martes, 26 de agosto de 2014

El dilema del erizo en "Evangelion"


Finalmente puedo decir que terminé de escribir una segunda novela. “Terminar de escribir” implica que también la revisé 80.000 veces para pulirla, corregirle errores tipográficos y pasar todo un día para cambiar una coma que después se la volví a poner.

Está exactamente como la quiero y la estoy presentando a un par de concursos para ver qué pasa.

También la leyeron algunas cuantas personas de distintos ámbitos y con opiniones muy variadas. No puedo revelar el nombre (porque está concursando) pero sí contar que es una obra dramática y de misterio con toques de policial negro. Explora algunos temas filosóficos y existenciales como la identidad, la dualidad inherente en todos nosotros, el abuso dentro del entorno familiar y las conexiones del hombre con la música y con el silencio, entre otras cosas.

Más allá de un tono muy coloquial, desenfadado, muy “arltiano” si se quiere, pienso que tiene algunas cuestiones interesantes para el lector más despierto: intertextualidad, algo de metaficción

Personalmente disfruté mucho escribiéndola porque creo que cuenta con las dos caras de la moneda. Es liviana, fácil de leer, amena y contemporánea (si uno se conforma con eso) pero compleja cuando uno la comienza a analizar a fondo.


Una de las temáticas que quise explorar con la novela es también el tema de este post: “El dilema del erizo”. Se trata de una parábola creada por el filósofo alemán Arthur Schopenhauer en 1851.

La historia se introdujo luego al dominio de la psicología cuando la tomó Freud para una de sus teorías. Nos habla de un grupo de erizos en un día helado. Para satisfacer su necesidad de calor deben aproximarse uno a otro, pero cuanto más lo hacen, más dolor se causa entre ellos por las púas del otro.

Por supuesto, la historia pone en evidencia los desafíos humanos de la intimidad. Cuanto más cercana sea la relación entre dos seres, plantea Schopenhauer,  la posibilidad de hacerse daño mutuamente es progresivamente mayor; mientras que cuanto más distante existen menos posibilidades de que esto suceda, aunque eso acabe por “matarnos del frío”. Digamos que la resolución del dilema podría dividir, de forma extrema, a aquellos que son capaces de morir de amor, por exceso de cercanía, o bajo las crudezas sociales en soledad. 

Me gusta pensar que el protagonista de mi segunda novela batalla constantemente con esta idea a lo largo de la trama. Le han sucedido algunas cosas en su pasado que pusieron en tela de juicio la forma en la que se relacionaba con su mundo exterior: con sus amigos, con su música, con las mujeres, con su familia y con su “yo” interior. 

También creo se asemeja a muchos seres de la vida real, cuya implacable búsqueda de un equilibrio los lleva por caminos de pesadas pendientes y tranquilas llanuras y, en el serpenteo entre unos y otros, se dividen sus almas.

La película “Closer” trabaja este tema de forma bastante evidente, aunque deja la opción al espectador para que elija cuál es la mejor resolución. Matt Damon también se enfrenta a este dilema, de alguna forma, en su célebre película Good Will Hunting.

Sin embargo, el mejor lugar donde vi la temática del “dilema del erizo” explayada fue en el animé Neon Genesis Evangelion (uno de mis favoritos). 

Esencialmente, este dilema resume la trama de la serie en su totalidad. Es interesante este animé por la cantidad de temas filosóficos que desprende, y hay muchísimos ensayos que analizan Evangelion desde un enfoque académico. El autor de este blog, por ejemplo, lo analiza como una narrativa existencialista. 

Les comparto su impecable presentación.

“El dilema del erizo: el valor de (no) estar solo”


El autor acertadamente entiende a este dilema como una paradoja de la socialización. Para él, en Evangelion el dilema del erizo recorre toda la serie y las relaciones de los personajes, e ilustra el conflicto que significa acercarnos a los demás y exponernos a que nos hagan daño, o preservar nuestro propio espacio personal pero quedarnos solos. Si pueden, vean el video porque está buenísimo.


Me parece un tema fascinante para investigar y aplicar al arte en sus diferentes formas. Los vínculos humanos, sugiere Schopenhauer, se tejen con una fibra mucho menos ilustre de lo que creemos. El hombre siempre tiende a alguna forma de estabilidad. Aquellos erizos no buscan realmente ni el frío ni el calor, tampoco la proximidad letal o la distancia irreversible, ni la salvación o el abandono: buscan la situación más soportable, la mejor armonía posible.


Creo que, al igual que los erizos, todos podemos (e incluso debemos) elegir: nos arriesgamos a una relación profunda, más íntima, en la que podamos sentirnos verdaderamente importantes para el otro o nos mantenemos a una distancia más o menos prudencial, con relaciones superficiales que no terminen de comprometernos.

Afortunadamente, estamos destinados a ser libres (como dice mi adorado Sartre) y tenemos la capacidad de seleccionar  una relación cercana donde crezcamos como personas, donde podamos permitirnos ser amados, abrazar, decir la verdad, ser auténticos, contar con el otro… superando pequeñas heridas que, a la larga, nos van a hacer más fuertes.

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=>> Otras notas temas de psicología en el BLOG: “El secreto y la filosofía new-age”, “Agatha Christie y el efecto placebo”, “Un planeta llamado Traición” (una novela de Orson Scott Card) y “El Guardián entre el Centeno”.

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2 comentarios:

  1. Excelente Lu ! Saludos...

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  2. Muy buena la forma en que fuiste contando el dilema en cada una de las disciplinas artísticas que aparece.

    Así que se viene una segunda novela, habrá que prestarle atención.
    ¡Muchos éxitos con la publicación y siga por ese camino!

    Abrazo!

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