminamos en muy buenos términos.
—Qué bueno. ¿Y Julia?
—Nuevamente exhibí cariño y entrega con ella. Desgraciadamente, mi personalidad extrovertida no se ajustó a las necesidades de sus operaciones diarias. Me dejó ir al tercer mes, sin previo aviso, y no quiso hacerme carta de recomendación. Yo no pude ver un escenario adverso. Sin embargo, siento que gracias a nuestra articulación entendí la necesidad de adaptarse al cambio, que es siempre vertiginoso.
—Gustavo, ¿qué considerás que es tu mayor fortaleza y tu mayor debilidad?
—¡Qué pregunta! Supongo que mi debilidad es siempre poner el 110% en la relación. Eso hace que, muchas veces, me frustre cuándo las cosas no salen como se planearon en primera instancia. Me esfuerzo demasiado porque todo funcione y no dejo lugar a la improvisación. ¿Mi fortaleza? Soy increíble en la cama. Un toro fogoso, libinidoso, pasional, que hace alcanzar los placeres más elevados a su pareja del momento. Esto es algo que destacaron todas mis relaciones, como podés verificar en la documentación adicional que adjunté al CV.
—La estoy mirando. 93% de probabilidad de generar orgasmo en el otro. Medidas… upa… satisfactorias. Muy satisfactorias. El Test de Durabilidad te dio siete polvos continuos, con espacios de diez a quince minutos de descanso. Tu nivel de apertura sexual es del 99.93%, ¿por qué casi el máximo?
—No puedo disfrazarme de banana. Es un trauma que tengo de chiquito.
—Ajá. Continuemos. Rubén fue tu primera experiencia homosexual. ¿Cómo viviste eso?
—Una relación muy provechosa con la que crecimos ambos. Mantuvimos una alianza fuerte, nos hacíamos un regalo cada semana. Siempre digo que fue como un talismán de la fortuna para mí. Lamentablemente, falleció en un accidente. Se le cayó un frasco de aceitunas de Bulgaria en la cabeza.
—Me apena escuchar eso todo el tiempo. A mi tía le pasó lo mismo.
—Es una epidemia.
—¿Y Miriam?
—Una viuda de 63 años. Celebramos un contrato, previa firma certificada por escribano, para cultivar un lazo exclusivamente sexual entre mayo de 2010 y febrero de 2011. Cuando finalizamos la asociación, ambas partes decidimos buscar oportunidades diferentes.
—Ajá. Acá leo que contás con una educación muy variada.
—Así es. Hice el curso “Cien formas de ser cool sin parecer goma”, estudié Ciencias Románticas en la Universidad de Palermo. En el año 2013 participé del prestigioso taller “Amor es una palabra de cuatro letras, como Roma”, que se dicta en el Centro Cultural “Naranja y media”. Calificación: diez.
—Hablame de tus conocimientos en computación.
—Tengo amplios conocimientos en redacción de e-mails sentimentales. Manejo a la perfección todo el paquete de citas: Badoo, Tinder, Happn…
—Última pregunta, ¿de qué signo sos?
—Capricornio.
—Bien, bien. Bueno, parece que todo está correcto. Todo indica que sos la persona ideal para esta relación, pero quiero recordarte que hay una competencia feroz y que ésta no es más que la primera etapa. Mañana te voy a estar contactando para avisarte si pasás a la siguiente. Bajá por la escalera que te van a tomar unas fotos más, desnudo. Si todo sale bien, en unos días vas a estar saliendo conmigo. ¡Te deseo muchos éxitos!

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jueves, 16 de febrero de 2017

Shin Gojira (2016): la reinvención de Godzilla


Shin Gojira (también conocida como Godzilla Resurgence en algunos países, aunque me niego a llamarla así) es la primera producción del estudio Toho sobre el icónico monstruo desde el 2004. Se estrenó el año pasado en Japón e –igual que el kaiju que da origen al título– dejó todo un rastro de destrucción en el país.

Me refiero a que fue un éxito sin precedentes en la taquilla nipona, convirtiéndose en la película japonesa live-action más exitosa comercialmente de todo el 2016. (La otra que pegó fuerte en Japón el año pasado fue Your Name, de la cual hablé en esta nota).

Dirigida por Hideaki Anno (sí, el mítico creador de Evangelion), esta nueva reinvención de Godzilla –la entrada número 31 de la franquicia– es un reboot total que reinicia toda la historia, incluso negando completamente los eventos del film original de 1954. En ese sentido, esta película muestra la primera vez que Godzilla aparece en Japón.

Se trata de una producción interesante por el tratamiento que se le dio al monstruo. La premisa va por este lado: cuando el acueducto de Tokio misteriosamente se inunda y colapsa, Rando Yaguchi (el secretario de gobierno) está convencido de que fue un incidente causado por una criatura viva. Contradiciéndolo, el Primer Ministro asegura que no fue más que un desastre natural. Sin embargo, cuando una inmensa cola de una especie de reptil asoma en la bahía, la posibilidad de que un monstruo gigante aceche se vuelve realidad.

Shin Gojira es, por lo menos, extraña. Sin spoilear la trama (todavía), funciona como una gran burla (y crítica) hacia el gobierno japonés. Las reacciones de las autoridades durante la aparición inicial de Godzilla recrean perfectamente la indecisión que hizo que miles de personas murieran en los desastres naturales que ocurrieron en el país durante el año 2011 (el terremoto y el tsunami).


Arranqué viéndola con escepticismo, y las primeras escenas no convencen porque el monstruo literalmente parece un retardado mental, las actuaciones no son buenas y el tono es confuso, mezclando la comedia absurda con el melodrama. Pero a medida que progresa me fui enganchando y, sobre el final, quedé encantado. 

Es una película que da pie a largos debates y permite explorar sus temáticas de forma profunda.


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#SpoilerAlert. Si no vieron Shin Gojira todavía y no quieren arruinarse la trama, aviso que a partir de ahora aparecerán spoilers.

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Un primer aspecto destacable es que el Godzilla “héroe” –cómo se lo mostró en varias de sus películas– acá no está presente. Este es la fuerza destructiva original de 1954, amenazante, salvaje, implacable, aunque reinterpretada para adaptarse a la era moderna.

Su primera aparición es muy decepcionante. Parece una lagartija creada con efectos especiales baratos y, como dije antes, tiene aspecto de retrasado. Afortunadamente, luego del primer acto evoluciona en algo que se asemeja mucho más al clásico diseño, aunque es todavía más inquietante. 

De hecho, a lo largo de la historia tiene cuatro evoluciones, siendo la última la más impresionante de todas.

El bicho no sólo tiene posibilidad de lanzar el clásico Atomic Breath desde su boca, sino que además… wait for it… tira rayos desde la boca, desde la cola y desde todo su cuerpo. Múltiples rayos que provocan destrozos titánicos.

Cuando la película revela este nuevo poder, te pueden pasar dos cosas: O la apagás ahí nomás, gritando como un desgraciado que los japoneses tienen un pedo gigante en la cabeza, o te emocionás porque Godzilla tira RAYOS por todos lados y finalmente lográs apagar completamente el cerebro. A mí me pasó lo segundo, aunque también sé que este momento es el que puede dividir rápidamente las aguas.

No soy un seguidor incondicional de Godzilla (para eso hay blogueros mucho más capaces, como Hugo Zapata) pero algo vi. A lo largo de los años el sentimiento de terror que generaba el monstruo en los espectadores fue en desmedro porque se le había perdido el respeto al monstruo. En algunas películas baila de forma ridícula y en otras salva a Japón de otros bichos gigantes.


 ... esto pasaba en "Invasion of the Astro Monster" (1965)...

En su lugar, Shin Gojira recupera el sentimiento de tensión y verdaderamente muestra cómo funcionaría un mundo en el que un kaiju de esas características atacara. Cuando finalizó el segundo acto, yo no sabía si Godzilla iba a lograr ser detenido o acabaría por destruir todo la Tierra, flotando alrededor de la órbita y tirando rayos que cortaran al planeta en pedacitos.

Es genial cuando una película genera ese tipo de cosas.

Eso sí: para ser una cinta de acción y monstruos, las cosas se vuelven bastante burocráticas. Hay secuencias largas de personas discutiendo qué hacer y cómo hacerlo. Los cortos de tipo “found footage” ayudan a realzar el sentido de urgencia. El gobierno estúpidamente lento, indeciso e inútil es una forma brillante de parodiar lo que ocurrió en la vida real con los desastres del 2011.


La acción en Shin Gojira, cuando se presenta, es espectacular, puntualmente sobre el último tercio, pero quienes esperen una fiesta pochoclera de destrucción masiva, se van a decepcionar. La trama se desarrolla en gran parte en oficinas y salas de reuniones.

No hay personajes protagonistas fuera de Godzilla, y hasta el director decidió cortar toda subtrama familiar y romántica que no tuviera nada que ver con el argumento principal. Es un elenco inmenso de gente normal (expertos en su propio campo) que hace lo mejor para contribuir y poner fin al desastre. Lo irónico es que ellos tienen que pelear más con la política que con Godzilla.

Hideaki Anno quería realismo, y lo logró de diversas maneras. Por ejemplo, pidió a los actores que hablaran mucho más rápido de lo normal, citando a la película de Facebook (The Social Network, 2010) como referencia.

El Godzilla original siempre fue una alegoría de la devastación nuclear (recordemos que cuando salió la primera película no hacía mucho que Estados Unidos había bombardeado Hiroshima y Nagasaki). En este caso se tocan esos temas, y se percibe el miedo de que Japón vuelva a ser bombardeado para poder eliminar al monstruo.

Al final logran vencerlo gracias a la magia de la ciencia, pero lo brillante es que Godzilla no muere, sino que es congelado en el centro de Tokio. La amenaza de que vuelva a activarse es inminente, y los japoneses hablan de que es algo que “va a tener que coexistir con ellos por siempre” (igual que el desastre natural del 2011 en el cual se inspira la película).

Me gustó mucho esta idea de que tenemos que convivir con las cosas terribles que nos pasan, sea un desastre natural o un réptil gigante que tira fuego por la boca y rayos por la cola. Este concepto está bien ejecutado en la película. Al mismo tiempo, funciona como gancho para una secuela.

Palabras finales

Toho y Hideaki Anno no buscaron sólo recapturar al icónico monstruo japonés para hacer plata, sino que además lo aprovecharon para examinar los miedos y frustraciones post 2011, haciendo uso de tajante sátira política y terror escalofriante.

Lo que hicieron con Godzilla en esta oportunidad es maravilloso. Reinventaron al monstruo para adaptarlo a una época contemporánea y le dieron nuevas habilidades. Hay escenas de acción y destrucción en la película que son gloriosas.


No es una película perfecta, y no es para todo el mundo. En mi caso, resultó ser una experiencia cinematográfica muy satisfactoria. Aunque no seas fanático del cine japonés o del cine de destrucción (yo ciertamente no lo soy), Shin Gojira es algo diferente que se destaca como una de las grandes producciones que salieron en el 2016.

No va a ser fácilmente olvidada.

BONUS TRACK: si bien me quedó un poco desactualizado (por ejemplo, luego de armar el top vi Arrival y The Lobster, ambas espectaculares) dense una vuelta por mi TOP-15 de películas 2016.

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lunes, 13 de febrero de 2017

Las tres preguntas de León Tolstoi


Quizás no muchos conozcan el nombre Hans Christian Andersen, pero el dinamarqués es uno de los autores de cuentos infantiles más famosos del mundo, con historias célebres como La Sirenita, El patito feo y La reina de las nieves, todas adaptadas al cine por Disney.

(Por si quieren saber, La reina de las nieves fue adaptada en Frozen).

La cuestión es que Andersen solía decir lo siguiente: «Los cuentos (infantiles) sirven para que se duerman los niños, y se despierten los mayores». 

Pero esta nota no es sobre él sino sobre León Tolstoi, quizás el más conocido escritor ruso luego de Dostoievski.

Tolstoi tiene varios cuentos infantiles. Al ruso le gustaba emplearlos como método de enseñanza. De hecho, fundó una escuela para los niños campesinos llamada Yasnaya Polyana (Claro del Bosque).

Su cuento de hadas Las tres preguntas narra la historia de un emperador que pensó un día que si conociera las repuestas a tres interrogantes, podría tener siempre todo bajo control, no se equivocaría en nada y sabría exactamente cómo proceder. Dichas preguntas eran:
  1. ¿Cuál es el momento más oportuno para hacer cada cosa?
  2. ¿Cuál es la gente más importante con la que trabajar?
  3. ¿Cuál es la cosa más importante para hacer en todo momento?

Para obtener las respuestas, anunció que daría una gran recompensa a aquel que pueda ayudarlo. Nadie logró satisfacerlo. Entonces decidió visitar a un sabio ermitaño quien, en lugar de darle el pescado, le enseña a pescar (es decir: lo ayuda a comprender las contestaciones por sí mismo).

Lo interesante de la historia es su mensaje (el texto es una evidente parábola con su correspondiente enseñanza). Nos habla de la necesidad de vivir la vida con intensidad, saboreando cada momento. También se refiere a la importancia de quienes nos rodean y de los beneficios de ser generoso.


Sobre el final de su vida, Tolstoi comenzó a sufrir depresión, y buscaba desesperadamente un propósito. Quería entender el verdadero significado de su existencia. Durante su lucha espiritual se volcó al cristianismo, profesando el amor universal y la resistencia pasiva contra todo mal.

Las tres preguntas del cuento buscan brindar una enseñanza de tipo moral-filosófica. Se basó en varias leyendas religiones y tiene un estilo simple, expresivo. Busca interpretar la idea de la ética cristiana (“ama al prójimo”) y se expande también a algunos mandamientos del Budismo (simplificar la vida, renunciar a lo material, etc).



El relato es sencillo e impactante, especialmente considerando que fue publicado en 1885.

Pueden leerlo en varias páginas de la web (por ejemplo acá: http://www.cop.es/colegiados/M-13106/images/CuentoPreguntas.pdf)

Es cortito y sería una pena arruinarlo. Más bien, propongo que cada uno lo experimente a su manera, a su ritmo. Creo que es un texto que apunta a los más chicos pero que (si se lo permitimos) puede dar lugar a importantes descubrimientos también para los más grandes.

  ACÁ pueden leer el cuento: “Las tres preguntas”. O también verlo de forma online:


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jueves, 9 de febrero de 2017

Las nueve Musas griegas en la ficción


Según la mitología griega, hubo nueve musas que fueron hijas del promiscuo Zeus y Mnemósine. 

De acuerdo con el mito original, fueron concebidas en nueve noches consecutivas. Sin embargo, al principio eran tres y no nueve: Aedea (el canto y la voz), Meletea (la meditación) y Mnemea (la memoria). Representaban las precondiciones necesarias para el arte poético en la práctica del culto religioso. 

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Platón en el año 401 a.c. aproximadamente y, luego, los autores neoplatónicos, definieron adoptar a nueve Musas, que son las que hoy se consideran. Su labor era la inspiración divina, actuar de mediadoras entre el dios y el poeta (o cualquier creador intelectual).

Estas son las nueve Musas griegas:
Calíope: Musa de la elocuencia y de la poesía épica.
Clío: Musa de la historia.
Erato: Musa del arte lírico y el amor
Euterpe: Musa de la música.
Melpómene Musa de la tragedia.
Polimnia: Musa de la retórica.
Talía: Musa de la comedia.
Terpsícore: Musa de la danza.
Urania: Musa de la astronomía y de la astrología.

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En coherencia con su carácter inspirador, las nueve Musas han sido utilizadas en muchos y diferentes trabajos de ficción, así como en la cultura popular. Por ejemplo, existe un grupo de pop surcoreano –compuesto por todas chicas– que debutó en el 2010 bajo el nombre “Nueve Musas”.


Los fans de Les Luthiers (como yo) automáticamente recordarán la escena en la que Marcos Mundstock y Daniel Rabinovich debaten la forma correcta de pronunciar “Terpsícore”. Este es el segmento en cuestión:


 Por cierto, Les Luthiers estuvo en Bahía Blanca el año pasado y fue uno de los momentos más destacados del 2016. Cubrí la noche en este post.

Terpsícore también inspira a dos personajes de la serie de animé Cowboy Bebop: Valeria Terpsichore y su esposo Ural Terpsichore.

Por su parte, Calíope es un personaje de la aclamada novela gráfica Sandman, de Neil Gaiman, y la antagonista de un episodio de Supernatural (“Fan Fiction”).

Varias musas se mencionan (una buena cantidad de veces) en la saga de fantasía mitológica de Rick Riordan: Percy Jackson. Y muchos recordarán que cinco musas (concretamente: Calíope, Clío, Talía, Terpsícore y Melpómene) forman el coro griego que narra las aventuras de Hércules en la divertida película de Disney de 1997.


La máscara de la comedia teatral que representa a Talía puede verse en cada título introductorio de los cortos de Los Tres Chiflados desde 1945 hasta 1959.

Las menciones a las musas son tan numerosas que hay sitios web enteramente dedicados a registrarlas todas: cine, radio, televisión, literatura, etc. Homero las menciona en sus poesías, hay un dibujo de las nueve en un sarcófago del Museo del Louvre, un personaje de Batman: la Serie Animada y una obra de teatro musical (Xanadu) que brindan otras referencias.

Seguramente me olvidé bastantes, y quizás exista algún lector obsesivo que se anime a completar la nota. Si se “inspiran” (¿entienden? Porque hablamos de las musas, cuya función es inspirar a la gente... aaaaahhh, jajaja, yo recién lo entendí) pueden dejarse un comentario por acá.

O clickear en la publicidad que sale, eso siempre ayuda. ¡Hasta la semana que viene!

POSDATA LOCA: mi musa inspiradora (quien me lee y me sigue incansablemente) siempre fue y será Natalia, la persona con la que no me quedó otra elegí pasar el resto de mi vida. Recientemente (muy recientemente) me dio a mi primer hijo: Baby Benjamín. Así que si empiezo a postear con menos frecuencia (espero que no) ya saben a quién echarle la culpa. =)





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lunes, 6 de febrero de 2017

¿Existe el significado profundo de las cosas?


Tengo buenos recuerdos de mis profesoras de Literatura de la secundaria. Nos hicieron leer novelas jugadas además de las clásicas del currículo. Me acuerdo (y con gusto) de pasar tardes enteras analizando el simbolismo y el subtexto de La Mano Izquierda de la Oscuridad (Ursula Le Guin) o de La borra del café (Mario Benedetti).

En esos y en otros casos, existía siempre un entrecruzamiento entre lo que el autor quiso decir y lo que la profesora pensaba que el autor realmente quiso decir. 

Si, por ejemplo, el libro colocaba: “las cortinas eran azules”, la profe exponía algo del estilo: “Las cortinas representan la oceánica depresión y la falta de voluntad que el protagonista tiene para continuar su existencia. El azul es un tono triste e, incluso, en la traducción al inglés “blue” es también una forma de indicar tristeza, desasosiego, melancolía”.

A lo mejor, el autor simplemente quiso indicar que las cortinas eran azules. Y punto.

Este post viene a funcionar como la segunda parte de uno donde hablé sobre la muerte del autor según Roland Barthes. Es un concepto que insiste en afirmar que las teorías e interpretaciones de cualquier fan sobre una obra en particular son tan válidas como lo que el mismo autor inicialmente pensó de su propia obra al concebirla.

Pero si nuestras profesoras (y prácticamente toda la Internet) nos fuerzan a aceptar que todo personaje, toda escena y toda acción tienen un significado profundo, al experimentar una obra de ficción nos queda el miedo de pensar que, quizás, toda historia contiene otra historia secreta, oculta, que se cuenta a través del subtexto.

¿Y es siempre así? ¿Existe un significado profundo, en todas las cosas? Por ejemplo:
"Las aventuras del Coyote y el Correcaminos pueden verse como una representación del hombre (el Coyote) continuamente persiguiendo lo divino (el Correcaminos), aunque nunca llega a atraparlo."


En Death Note, el detective “L” se muestra como una especie de salvador, de Jesús (especialmente en la escena en la que le lava los pies a Light, su Judas… aunque hay muchas más).

Siguiendo con el animé, Neon Genesis Evangelion es la historia de unos bichos extraterrestres (“Ángeles”) atacando a los humanos y creando explosiones con forma de cruz. Se habla de los Manuscritos del Mar Muerto y las alusiones a todo tipo de religiones (no sólo a la católica) están a flor de piel. (Ya hablé un poquito sobre Evangelion en esta nota).

¿Qué quiso decir el creador de Evangelion (Hideaki Anno) con su historia? Quién sabe, probablemente nada. Pero él no es el único fascinado con colocar alusiones y referencias al cristianismo en la ficción. El paralelismo entre Superman y Jesús es algo que se explotó muchísimo en prácticamente todas sus versiones de cine. En Man of Steel hasta Clark Kent revela tener 33 años.

Los relatos de superhéroes pueden todos investigarse desde muchos aspectos, buscando siempre cuestiones profundas que se relacionan íntimamente con lo humano. Por ejemplo, a alguien se le ocurrió la idea de que los Cuatro Fantásticos representan a los cuatro elementos de la naturaleza (la Mujer Invisible es el aire, la Antorcha Humana es fuego, Mr. Fantástico es agua y La Cosa es la tierra). A Stan Lee esta interpretación le pareció una genialidad, a tal punto que no la descartó.

Pasemos al cine y la televisión. Películas como El resplandor (de Stanley Kubrick) son tan abiertas a interpretaciones que hasta salieron textos y documentales analizando las teorías más locas que presenta la historia (acá hablé de uno de ellos, Room 237).

Hay alegorías religiosas, o podría ser que se hable de la Guerra Fría, del Holocausto o del genocidio de los nativos americanos. El resplandor perfectamente funciona también como una metáfora sobre la crisis de la masculinidad, el estado moderno de América, el racismo, la predilección del hombre por la violencia o la dominación del sexismo en los grandes negocios.

Pulp Fiction es otra hermosa película con varios puntos argumentales libres a interpretaciones. Desde el misterioso maletín resplandeciente de Marcellus Wallace hasta la posibilidad de un universo compartido de Tarantino, pasando por la teoría de que toda la historia es una alegoría del mito arturiano u otras ideas místicas que escuché a lo largo del tiempo.


Lost, por su parte, hizo del simbolismo y la búsqueda de significados profundos un culto, aunque los fans lo llevaron todo demasiado lejos.

Ni hablar de historias tan emblemáticas como Alicia en el País de la Maravillas o El Mago de Oz. Esta última sirve perfectamente como una metáfora sobre la Búsqueda de la Iluminación. 

Una heroína quiere llegar a casa (regresar a su inocente pasado). Sus compañeros buscan valores fundamentales: Sabiduría, Amor, Poder. El maestro (Oz) termina siendo un fraude, y la moral de la historia es: siempre tuviste todo adentro tuyo para cumplir tus deseos.


► Creer que existe un significado profundo en todo genera un estado de constante paranoia: se hace imposible ver algo sin sospechar que hay, por detrás, algún tipo de alegoría lavándote el cerebro. ¿Esa escena en la que el protagonista está comiendo cereales por la mañana.. es una mera transición hacia el conflicto argumental o una bendición de mana enviado por un misericordioso Dios? No hay forma de saberlo.

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