martes, 21 de noviembre de 2017

Una explicación sobre el final de “El graduado”

La obra maestra de Mike Nichols, El Graduado (1967), es una de la más icónicas de la historia del cine, con prácticamente cada escena imitada y parodiada por actores, directores y escritores por más de 50 años. Durante mucho tiempo, los espectadores han quedado sin habla debido al confuso desenlace. Hoy quiero dar mi granito de arena respecto al final.


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ACLARACIÓN: como se deduce del título, este post tiene grandes spoilers sobre el argumento de la película (si bien es uno de los más conocidos del cine). #SpoilerAlert.

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La trama en pocas palabras

El Graduado salió en el año 1967 y fue adaptada de un libro del mismo nombre escrito por Charles Webb. La película sigue la vida de un joven Ben Braddock (Dustin Hoffman). Él acaba de terminar la universidad y no sabe qué hacer de su vida. Desilusionado, perdido y apático, comienza un affaire con la Sra. Robinson, una mujer mayor (Anne Bancroft una de las primeras MILFs de Hollywood) y amiga de la familia.

Braddock luego se enamora de la hija de la Sra. Robinson, Elaine (una deslumbrante Katharine Ross). Cuando las familias quedan despedazadas por el descubrimiento, Braddock se cuela en la boda de Elaine y ambos terminan subiéndose al primer colectivo que ven. Al compás de The Sound of Silence (de Simon and Garfunkel), los protagonistas se quedan contemplando la incertidumbre de su futuro.

Esta es la escena final de la película:


Una explicación sobre el final de El Graduado

El final no sólo es sobresaliente, sino además uno de los más aclamados de la historia del séptimo arte. Conecta todo aquello de lo que habla la cinta: la rebelión, el impulso, la confusión de llegar a la adultez. Es genial cómo la adrenalina juvenil de los protagonistas arriba del colectivo va progresivamente desvaneciéndose.

Quienes crean que se trata de un final “feliz”, están completamente equivocados.

Es uno de los más trágicos que haya visto en mi vida. ¿Qué va a pasar ahora? ¿Tomaron la decisión correcta? ¿Podrán ser felices? Los protagonistas se plantean esos mismos interrogantes al mismo tiempo que nosotros como espectadores. De repente tienen miedos, inseguridades. Ya no sonríen, se miran serios, considerando por primera vez la gravedad de lo que acaban de hacer.

En esencia (y perdonen mi vocabulario) están cagados hasta las patas.


Por otro lado, creo que el final va mucho más allá del casamiento y la situación de los dos. La película entera puede interpretarse como una analogía de los años ´60. La generación joven comenzaba a revelarse contra la generación más vieja, aparecen los hippies con su particular estilo de vida, el surrealismo es una de las corrientes más populares, los Beatles hacen historia. En París (1968) estuvo la rebelión juvenil mundial, que deja una marca en la cultura, y algo similar sucede en México. Aparecen la búsqueda de la libertad y la necesidad de la individualidad.

Todo ese tumulto rebelde queda personificado en Ben Braddock, quien busca algo diferente en su vida (aunque no sepa bien qué). Está cansado de la visión materialista de sus padres, de “lo plástico” de la sociedad, del estilo hipócrita que vive a su alrededor. Quiere ir en contra de todo eso, pero verdaderamente no sabe cuál es su objetivo, hacia dónde quiere ir.

Siempre me gustó pensar que el protagonista representa a toda una generación de jóvenes absolutamente desorientados. Y el final no hace más que fortalecer esa idea. Es un desenlace tan ambiguo como agridulce, dejando al espectador que decida si Ben y Elaine van a vivir juntos por siempre o si están destinados a cometer los mismos errores que sus padres.


El Graduado en la cultura popular

En El GraduadoMike Nichols y el guionista Buck Henry se atrevieron a hacer lo que no muchos por esa época. Nos muestran un pedacito de lo que sucedería en la vida real luego de un argumento como el que vimos en la película. La historia bien podría haber terminado con ellos dos riendo y escapando felices de la boda.


Más allá del glamour, más allá del final perfecto de libro, ellos son una pareja de desconocidos, sentados en un autobús que va hacia ningún lado, sin ningún tipo de proyecto a futuro. Por eso esta escena final dejó un impacto tan inmenso en la crítica del momento. Y también, gracias a él, la película se convirtió en una de las más parodiadas de la cultura popular.

Para cerrar la nota, los dejo con dos de las más memorables referencias:

Lauren Graham en Seinfeld:


La mamá de Stifler, en American Pie:


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viernes, 17 de noviembre de 2017

Filosofía a la mano (III) – Kant: en busca de una ley universal


Tercera parte de esta sección del blog donde intento, humildemente, desenredar las principales ideas de los más grandes pensadores filosóficos (o, por lo menos, de los que más me atraparon). En ocasiones pasadas hablé de Nietzsche (El filósofo del martillo) y de Sartre (La condena de ser libre).

Hoy le toca el turno al alemán Immanuel Kant, un filósofo fascinante que tuvo todo una escuela de pensamiento. Sin embargo, acá me voy a centrar únicamente en sus teorías relacionadas con la ética, quizás su postura más conocida.



El planteo general de Kant se engloba dentro de las éticas del deber. Hay principios o normas universales que deben respetarse. Hablamos de una ética de principios.

En contraposición a lo que planteaban muchas teorías consecuencialistas (la idea de la felicidad como fin último, o de “el fin justifica los medios”, por mencionar algunas), el alemán planteó que no se puede justificar ni fundamentar la corrección moral de una acción en sus buenas consecuencias o en la búsqueda personal de la felicidad.

Para explicarse, desarrolló la popular teoría que fue el resultado del racionalismo ilustrado. Su premisa es que la única cosa buena en sí misma es la “buena voluntad”. Por ese motivo, una acción solamante puede ser considerada como “buena” si su máxima —el principio subyacente— obedece a la ley moral.

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El Imperativo Categórico: la ley moral de Kant

Dicha ley moral es el Imperativo Categórico, término que Immanuel Kant empleó por primera vez en su texto Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785), el primero de sus trabajos en relación a la filosofía de la ética.

El concepto busca funcionar como una suerte de mandamiento autosuficiente y autónomo (independiente de toda ideología y religión). Sería capaz de regir el comportamiento humano en todas sus manifestaciones.


El delicado balance de la ética...


En el libro mencionado, el autor va formulando una idea del imperativo categórico en diversas formas. Dice, por ejemplo:
«Obra como si la máxima de tu acción pudiera convertirse, por tu voluntad, en una ley universal de la naturaleza

Y más adelante:
«Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio

O una más poética que me encanta, también del mismo libro:
«Obra como si por medio de tus máximas fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de los fines

Crítica de la razón práctica

Unos años más tarde, en Crítica de la razón práctica (1788), condensó éstas en la Ley Moral más conocida: 

«Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad siempre pueda valer como ley universal

Lo que, en pocas palabras y de modo práctico, significa es que debemos actuar del modo que queremos ser tratados por el otro, y no comportarnos del modo en que no queremos que se comporten con nosotros.

Entonces, para Kant el hombre debe actuar por deber, y tal deber es un imperativo. ¿Qué significa esto exactamente? Por definición un imperativo es algo que no tiene condiciones, es absoluto. No lo impone la sociedad, una autoridad externa o un Dios; tampoco nuestras propias creencias. 

Nos lo imponemos nosotros porque somos seres racionales.

Dicho de otro modo: ¿por qué no se debe, por ejemplo, mentir? Porque si todo el mundo mintiera, es decir, si el acto de mentir fuera una ley universal del hombre, entonces no podríamos funcionar como sociedad, no podríamos crear contratos sociales, tener amistades o ganar confianza con alguien. 

¿Qué clase de ser racional querría eso para una sociedad?

La voz de la razón, dice Kant, se nos impone como un deber porque somos seres racionales imperfectos, dotados de inclinaciones y deseos que nos impulsan lejos de la razón, y más cerca de la emoción, de lo salvaje. Si en cambio fuésemos seres racionales perfectos (dotados únicamente de razón) entonces la voz de la razón no sería un deber, llegaría natural y espontáneamente.

La letra chica de la Regla de Oro

Lo curioso es que esta idea de tratar al prójimo como queremos que nos traten a nosotros (o cualquier variación del concepto) no era nueva en lo más mínimo. Kant lo único que hizo fue darle un contexto racional y científico, estableciendo bases más sólidas que “porque lo dijo Dios”.

Esta regla de oro parece ser incluso más antigua que el lenguaje escrito. La mayoría de las religiones y filósofos utilizaron alguna de las tantas versiones diferentes entre sus códigos morales. Lo cierto es que este principio moral es el más común para basar la idea de la ética, pero tiene sus problemas técnicos.

Por ejemplo, técnicamente esta formulación no tiene en cuenta las diferencias en gustos y preferencias. Quizás uno podría (mal)interpretar de la ética kantiana que hay que tratar a todos de acuerdo con las preferencias propias porque así es como nos gustaría que nos traten.

Ejemplos tontos: “amo las películas de zombies así que impongo que todos vean siempre películas de zombies”, o bien, “me gusta el sadomasoquismo así que nalgueo a todos en la oficina cuando entro por la mañana”.

Primer gran error de interpretación: lo que queremos es tratar a los demás respetando sus diferencias y preferencias, lo que implicaría que los otros puedan respetar las nuestras.

Vamos con otra cuestión técnica de la regla de oro de Kant: no tiene en cuenta el contexto. Así, un criminal siempre puede argumentar que él no quiere ser condenado por sus actos, del mismo modo que el juez tampoco quiere ser condenado. Otra falla en el razonamiento porque los contextos son bien distintos (el juez no cometió el crimen).

Entre otros tecnicismos que se derivan de la ética kantiana tenemos el hecho de que uno puede tratar a los otros como quiera siempre que no los reconozca como “otros”. Hay psicópatas que creen que los demás no son reales, y cuando matan no van en contra de la ética kantiana porque ellos no lo ven así. Es cierto que la Ley Moral, de por sí, estipula que el otro existe por naturaleza, pero también existen filósofos que pusieron en duda la posibilidad de que todo lo que no somos nosotros realmente exista (solipsismo).

Criterios para una norma universal

Volvamos a Kant y su imperativo de la razón. El filósofo dice: "Actúa solo según una máxima (norma o regla) tal que puedas al mismo tiempo querer que se convierta en ley universal". Actuar correctamente nos obliga a tratar a las personas –incluso a uno mismo– no como medios, no como “utilidades”, sino como fines en sí mismos.

Más allá de las cuestiones técnicas que puedan salir de malinterpretar o, incluso, sobreanalizar su postulado, él propone dos criterios para comprobar la universalidad de una norma.


 ¿Cómo no confiar en esta carita angelical?

El primero es el criterio de autocontradicción.
Hay reglas que son imposible de pensar como leyes universales porque si todo el mundo las cumpliera entrarían en conflicto. Pensemos en en esta idea: está bien hacer promesas falsas. Luego las promesas falsas se vuelven universales, absolutas. En un mundo donde todas las promesas realizadas son falsas, es imposible hacer promesas falsas (porque al saber que era falsa todos sabrían que no era una promesa).

El segundo es el criterio de la inaceptabilidad.
Existen reglas que, si todo el mundo las cumpliera, resultarían inaceptables para los seres racionales. “No hay que ayudar a nadie si no hay beneficio útil”. Es racional pensar que todos necesitamos ayuda alguna vez, pero bajo esa premisa nadie querría ayudar a otra persona.

Los enemigos de Kant

La crítica principal a estas normas morales es, justamente, que no admiten excepciones. Han de cumplirse en toda circunstancia, sean cuales sean las consecuencias: nada cambia si, en un caso determinado, tendría mejores consecuencias, por ejemplo, no decir la verdad.

Supongamos este caso: alguien ha jurado matar a tu hermano, quien se esconde en tu casa. El asesino se acerca a tu puerta y te pregunta si él está adentro. Según Kant, lo correcto es decir la verdad, porque si todo el mundo mintiera, vivir en sociedad no sería posible. Ahora: ¿es lo correcto mandar a tu hermano a una muerte segura?

Podemos pensar un poco más allá. ¿Cambia el ejemplo si en lugar de un hermano fuera un primo lejano, un padre, un desconocido o el mismo Hitler? ¿Cambia en algo si el asesino tiene motivos válidos para buscar el crimen? Acá es donde comienzan a aparecer los grises en la ética kantiana: no podemos considerar una única regla de oro como la manera absoluta de justificar nuestro accionar. 

El contexto, las circunstancias, las consecuencias, las motivaciones, los involucrados… todo suma a la hora de decidir nuestro comportamiento.


En segundo lugar, otro problema es el siguiente. Si las acciones correctas dependen de normas morales, ¿entonces no son obligatorias? ¿Qué ser racional se rige realmente por una moral forzada, impuesta? ¿Por qué no incluir diferentes grados de moralidad, como el hecho de que una mentira parece tener mayor valor moral si es por una buena y desinteresada causa que si es por una inclinación egoísta?

Los muchos críticos de Kant le han objetado este carácter absolutista de su teoría. Debido a que no atiende a las circunstancias particulares de cada caso, nunca tiene en cuenta las consecuencias de las acciones. Recuperando el ejemplo anterior: el deber obliga a no mentir, ¿pero no es de una inmoralidad gravísima decir la verdad sobre una familia judía escondida de una patrulla nazi?

Palabras finales

Immanuel Kant es considerado el último gran pensador de la modernidad y el primero de la Filosofía Contemporánea. Es contemporáneo no porque vive con nosotros (ciertamente ya debe estar bastante descompuesto desde 1804) pero porque sus ideales pueden ser pensados e interpelados todavía en nuestros días.

Obviamente su obra se extiende a temas mucho más amplios que la ética, que consolidó principalmente en Crítica de la razón práctica. Comprometido con el empirismo y el racionalismo, sus estudios buscaron reinterpretar la metafísica (es decir, la estructura y naturaleza misma de la realidad), la estética y la teleología, la doctrina filosófica de las causas finales.

Si bien disfrutaba del mundo, Kant pasó casi todos sus 80 años encerrado en su oficina, escribiendo, meditando, reflexionando. Fue un verdadero erudito que se limitaba lo estrictamente necesario al mundo banal. 

Cabe pensar si es posible tener una Ley Moral Universal para vivir de alguien con estas características.

Lo cierto es que la ética kantiana, aunque incompleta, fue revolucionaria y sigue siendo influyente en el día de hoy. 

En el campo de la ética medicinal, se sigue discutiendo si el aborto debería ser defendido de acuerdo a la Ley de Kant. ¿Deben ser tratados como fines en sí mismos los humanos que no son racionales debido a la edad (como los bebes y fetos) o a discapacidad mental, equivalentes a un adulto racional como la madre que busca el aborto? Y desde el otro lado del ring, ¿no debería una mujer ser tratada como una persona autónoma con dignidad y control sobre su propia cuerpo?[1]

Como toda buena teoría filosófica, no es concluyente en sí misma sino que funciona para seguir interrogándonos, para disparar preguntas en lugar de brindar respuestas concretas.

La ética de Kant continúa siendo el intento más influyente y paradigmático por afirmar principios morales universales sin referencia a las preferencias, contexto, o a un marco religioso. Las concepciones de justicia y de derechos humanos siguen con la esperanza de poder identificar ciertos principios universales, pero éstos se ven constantemente en conflicto con la realidad práctica. 

La vida no es blanco o negro; tiene grises, con toques de amarillo y manchitas de color naranja.

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martes, 14 de noviembre de 2017

Hotel Paradise: los cuentos de Marcelo Kisilevski


Conocí a Marcelo Kisilevski a través de la comunidad de Literautas.com, un sitio que ya mencioné alguna vez en el blog. Literautas tiene un taller de escritura (Móntame una Escena) en el que cada mes se da una consigna y quien quiere puede sumarse. Luego es posible intercambiar comentarios y correcciones sobre cada texto.

El taller me sirve para impulsarme a mí mismo a escribir mes a mes, aunque sea algo chiquito, y la verdad es que me ha inspirado a sacar algunos de mis cuentos favoritos. 

También es un círculo social de escritores como uno donde es posible seguir aprendiendo y conocer nuevos textos.

La cuestión es que Marcelo es una de las tantas personas que lee mis escritos, y yo los suyos, y más de una vez habíamos intercambiado comentarios en el sitio. 

Hace unas semanas me obsequió una copia digital de su libro Hotel Paradise – Cuentos para leer sin red, publicado en Chile por Editorial Furtiva y también disponible en Amazon.

Un hecho muy curioso, que resultó de investigar a Marcelo en Internet para poder descubrir al autor, es que la fase que yo conozco de él es justamente la menos conocida popularmente.

«Mi faceta como escritor de ficción es menos conocida. Después de todo, se trata de mi primera antología de relatos. Pero quiero que la gente también conozca lo que hago cuando todos se van a dormir en casa, se apaga la tele, y puedo disfrutar, lejos de los problemas del mundo, de mi 'patio de recreo', es decir la creación literaria.» (fuente)

Marcelo es argentino, pero vive en Israel desde 1992. Se considera un “comunicador artesanal” si bien su título es de Licenciado en Ciencias de la Comunicación. Se ha dedicado profesionalmente como periodista, productor de videos, conferenciante, educador y traductor. Y ahora escritor.

Yo tengo la horrible costumbre de no leer nunca las noticias y manterme siempre tan al margen de la actualidad social, económica y política como puedo. Vivo, si se quiere, en una suerte de burbuja donde sólo me preocupan mi familia, amigos y vicios personales. El mundo de afuera puede quedarse allá, afuera.

Por eso no tenía idea de que Marcelo es muy conocido en Argentina por su rol de periodista y analista de actualidad de Israel y el Medio Oriente. Como dije, lo conozco exclusivamente a través de sus escritos y es de lo único que puedo hablar.

Sin embargo –y a pesar de vivir a miles y miles kilómetros de Argentina– su primera antología Hotel Paradise la sentí mucho más argentina y cercana que muchísimos otros textos que leo de escritores argentinos. Eso, para mí, fue un gran plus.



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Los cuentos de Marcelo Kisilevski

Voy directo al grano: la antología que conforma Hotel Paradise es fascinante. Me encontré cautivado por casi todos los cuentos que presenta el autor. Se denota un trabajo muy pulido, muy a consciencia en la selección de cuentos.

El libro se desarma en tres grandes apartados en función de su extensión: medium, large y small.

Los mejores para mí se encuentran en la sección “medium”, donde muchos se destacan por su gran originalidad y sus temáticas atrapantes.

Por ejemplo tenemos “Martina Inmortal”, uno de los pocos en los que Marcelo incursiona en la ciencia ficción Se trata de un texto muy “a lo Black Mirror”.

En un futuro donde morir es una elección propia (literalmente) la protagonista, con más de 200 años, decide que es tiempo de dejarse ir.

Lo verdaderamente interesante es todo el contexto alrededor de un argumento más bien simple, la descripción de las consecuencias económicas y sociales que ocurrieron en un futuro donde la muerte se erradicó por completo. Dan ganas de quedarse un poquito más dando vueltas por ese universo.

Otro cuento muy Black Mirror es el que le da nombre a la antología. “Hotel Paradise” es un escalofriante relato con unos efectivos toques de humor. Un turista en un hotel cinco estrellas progresivamente se convierte en un huésped eterno. Quizás inspirado en Hotel California, el tema de The Eagles, aunque con unos toques de ingenio astutos.

Cuentos como “Qué bonita mañana de camping”, “El carterista de agendas” y “Tengo un sobrino que es igualito a Luis Miguel” son relatos esencialmente humorísticos (muy logrados también) pero con un pie bien anclado en la tierra y con finales agridulces que van a sorprender a más de uno. Los encontré todos súper creativos.

El primero de los tres mencionados es una historia con un aire cortaziano en la que un florista se va de vacaciones a un camping porque le fue mal en el año.

Hablando mal y pronto, te cagás de risa con la descripción de vacacionar en campings (particularmente si lo viviste). Toda la acción ocurre en un baño, donde suceden cosas inesperadas. Muy paródico y cómico, hasta que te toma desprevenido con el desenlace dramático.

Esta es una virtud de la antología: no se asienta en ningún género particular. Así, es posible encontrar una historia para cada gusto.

En ese sentido, “3 segundos” es un fascinante relato pseudo-policial donde un hombre se despierta en una bañera con el cuello roto y una bala en el estómago. Sabe que va a morir en unos minutos y no puede ni moverse. Tiene que recordar quién es para entender qué le paso, algo paradójico porque recordar su vida será como morir dos veces. Es magistral.

Todos son cuentos muy íntimos, de historias chiquitas pero fuertes. Algunos hasta se dan el lujo de contener cierto comentario social más o menos sútil que permite una lectura múltiple desde varios lugares.

Entre ellos destaco especialmente “Demasiado metidos”, que me pareció una pequeña obra maestra.

Dos pibes jóvenes a fines de los ochenta están vacacionando en el Sur. Conocen a Gisella, de 26 años, y a su novio Mariano, quienes dirigen el hostel en el que duermen. Una noche de borrachera, Mariano les confiesa que torturó a personas durante la dictadura. ¿Qué haría cada uno de nosotros si, mochileando por la vida, nos encontráramos demasiado metidos? 

Tremendo relato, muy visceral.

En intercambios por e-mail, Marcelo me comentó que nunca nadie le había señalado ese relato como especialmente bueno, pero que él le tiene un especial afecto porque es el único que tiene varios episodios autobiográficos mezclados. De verdad viajó en ascensor con Ernesto Sábato en el San Martín/CONADEP, fue mochilero en el sur de Argentina y conoció (aunque en otro lado) a un ex torturador.


Si tengo que ser honesto, la sección “small” de la antología es mucho más intrascendente, sus cuentos caen más en la categoría de lo conocido. Si bien los disfruté, ninguno me quedó en el recuerdo ni me pareció tan memorable. A lo mejor es porque tienen un tono mucho más serio que los anteriores y un elemento social/político bastante más marcado, que no es lo que más busco en la literatura.

Afortunadamente, entre las secciones “médium” y “small” tenemos el plato fuerte del libro:  “La doble vida de Ramiro”, que funciona como una especie de novela corta y no tiene nada que envidiarle a las grandes historias de estafadores del cine de Hollywood.

Tiene un momento grandioso en el que aparece una intertextualidad casual con otro cuento anterior que me hizo estallar de risa. Es una historia pícara donde reí durante todo su desarrollo, y está muy bien llevada. Prefiero no dar demasiados detalles para no arruinar la historia.

Palabras finales

Hotel Paradise se disfruta porque el autor trabaja temas atemporales con mucha soltura. Prácticamente todos los finales de sus relatos son sorprendentes y abren nuevas posibilidades de exploración.

Como toda buena antología, puede abrirse en cualquier tiempo y lugar para disfrutar de una buena historia durante algunos minutos. Me llevo muchos argumentos cautivantes de un libro que, considero yo, no tiene desperdicio. Cada lector encontrará un relato de su mayor agrado.

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Si les interesa leer la obra de Marcelo Kisilevski, pueden contactarlo a través de su blog literario: www.contarelcuento.wordpress.com.


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viernes, 10 de noviembre de 2017

Reseña: “Batman: The War of Jokes and Riddles” (DC Rebirth)


Hace unas semana finalizó uno de los arcos argumentales más interesantes de Batman: Rebirth, el relanzamiento de los comics del Caballero Oscuro luego de The New 52 que venimos teniendo desde el 2016.

The War of Jokes and Riddles –escrito por Tom King, dibujado por Mikel Janin y Clay Mann– no es perfecto pero sí inmensamente disfrutable, con momentos muy épicos, atractivas vueltas de tuerca y una gran revelación en el desenlace que expande la mitología de Batman hacia lugares inexplorados.

El tiempo dirá si se termina convirtiendo en un gran clásico, entrando en el ranking de las mejores historias del superhéroe alguna vez contadas.

La trama se extiende a lo largo de ocho tomos, desde Batman #25 hasta Batman #32.

Batman le hizo a Gatúbela la gran pregunta: ¿se casaría con él? Pero antes de que su chica le responda, quiere confesarle su secreto más oscuro. Entonces comienza a relatarle sobre una guerra masiva entre el Riddler (el Acertijo) y el Joker que surgió durante el segundo año de él en Gotham.

Un aspecto llamativo de todo esto es que no hay prácticamente ningún tipo de continuidad necesaria para comprender el argumento en su totalidad. Así, podría decirse que se lee como una novela gráfica independiente y contenida, que es precisamente la idea que tenía Tom King en mente cuando concibió el proyecto.

Pero antes de comenzar a reseñar este arco, quiero hacer un repaso por lo que viene siendo Batman: Rebirth en los últimos meses, que es el único comic de DC que vengo siguiendo en estos días.

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Los arcos argumentales de Batman: Rebirth

Resumí un poco cómo es el tema de los relanzamientos de los cómics de DC en esta nota.


En relación a Batman, cuando se inició el New 52, el equipo creativo estuvo integrado por Scott Snyder y Greg Capullo, quienes hicieron buenas historias a lo largo de los cinco años que duró su corrida.

Con DC: Rebirth, Snyder le pasó la antorcha a Tom King, quien se encargaría de llevar adelante la serie con un equipo de artistas en rotación y entregas cada quince días. En general la serie viene recibiendo críticas positivas, y yo vengo disfrutando bastante de sus comics.

King mantiene el tono oscuro y detectivesco de Snyder mientras que está volviendo a traer al primer plano a los villanos más tontos y olvidados de las viejas épocas de Batman (Kite Man, Calendar Man, Hugo Strange, etc).

Sin contar Batman Rebirth #1 (el one-shot special que funciona de disparador), los arcos argumentales que se fueron conformando hasta ahora son:

1.- I Am Gotham (Batman #1-6). Dos nuevos superhéroes aparecen en Gotham intentando emular las acciones de Batman pero desconociendo que hay peligros ocultos. Aparecen el Psycho Pirate, Hugo Strange (uno de los primeros villanos de Batman) y se nombran a los enigmáticos "Monster Men”.
1bis.- Night of the Monster Men (Batman #7-8, Nightwing #5-6, Detective Comics #941-942). Un crossover con la Batifamilia donde se siguen mostrando a los Monster Men y su ataque a la ciudad.

2.- I Am Suicide (Batman #9-13). Batman forma su propio “Suicide Squad” para invadir Santa Prisca y robarle algo importante a Bane.
2bis.- Rooftops (Batman #14-15). Un mini arco sobre la relación romántica de Batman con Gatúbela.

3.- I am Bane (Batman #16-20). En el tercer arco argumental, Bane llega a Gotham y Batman intenta detenerlo.
Crossover especial => Batman & Flash: The Button (Batman #21-22, The Flash #21-22).
Hice una reseña completa de este especial que continúa el argumento marcado por DC Universe: Rebirth #1 (pueden leer la nota acá). Batman descubre el pin del Comediante de Watchmen en su baticueva y comienza a investigar el misterio junto a Flash. Me pareció excelente.

3bis.- Antes del cuarto arco argumental hubo dos episodios de relleno.
The Brave and the Mold (Batman #23) junta al Caballero Oscuro con Swamp Thing.
Every Epilogue Is a Prelude (Batman #24) es un épilogo de la saga “I Am” (los tres primeros grandes arcos argumentales) y en el final Batman le pide matrimonio a Selina Kyle.

4.- The War of Jokes and Riddles (Batman #25-32). El cuarto arco argumental que nos retorna a los primeros años de Batman: la guerra entre el Joker y el Riddler. En el medio aparece un villano que podría ser la clave para todo: Kite Man. Hay dos episodios que cuentan un nuevo origen para Kite Man: Batman#27 y Batman #30.


The War of Jokes And Riddles (Batman Rebirth)

Reseña: “Batman: The War of Jokes and Riddles”

The War of Jokes and Riddles es el arco narrativo más largo de Batman: Rebirth hasta la fecha. 

El enganche hasta el final era descubrir qué fue aquello tan terrible y oscuro que le sucedió a Batman durante la guerra. La pregunta que nos hacíamos los lectores era si aquel suceso podría justificar un desarrollo tan largo.

Y yo creo que, en una buena medida, sí, la historia cumple y el final es muy satisfactorio.

Al principio de la guerra, un gran pool de villanos son llevados (forzados) hacia un lado u otro de la pelea. En este sentido, es similar a la novela gráfica The Long Halloween (que reseñé acá), donde también aparecen muchísimos enemigos de Batman juntos, desde los más oscuros y extraños hasta los más tontos y vergonzosos.

Acá Kite Man, el tipo ridículo que pelea con un gran barrilete atado en su espalda, tiene un rol fundamental y es uno de los grandes aciertos de la historia. Su origen es emotivo, su conexión con los tres personajes principales es muy interesante y, al final del día, se convierte en el personaje más importante del arco.

El villano históricamente fue un chiste igual que el Rey Condimento, pero acá se le dio un foco muy íntimo donde se logró reinventar al personaje del mismo modo que se hizo con Mr. Freeze en la serie animada de Batman. 

Hubo un trabajo brillante para elevar al personaje desde un malo tonto a un villano complejo y trágico. Incluso se juega mucho (y de forma metatextual) con la idea del villano como un mal chiste.

Otro aspecto atractivo de la historia es que el drama entre el Joker y el Riddler no tiene que ver con cuestiones como el dinero o el poder, sino en relación a quien tiene más derecho de matar a Batman.

Quizás este concepto no es especialmente novedoso, pero sí lo son las motivaciones de los villanos. Estos son un Joker y un Riddler como nunca antes vimos. El Joker ya no puede reír porque Batman siempre le arruina sus planes, mientras que el Riddler –quien siempre me pareció un villano de segunda mano– acá toma las riendas y se siente fresco. 

Su motivación psicótica se relaciona con entender qué (no quién) es Batman realmente.

Los ochos tomos están llenos de momentos que brillan gracias a los talentos del dibujante Janin y las ingeniosas ideas de Tom King.



Por ejemplo: la extravangete cena en la casa de Bruce Wayne (donde él intenta detener la guerra a partir del diálogo, el dinero y las influencias) o la tensa pelea de francotiradores entre Deadshot y Deathstroke van a quedar en los registros de los mejores momentos de Batman.

Es una historia que tiene elementos muy ridículos (incluso al nivel del Batman de Adam West) que en papel no habrían funcionado nunca en los comics, pero Tom King se las ingeniea para usarlos a favor de la narrativa, elevando la historia a niveles especiales de drama.

Que Bruce Wayne invite al Joker y al Riddler a cenar es absolutamente extraño y hasta estúpido. Que Alfred sirva una cena de 9 platos también. Es una situación bizarra que le quitaría seriedad a cualquier trama que se considere respetable. Y, sin embargo, la cena es muy tensa y King aprovecha la oportundiad para arrojar una fascinante discusión sobre la filosofía encubierta de cada psicópata.

Pero más allá de las grandes dosis de acción y el final sorprendente, la magia de la historia proviene desde su impronta emocional.

War of Jokes and Riddles nos muestra a Batman en su punto más vulnerable, mentalmente desnudo (y literalmente también, mientras le cuenta la historia a Selina). También vemos al Joker y al Riddler en sus versiones más humanas, y es posible simpatizar con sus visiones del mundo.

Sobre el final queda claro por qué Batman necesitaba contarle esta historia a Gatúbela antes de poder saber si ella quiere casarse con él. El Riddler lo empujó hasta el límite, llevándolo a tener que tomar decisiones trágicas que no tienen vuelta atrás.


Pero para ello, tengo que hablar sobre el final. Así que #SpoilerAlert.

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La regla de oro de Batman

Sin abundar en demasiados detalles, son dos las grandes revelaciones de la historia:
(1) La guerra (y todo lo que sucede en la historia) fue un plan fabricado por el Riddler, quien buscaba resolver el mayor acertijo de todos: ¿cómo hacer volver a reír al Joker?
(2) Como resultado de esta confesión, Batman pierde totalmente los estribos. Al fin y al cabo, la guerra se llevó miles de víctimas inocentes en Gotham, entre ellos al hijo de Kite Man, a quien el Riddler asesinó. Por este motivo, un Batman lleno de ira toma un cuchillo y se lo dirige directamente al pecho del Riddler, sólo para ser detenido por el Joker, quien le dice: “Ahora.. esto SÍ es divertido”, y comienza a reír frenéticamente.

Batman estuvo a punto de romper su regla de no matar, y fue detenido (salvado) por su archienemigo. En algún punto, si Batman creó al Joker, el Joker también creó a Batman… o por lo menos a la versión del Caballero Oscuro que él quiere ser. Su relación es más simbiótica de lo que creen.

Terminé de leer The War of Jokes and Riddles con la impresión de que el secreto oscuro de Batman no es tan tremendo. La misma Gatúbela luego le dice que “sí” a casarse con él, como diciendo: “¿Eso era todo? ¿Para esto me tuviste ocho tomos sin dormir?

Quizás la construcción de este secreto podría haber tenido un ritmo diferente. Sin embargo, creo que están bien logradas las cinscunstancias para llevar a un hombre hasta su punto de quiebre. Esta sorpresa es intrigante y prometedora, especialmente si termina teniendo consecuencias reales para la serie en el futuro.

Hay quienes creen que ya existen demasiadas historias sobre la relación entre Batman y el Joker, y esto es un poco cierto. Pero cada tanto llega un arco argumental tan sólido y divertido como éste que restablece, reinterpreta y reinventa su dinámica, recordándonos por qué el payaso psicópata es uno de los más grandes villanos de la historia de los comics.


Por su parte, el arco argumenal no sólo logró tener un lazo emocional con un villano berreta como es Kite Man, sino que además hizo un buen trabajo con Edward Nygma, quien se mostró como un ser muy racional y capaz de perpetrar crímenes tan sádicos como rebuscados. Ya era hora.

Palabras finales

Me encantó este arco de ocho tomos de Batman: Rebirth. Ojalá que Tom King y su grupo de artistas siguen manteniendo un nivel alto con sus historias. Ni hablar de que le tengo mucha fe a Doomsday Clock, que arranca dentro de unos días en noviembre.

The War of Jokes and Riddles tiene un diseño artístico hermoso, la historia es muy entretenida (si bien no le escapa a las típicas cosas locas de una historieta) y el impacto emocional que genera es tan consistente como grato. Nada mal para una mera “historia de flashback”.

¡Altamente recomendable!



–Hell, yeah!

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