miércoles, 30 de diciembre de 2015

LISTA TOP-10: Libros favoritos leídos en el 2015


¡Último post del año!

Entre novelas, antologías, relatos, guiones teatrales y cómics (principalmente de Batman) debo haber leído más de 40 textos este año. 

Algunos tuvieron sus reseñas en el blog, otros están pendientes.

En esta nota voy a hacer un recorrido por los 10 que encontré más destacados este año 2015

La elección es complicadísima ya que todos los que componen la lista son muy recomendables. La idea es que sirvan también como un guía de recomendaciones para aquellos que puedan sentirse interesados.

Tranquilos, todo va sin spoilers.

MENCIONES DE HONOR:

No entraron en el top. 

Quizás porque tienen algo interesante pero igualmente me aburrieron, o quizás porque las encontré menos trascendentales. A lo mejor tendría que haber hecho un TOP-15.


Menciones de honor van para “Bestiario” (Julio Cortázar), “El color que cayó del cielo” (de H.P. Lovecraft) y “El mundo de afuera”, novela de Jorge Franco que ganó el Premio Planeta hace poco. Una trepidante novela de fantasía y secuestro en Colombia.

Por último, aunque no me terminaron de “divertir”, no puedo dejar de nombrar dos textos literarios importantes: “Un médico rural”, antología surrealista de Franz Kafka, y el interminable magnum opus de Fyodor Dostoevsky: “Los hermanos Karamazov”.

LISTA TOP 10: LIBROS FAVORITOS DEL 2015

Actualmente estoy leyendo (finalmente) “Rayuela”, de Cortázar (mi esposa me lo regaló para Navidad, y era un postergado desde hace años), una impecable antología de relatos policiales y “The Big Sleep” (de Raymond Chandler) en formato ebook. Así que el año que viene seguiré publicando muchas más notas literarias y reviews.

Ahora sí, van mis 10 preferidos leídos a lo largo del año 2015:

PUESTO #10. “Conversation with a mechanical horse” (Floris Kleijne)

No podía dejar de recomendar este cuento largo del holandés Floris Kleijne


Lo leí publicado en la revista Axxón y me fascinó (acá lo pueden leer online y en español). Creo que es una historia de fantasía épica y ciencia ficción que funcionaría a la perfección para una película. El argumento está lleno de aventuras, peleas con espadas, traiciones y grandes sorpresas. Me encantó y se puede leer en un ratito.

PUESTO #9. “El amante japonés” (Isabel Allende) (acá mi reseña)

Allende te envuelve completamente con esta historia que trasciende fronteras espaciales y temporales. Me encantó la investigación que metió esta mujer. Por ejemplo, nunca había leído una historia que tratara la temática de los campos de concentración estadounidenses para los japoneses.

¿La novela es un placer culposo? Sí, definitivamente. ¿Se trata de una historia romántica? Totalmente, aunque nunca llega a ser melosa. Es buena.

PUESTO #8. “Al sur de la frontera, al oeste del Sol” (Haruki Murakami)

Debo el post sobre esta novela. 

Tiene elementos muy similares a Tokio Blues (que ya reseñé en el blog), pero se disfruta muchísimo. Es una obra sobre el descontento y la constante búsqueda de equilibrio. Explora facetas del hombre muy complejas. 

No me explayo demasiado para hacerlo cuando se venga la nota.

PUESTO #7.The Dark Knight Returns” (Frank Miller) (acá mi reseña)

Batman no podía no decir presente en este top. 

Este año leí el cómic de Frank Miller, el primer cómic de Batman, y “A Serious House on a Serious Earth”, de Grant Morrison

El año anterior había arrancado mi locura por los cómics de Batman con The Killing Joke, del insuperable Alan Moore.

La verdad es que los tres que leí este año son excelentes, pero sin duda The Dark Knight Returns es una obra maestra que expande la historia del Caballero de la Noche, nos presenta la mejor pelea del universo (Batman vs. Superman) y otros elementos interesantísimos (todo lo relacionado con el Joker, por ejemplo).

Este es un cómic fundamental de Batman, cuatro volúmenes impecables y una historia que pronto veremos en formato live-action, libremente adaptada, en la nueva película de Zack Snyder

Y también está la adaptación cinematográfica que es igual de buena.

PUESTO #6.Dormir al Sol” (Adolfo Bioy Casares) (acá mi reseña)

Leer a Bioy Casares es siempre una experiencia reveladora. Llevo 3 novelas de él (y varios cuentos), y siempre me sorprende de formas diferentes. Esta novela es increíblemente creativa, escrita con genialidad y muy contemporánea también. Junto a “La invención de Morel”, es de lo que más me ha gustado de este autor.

Y el final... ¡ese final!

PUESTO #5. Joyland” (Stephen King) (acá mi reseña)

Stephen King tiene, básicamente, dos tipos de literaturas: el horror y las novelas coming-of-age. A veces reúne ambos géneros y es cuando mejor escribe. Lo hizo, por ejemplo, con “Cazador de sueños”, una de sus novelas que más me gusta.

Joyland” está muy bien. Presenta la típica historia de un adolescente atravesando la dura etapa de crecer. La condimenta con un misterio que involucra fantasmas del pasado, asesinos y muchas sorpresas. Se lee con mucha fluidez, y aunque no es especialmente memorable, la encontré muy disfrutable.

PUESTO #4.Ready Player One” (Ernest Cline) (acá mi reseña)

En el 2017 todo el mundo va a hablar de esta novela. Steven Spielberg es el encargado de adaptar una historia atrapante sobre realidades virtuales, una millonaria búsqueda de tesoro, acertijos y mucha nostalgia hacia los ochenta.

Esta novela es ridículamente divertida. 

Hay que apagar el cerebro y dejarse llevar por la historia, que por momentos está un poco tirada de los pelos, y también peca de tener demasiadas casualidades. Pero me encantó y me la devoré. Gran historia, especialmente para amantes de los videojuegos como yo.

PUESTO #3. “Los Ferrodontes y otros cuentos” (Mariano Pereyra) (acá mi reseña)

El post que hice para esta antología de cuentos de Mariano Pereyra fue una de los más personales e importantes que hice. 

Este tipo es un escritor de puta madre, y sus cuentos son todos magistrales, absolutamente creativos, muy surreales y magníficos. Tuve la oportunidad de charlar con él y entrevistarlo. El resultado fue un intercambio literario de lo más sugestivo.

PUESTO #2.La ruta a Trascendencia” (Alejandro Alonso) (acá mi reseña)

TREMENDA novela de ciencia ficción. 

La ruta a Trascendencia” tiene uno de los conceptos más originales que alguna vez vi. Es relativamente corta y se lee rápido. También, para variar, la encontré online en Axxón. Alejandro Alonso es un  autor para seguir y no dejar ir. En esta historia nos presenta una Argentina futurista que te deja sin aliento, y una historia sin precedentes. Está gratis y online. No dejen de leerlo.

PUESTO #1. “La insoportable levedad del ser” (Milan Kundera) (acá mi reseña)

Cuando leés esta novela, tu vida te cambia. Te cambia un poquito, tampoco la locura. Pero te cambia. Es una novela tan filosófica, tan real. En cuestiones filosóficas sobre el amor, el sexo, la infidelidad y las relaciones de pareja, pocas veces me encontré con algo tan honesto como lo que escribe el checo Milan Kundera. Tuvo un plus que leyera esta novela mientras me encontraba recorriendo las callecitas de Praga.


Es una obra para leer y releer, para pensar y repensar. Las vidas de Tomás, Teresa, Franz y Sabina (por lejos, mi personaje favorito) se entremezclan de formas maravillosas, y la trama nos lleva por caminos insospechados. Incluso si no te gusta leer, es imposible no sentirse atraído por los delirios filosóficos y existenciales que presenta esta historia imperdible.

Cuando recuerdo las cosas que leí a lo largo del año 2015, “La insoportable levedad del ser” se convierte en mi lectura más recordable. Y eso no es poco.

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martes, 22 de diciembre de 2015

“Zarabanda nupcial”, un relato de Stephen King

No recuerdo bien dónde leí “Zarabanda nupcial”, uno de mis cuentos preferidos de Stephen King. 

A lo mejor fue en una de las revistas Ellery Queen´s Mystery Magazine que había tiradas en casa (su publicación original fue justamente en esa revista, en diciembre de 1980). Lo cierto es que me parece uno de los mejores de este autor, y también uno de los que más escapa a su literatura tradicional.

Zarabanda Nupcial (título original: The Wedding Gig) es una historia de gángsters contada por un músico de jazz que pertenece a una orquesta contratada para actuar en la boda de la hermana gorda de un capo mafioso.

Aunque recomiendo leerlo en su idioma original (inglés), les comparto un link en español:


Luego de su aparición en la EQMM, formó parte de su segunda antología de cuentos: Skeleton Crew (1985), traducida en latinoamérica como “Historias fantásticas”. Muchas de las historias que contiene no son de terror, sino más bien “extravagantes”.

La recopilación de relatos cortos también incluyó una novela corta, quizás el texto más conocido: “La niebla”, historia que tuvo una muy buena adaptación al cine en el 2007 (dirigida por el genial Frank Darabont). En “La niebla”, un grupo de personas quedan atrapadas cuando una tormenta provoca la liberación de un grupo de experimentos militares en un pequeño poblado de Maine.


No sé por qué me encantó siempre “Zarabanda nupcial”. 

La historia es más bien intrascendente, y sin embargo te deja pensando. Quizás sea porque funciona como una tragedia griega enmascarada y tiene muchos elementos de aquellas clásicas historias.

Está centrada en un chantajista de poca monta, Mike Scollay, quien contrata a la banda de jazz del narrador para tocar en la boda de su hermana Maureen, una gorda de 140 kg. Durante la fiesta, uno de los enemigos de Scollay, el Griego, extorsiona a un hombre para que insulte a Maureen frente a todos los invitados. Poco tiempo despues, Mike es acribillado a tiros por los hombres del Griego.

A partir de aquel fatídico evento, Maureen toma control del negocio, convirtiéndolo en un gran imperio criminal, y busca venganza contra los asesinos de su hermano.

Se habrá notado que hay algo de “El Padrino” en esta historia. Desconozco si King quiso hacer un homenaje, una parodia (porque hay muchos elementos satiríticos y humorísticos en el texto) o si simplemente tuvo ganas de relatar una historia de gángsters. “El Padrino” está tan inmerso en la cultura popular que es difícil que alguna historia del estilo no tenga una vibra similar.

Algo loco de “Zarabanda nupcial” es que al inicio da la impresión de que los miembros de la banda de jazz van a ser los protagonistas de la historia. En realidad, aunque el narrador forma parte de la banda, el grupo actúa más bien como el coro griego de las obras de teatro de aquella época. Simplemente observan los hechos desde afuera y los narran como fueron sucediendo.

El final te toma desprevenido, la prosa está muy bien armada (como nos tiene acostumbrados el autor) y los personajes son interesantes. Me pareció un concepto original esto de tener a una mujer obesa como jefa de un grupo mafioso, y se ejecuta a la perfección. Si tienen oportunidad, péguenle una leída a esta historia poco convencional del maestro. ¡Hasta la próxima!

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jueves, 17 de diciembre de 2015

“Los delicados riesgos de oprimir un botón sin leer las instrucciones” (microrrelato)


Fue un muy buen año a nivel de escritura para mí; el mejor, de hecho. 

Este 2015 no sólo escribi más que nunca (casi obsesivamente), sino que además fui reconocido con varios premios en el ámbito nacional e internacional. De uno de ellos, quizás el más importante de mi carrera hasta ahora, hablaré más adelante.

Entre otras noticias, publiqué un cuento en Axxon y hace poquito la editorial argentina Pelos de Punta me invitó a participar de su próxima antología de terror. Además me llevé un segundo premio por un relato, mi segunda novela quedó finalista en un concurso internacional (no ganó, lamentablemente) y obtuve dos primeros premios.

Uno de ellos es el primer lugar en el “II Concurso Literario Internacional Abriendo Puertas 2015”, procedente de Cuba. El microrrelato ganador –seleccionado entre 171 textos de todo el mundo– es éste, y aprovecho a compartirlo. 

Espero que les guste. Personalmente es uno de mis favoritos. Pronto va a ser publicado y difundido en algunas revistas especializadas.

Se publicó en la Revista Digital Epicentro Nro. 1 de agosto 2016 (Cuba):


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“Los delicados riesgos de oprimir un botón sin leer las instrucciones”

—Excelente, Sr. Stein. ¿Funcionará?
— No lo sé—. Click.
Click.
—Sé lo no.
—¿Funcionará? Stein. Sr, excelente.
—Reversará se tiempo el, botón este presione cuando. ¡Tiempo del máquina una! Juguete preciado más mi finalizado he ayer, finalmente. Igor, gracias no.
—¿Café desea Sr.?
— ¡Viniste que bueno qué, Igor!

La Historia se desvanece. La ciencia se marchita. Las murallas se derrumban. Civilizaciones desaparecen. Primitivas herramientas se desmontan. Babean autótrofos seres. La expansión se contrae.
Caliente y denso estado en Universo.
Bang Big.

PRINCIPIO

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=>> Otros cuentos PREMIADOS de mi autoría: “Implacablemente suyo”; “Castillos en el aire”; “El hombre del 4-D”; “A veces vuelven”.

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lunes, 14 de diciembre de 2015

La suspensión de la incredulidad en la narrativa


En 1817 Samuel Taylor Coleridge,  un poeta inglés, acuñó a la frase “suspensión de la incredulidad” (en inglés:  willing suspension of disbelief) para referirse a la voluntad de una persona (un lector o un espectador) para dejar de lado (“suspender”) el sentido agudo y crítico, ignorando incoherencias de la obra en la que se encuentra inmerso, para poder disfrutar plenamente del universo de ficción que creó el autor.

Si no tuviéramos la voluntad de dejar “pasar ciertas cosas”, sería imposible para nosotros disfrutar del cine, la literatura, la televisión o los videojuegos. Si no nos dejáramos convencer, aunque sea mientras leemos, de que la magia de Hogwarts es posible, nunca podríamos entretenernos verdaderamente con la obra de J.K. Rowling, por ejemplo. 

El escritor tiene que esforzarse por hacer realista lo irreal, lo imposible. Así lo hizo Miguel de Cervantes, quien narró una obra realista que parodia a las clásicas historias de caballeros, dragones y damiselas en peligro.

La suspensión de la incredulidad también es un componente esencial del teatro. Al leer una historia de William Shakespeare debemos aceptar las limitaciones en la historia, sacrificando realismo y, en ocasiones, credibilidad  y lógica, en pos de la diversión.


En la vida real, esto es elemental para poder disfrutar el show de un mago. Por supuesto que sabemos que el tipo no está cortando a la mujer en dos, pero elegimos sorprendernos, elegimos creerlo por un momento. Nos dejamos seducir por la remota posibilidad de que sea cierto.

Aristóteles planteó este concepto de verosimilitud (junto a muchos otros sobre la literatura) en su fascinante Poética, aunque no le dio un nombre preciso. Ahí postula que para convencer a alguien (a lectores y espectadores, por ejemplo) es preferible una mentira creíble que una verdad increíble.

Ciertamente, se trata de un ingrediente esencial en cualquier tipo de narrativa. En el cine, los espectadores tienen que ignorar la realidad de que están viendo una pantalla de dos dimensiones. Aceptan, temporalmente, que los Avengers están deteniendo a una invasión extraterrestre para poder disfrutar la historia. Algo similar sucede con las películas de acción, donde los héroes le pegan a todo mientras corren y nunca se quedan sin municiones, y con todos los efectos especiales y piruetas.

Personalmente, muchas veces mido una película -especialmente aquellas que buscan el escapismo- en “cuánto me permitió abstraerme del mundo real”. Generalmente, este indicador es directamente proporcional con la medida en la que disfruto el cine. 

Me pasó este año con Mad Max: Fury Road, un delirio absoluto que, aunque imposible, te hace perderte completamente en la historia.

Un ejemplo contemporáneo sobre la suspensión de la incredulidad es la aceptación masiva que tiene el hecho de que Superman pueda ocultar su identidad simplemente con un par de anteojos. Por supuesto que es ridículo. 


En algunas adaptaciones –por ejemplo, en la película de 1978– se jugó con el hecho de que Clark Kent actúa lo suficientemente diferente a Superman (en formas de hablar, de mirar, de dirigirse, de caminar, de vestirse) para que la semejanza “no se note”.

Podemos aceptar que una esponja viva en el fondo del mar, hable inglés, use ropa y vaya a trabajar, pero no que Dr. Hank Pym (en la película Ant-Man) pueda tener un tanque miniatura en su bolsillo. Si la partícula Pym que inventó lo que hace es reducir la distancia entre átomos para encoger un objeto, manteniendo la misma masa, ¡el mini-tanque debería pesar 60 tn!

Mentime que me gusta. Se le puede pedir a la audiencia que crea lo imposible, pero no lo improbable. Demasiadas coincidencias perjudican. Podemos aceptar que un Gran Mago puede teletransportarse alrededor del mundo, pero no que el Hacker descubrió la clave en el primer intento.

El nivel de “suspensión de incredulidad” que tenemos es un indicador de cuánto podemos disfrutar una obra creada para el entretenimiento. Si somos cerrados, críticos e hilamos demasiado fino, seguramente nos vamos a perder de recrearnos con historias fascinantes (aunque, a lo mejor, agarradas de los pelos).

Un niño tiene este nivel en su punto máximo. Cree todo lo que digan, cree todo lo que ve. Para él no existe el sarcasmo, no lo llega a percibir. A medida que crecemos, la vida nos va golpeando con batacazos de realidad, nos ahoga con razonamientos, críticas, ciencia y lógica. Y debido a ello, dejamos de creer en la magia. 

Comenzamos a ver los cables que levantan la máquina, la postproducción que tuvo la película, los agujeros de guión que presenta la historia. Una lástima.

La cuestión es que un buen autor sabe que no es necesario ser realista al escribir: sólo creíble e internamente consistente (eso es clave). Un empresario de la creatividad debe lograr que su audiencia suspenda voluntariamente la incredulidad a medida que leen, escuchan o miran. El escritor provee una buena historia y, como recompensa, recibe la aceptación de la realidad como él la presenta.

Cuando el autor empuja a la audiencia más allá de lo que está dispuesta a aceptar (léase: la serie Lost o el final de How I Met Your Mother como ejemplos personales) el producto falla como obra de ficción.

Pero usualmente el realismo puro genera historias soporíferas, imposibles y aburridas. Está bien tomarse unos recreos de la realidad y crear historias que sean internamente consistentes pero que tengan sus  licencias artísticas, coloquen algunas coincidencias sorprendentes, rompan la cuarta pared o incorporen elementos ajenos a nuestra propia realidad.

Siempre, por supuesto, con mesura.

«If you're looking at the wires you're ignoring the story.
If you go to a puppet show you can see the wires.
But it's about the puppets, it's not about the string

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jueves, 10 de diciembre de 2015

“Ready Player One”: nostalgia y videojuegos


Bienvenidos a OASIS, un videojuego paradisíaco, hiperrealista y en 3D. Estamos un par de años en el futuro, año 2045, y prácticamente todo el mundo se conecta a OASIS diariamente para escapar, por algunas horas, de sus terribles vidas. El mundo está superpoblado, hay desempleo y la energía comienza a escasear.

Wade Watts es un adolescente de 18 años que pasa todo el tiempo posible inmerso en este gigante RPG (más técnicamente, un MMORPG: Massive Multiplayer Online Role Playing Game). Su objetivo en la vida es uno solo: encontrar el Easter Egg escondido dentro de OASIS por su excéntrico creador, James Halliday.

Para conseguir este “huevo de pascua”, un jugador debe encontrar tres llaves que desbloquean tres puertas. Wade –jugando como su avatar, Parzival– comienza una carrera contra el tiempo para resolver los acertijos y desenredar el misterio a medida que se hace de nuevos amigos y peligrosos enemigos,

Esta es la premisa de “Ready Player One”, la novela del 2011 de Ernest Cline que se hizo mundialmente famosa y ya tiene programada una adaptación cinematográfica. La obra, plagada de referencias y trivias geeks que apuntan, por sobre todo, a la cultura pop de 1980 (videojuegos, música, tv, comics, cine, animé, etc) es ridículamente divertida y fue lo último que leí en formato ebook.

En este post vamos a desentramarla un poquito.

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#SpoilerAlert: es posible que escriba sobre partes relevantes de la trama. Si no querés arruinarte la vida, no sigas. O sí, qué se yo. Tampoco es para tanto, es sólo una novelita más. Así que… see, hacé lo que quieras. Pero yo avisé.

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Un carta de amor hacia la cultura de los 80.

Gran parte de la trama hace foco en datos triviales y locos sobre la cultura de los 80´s. En algunos casos me pareció que el autor exagera en este aspecto y que muchas trivias son demasiado forzadas, pero la mayoría tiene una relación directa con la trama.


La aventura de “Ready Player One” es, en esencia, una gran carta de amor hacia los años ochenta y el fanatismo de Ernest Cline por esa época particular está a flor de piel: la banda Rush, Monthy Python, Blade Runner, WarGames, juegos de video como el Pac-Man, Zork, Black Tiger, Tempest y Space Invaders, entre otros.

La gran batalla final, por ejemplo, incluye una amplia variedad de robots clásicos del animé: Mechagodzilla, Evangelions, Voltron, Gundams, etc.

Son tantas las referencias a la cultura popular en la novela que existen páginas enteras que se ocuparon de recopilarlas. ¡Hablamos, fácil, de más de 350!

Aunque cuesta un poco engancharse con la historia (los primeros capítulos son un poco lentos en cuanto a acción, porque nos presentan minuciosamente al universo de OASIS), una vez que el protagonista llega a la primera llave y dispara la locura por el juego de James Halliday, el ritmo de la novela se vuelve imparable. La devoré como pocas.

La estructura de “Ready Player One”.

Algo que disfruté mucho es el hecho de que el autor es habilidoso para utilizar la técnica conocida como “Plant and set off” (algo así como “plantar y detonar”). Una que J.K. Rowling manejaba con maestría en su saga de Harry Potter. Implica ir colocando pequeños detalles en la trama, insignificantes en apariencia, que tienen luego un rol fundamental en el desenlace. 

En este caso tenemos el item Catalizador y la moneda de 25 centavos que gana Wade en el juego perfecto del Pac-man, así como la figura fantasmal que Wade y sus amigos ven sobre mitad de la novela y que resulta ser el co-autor de OASIS, Ogden Morrow.

Quizás la premisa no sea enteramente original –el animé Sword Art Online tiene un concepto muy similar– pero Cline construye un mundo virtual fascinante, y hay una buena cantidad de elementos de ciencia ficción que ayudan a darse una idea de cómo funciona aquel universo. 

La forma en la que la novela se estructura (3 grandes partes llamadas “niveles”) se asemeja muchísimo a cualquier videojuego clásico.

En “Ready Player One”, 3 es el número mágico. Hay 3 grandes secciones (niveles) que estructuran la novela, 3 llaves y 3 puertas.  La organización que oficia de villana (la IOI) le ofrece a Wade 3 tratos (que él nunca acepta).

Otro gran acierto es que a pesar de que transcurre en un mundo virtual, el peligro es real. OASIS no es sólo un sitio de entrenimiento, sino que ahí la gente trabaja, estudia, tiene reuniones corporativas y hasta encuentros amorosos. Pero mientras tanto, en las afueras, la organización IOI está físicamente eliminando a todos los competidores del concurso: bombardean la casa donde vive Wade y arrojan por la ventana a uno de sus amigos.

Las medidas extremas de los malos tienen cierta lógica: el premio por encontrar el huevo de Halliday es el control total sobre OASIS y más dinero del que uno podría llegar a contar, suficiente para convertirse en la persona más adinerada de todo el mundo.

Ernest Cline también rompió la cuarta pared cuando reveló que el mismo libro contenía un concurso en sí. En efecto, entre las hojas estaba la primera clave para jugar y el gran premio era un DeLorean.

La futura adaptación al cine.

Incluso antes de su publicación, Warnes Bros ya había adquirido los derechos para la futura adaptación cine, algo prácticamente nunca antes visto en el mundo de la literatura. Steven Spielberg fue anunciado este año como el director, y se espera que la película salga en el 2017.

Ready Player One tiene una de las bases de fans más amplias de todas, pero la adaptación seguramente se va a encontrar con serios problemas. El primero es un tema de derechos de autor. La obra está sobresaturada de referencias a los 70´s y 80´s, y es posible que aparezcan problemas de copyright con muchas de ellas. Pac-Man, por ejemplo, tiene propiedad intelectual, igual que la películas WarGames y el juego de mesa Dungeons and Dragons. ¡Conseguir tantas licencias va a ser complicado y costoso!

Otro tema que veo es que hoy vende la nostalgia hacia la era ochentosa (pensemos en películas como Rock of Ages, Super 8 (de J.J. Abrams) o Ralph el demoledor). Pero en un par de años, quizás esta tendencia se haya revertido. No sabemos si el hype seguirá siendo el mismo.

Por último, es imposible olvidar que la novela, de casi 500 páginas, tiene una historia masivamente grande. Suceden demasiadas cosas y hay mucho para mostrar. En el mejor de los casos creo que puede adaptarse en dos películas, pero si se hace sólo una, muchas cosas importantes (e interesantes) van a quedar afuera (y eso siempre hace enojar a cualquier fan).

Como ya comenté antes, todo lo que sucede en la historia juega un papel en el final: personajes secundarios, side-quests que hace el protagonista (particularmente la que hace con Daito y Shoto para conseguir el item Infinity Sword +1 y su quest en el Pac-Man), una historia de amor, conflictos con el villano principal (Sorrento), etcétera.

Un comentario sobre el final.

Disfruté muchísimo de Ready Player One, pero creo que apunta a un público muy particular: adultos en sus 25-35 años que recuerdan con nostalgia su infancia en los 80 y son fanáticos de los videojuegos. Sabía que yo, por ejemplo, iba a ser el lector ideal. Pero dudo que muchos lectores casuales vayan a poder entretenerse tanto.

La obra habla de una persona que no supo conectarse con el mundo de afuera (James Halliday) y creó un videojuego inmenso que le permitió construirse su propia realidad. 

Lo que él quiso fue que todo el mundo compartiera sus propias obsesiones, y eso lo llevó a crear el concurso.

La novela es básicamente eso: que todos compartamos las obsesiones del autor Ernest Cline. En ese sentido, la historia se vuelve un poco metaficcional. Una de las cosas que le critico es justamente ésa: muchas referencias y trivias son arbitrarias, sin conexión real con la trama. Como una manera de decir: “Che, mirá lo que me acordé. ¿No era genial?”.

Por suerte, muchas de las referencias pop-culturales en esta novela sirven para demostrar que es posible utilizarlas correctamente para agregar capas de profundidad a una historia.

El final es esperable: el héroe gana, derrota a la maligna corporación, gana a la chica y aprende una lección. Y está bien que sea así: es como cualquier película de los años 80´s donde el geeky vence sobre probabilidades importantes y todo le termina saliendo bien.

Hay, sin embargo, un lado oscuro de este desenlace. 

Es probable que Nolan Sorrento, el villano de turno, no caiga sin dar una buena pelea. La chica del protagonista, Art3mis, bien podría no querer seguir con él luego de conocerlo fuera de la realidad virtual. Afortunadamente, la lección que aprende Wade Watts es universal y fundamental: “la realidad es el único lugar donde es posible encontrar la verdadera felicidad”.

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jueves, 3 de diciembre de 2015

Cortázar y el mito de Circe


En una de las escenas más emblemáticas de La Odisea (de Homero), el intrépido Odiseo y su tripulación se encuentra con la diosa y hechicera Circe, una bella y lujuriosa tentación. Ella los invita a comer un almuerzo convenientemente hechizado y que los convierte, literalmente, en sucios cerdos. Odiseo es el único con la astucia suficiente para no caer en la trampa y rescatar a los suyos.

Ciertamente, los hombres nos convertirmos en cerdos al sucumbir ante los deseos más pecaminosos, y el mito de Circe es la analogía perfecta para ello.

En el relato homónimo de Julio Cortázar, Circe es Delia Mañara. La narración metafórica nos habla del amor y de las relaciones. Delia transforma a todos sus novios (a lo mejor, sin ser del todo consciente) en víctimas de una seducción tóxica que termina por matarlos. Cortázar, por su lado, convierte al amor en un juego de idealización, tortura y repulsión.

Luego del fallecimiento de un par de parejitas, ante Delia se le presenta Mario, a quien ella le repugna y simultánemente le atrae. Delia Mañara es también “araña” y es “maraña” (juego de palabras astuto de Cortázar para indicar a aquella víctima enredada). 

Delia teje trampas y estropea el deseo de Mario, quién se encuentra absolutamente sometido (en una amalgama de cariño y dominación).

Me gusta de este relato cómo el acercamiento con los animales también relaciona a la protagonista con la Circe de la mitología griega. Como la ocasión en la que ella llama a un perro y este viene manso, tal vez contento, hasta sus dedos.


“Circe” es uno de los ocho relatos que componen la primera antología de Julio Cortázar, “Bestiario” (1951). Encontré una segunda edición del libro, amarillenta, gastada por el roce de los dedos, entre las estanterías de la vieja casa de una tía-abuela –que sufre hoy un principio de Alzheimer, una lástima–. A pesar de que ya había leído varios de los relatos incluidos, me lo llevé.

Bestiario es la primera obra con la que Cortázar dijo sentirse seguro de lo que quería decir. 

Los cuentos tienen todos las características fundamentales que hacen a la narrativa cortaziana: el absurdo ante lo cotidiano, lo fantástico, la vida de barrio, los microacontencimientos. El autor comenta que “Circe” lo escribió en un momento en el que estaba excedido por los estudios que hacía para recibirse de traductor público en seis meses, cuando todo el mundo se recibe en tres años.

Es súper interesante lo que dice sobre el génesis del cuento. En palabras suyas:

«Yo vivía con mi madre en esa época. Mi madre cocinaba, siempre me encantó la cocina de mi madre, que merecía toda mi confianza. Y de golpe, empecé a notar que al comer, antes de llevarme un bocado a la boca, lo miraba cuidadosamente porque temía que se hubiera caído una mosca. Eso me molestaba profundamente porque se repetía de manera malsana. Pero ¿cómo salir de eso? Claro, cada vez que iba a comer a un restaurante era peor. Y de golpe, un día, me acuerdo muy bien, era de noche, había vuelto del trabajo, me cayó encima la noción de una cosa que sucedía en Buenos Aires, en el barrio de Medrano: una mujer muy linda, muy joven, pero de la que todo el mundo desconfiaba porque la creían una especie de bruja porque dos de sus novios se habían suicidado. Entonces empecé a escribir un cuento sin saber el final, como de costumbre. 

Avancé en el cuento y lo terminé. Lo terminé y pasaron cuatro o cinco días y de pronto me descubro a mí mismo comiéndome un puchero en mi casa y cortando una tortilla y comiendo todo como siempre, sin la menor desconfianza. Creo que es uno de los cuentos más horribles que he escrito. Pero ese cuento fue un exorcismo que me curó de encontrar una cucaracha en mi comida

Por su parte, Mario en el cuento bien podría ser el héroe griego Odiseo, seducido por Circe y sus manjares. Claro: en el texto los manjares son bombones rellenos de cucarachas. El temor que siente Odiseo durante ese episodio se expone también en el relato de Cortázar: Mario le teme al pasado desconocido de Delia.


Curiosamente, los padres de Delia (quienes la odian) no prueban sus licores, revisan que sus bombones no contengan insectos y no le advierten a Mario de la situación. Tampoco hacen algo cuando, sobre el final, el protagonista la ahorca a ella sin piedad. Uno de los finales más estremecedores de la bibliografía cortaziana.

Circe manifiesta la seducción como forma de poder y crueldad. También Delia, quien obedece al paradigma de la mujer artera, oscura, cuya perversión se ayuda por una aparente desesperación (recordar la apatía de Delia y su llanto en el desenlace). “Circe” es, sin duda, uno de los cuentos más sombríos de Cortázar, pero no por eso uno menos disfrutable que sus textos más burlones.

Pueden leer “Circe” y otros cuentos de Cortázar libremente en Internet, por ejemplo en este link: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/cortazar/circe.htm

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lunes, 30 de noviembre de 2015

“El lápiz mágico” (cuento)


Hace bastante que no abandonaba tanto mi querido blog.

Estaba vez pasó casi un mes desde mi última publicación. Tengo mis excusas, aunque nadie me las exija. Me casé, en un fin de semana de casamiento al mejor estilo How I Met Your Mother, me fui de Luna de Miel al caribe y recién ahora retomo la insípida rutina de la que somos tristemente esclavos.

Vuelvo a la carga con un nuevo cuento de mi autoría, en un año muy lindo en cuanto a la escritura. Mi segunda novela salió tercera en un premio internacional español (ya ampliaré detalles) y un relato propio se hizo con un segundo premio en un certamen nacional; otro gran orgullo.

En esta oportunidad les comparto un panegírico delirante (y con referencias cinéfilas para el lector más atento) que espero disfruten leyendo tanto como yo disfruté redactándolo. 

El lápiz mágico”, ahí va:


***

“El lápiz mágico”

Amigos, compañeros, gente de los medios… estamos aquí reunidos ante una circunstancia lúgubre que hoy nos amarga todo sabor. Lápiz fue algo inconmensurable, tan colmado de vida… el estandarte de la risa en cualquier reunión. Un alma noble que comenzó desde la nada, como parte de un gran bloque de cedro español.

Su ciudad natal, Ferrol, nunca lo conformó. Desde el instante en el que se dividieron las tablitas a las que se le hacen las hendiduras de las minas, Lápiz supo que estaba predestinado a algo grandioso. No más se le aplicó pegamento en los surcos y se le colocó la mina de grafito, resolvió dedicar su existencia al séptimo arte, a la gran pantalla. En el preciso minuto en el que Lápiz fue afilado y pasó el control de calidad, abandonó la fábrica para inscribirse en el Sindicato de Utilería.


El atrezzo en el cine nunca es un insípido ornamento. Ambienta toda escena y profundiza la producción audiovisual. La utilería deja de ser un objeto para convertirse en un símbolo transmisor de sentimientos que nos avienta pedazos de ficción en nuestros rostros. Lápiz comprendía esta realidad, y por eso consagró todos sus esfuerzos para ingresar en el ambiente.

Sus principios fueron modestos. Participó como útil escolar en algunas publicidades españolas y en películas clase “B”. Recuerdo haberle preguntado una vez. Me dijo: “La competencia era feroz. Hay mucha utilería talentosa y poco trabajo”.


Su vida dio un vuelco cuando el Director de Escenografía Charlie Brooke vio algo en él y lo sumó al elenco de “El lápiz del carpintero”, basada en la novela de Rivas, que finalmente se estrenó en el 2003.  A partir de ahí, cualquier aparición de Lápiz se transformó en un manantial de éxito.

Se mudó a Hollywood, la meca de la industria cinematográfica. Interpretó a la pluma que inspira a Jonnhy Depp en “La ventana secreta”, fue el lápiz embrujado de “Actividad Paranormal”, trabajó con Christopher Nolan en la aclamada “El Maquinista” (2004) y le llegó el premio de la Academia por “Mejor Utilería en Documental” por “Steal a Pencil for Me” (2007), donde se destacó como el accesorio más conmovedor y emotivo de la historia del cine.

Un punto clave en su carrera, que todos recordamos con cariño, le llegó en el 2008, nuevamente en compañía de Nolan. ¡Todos saben a qué me refiero! Los mafiosos están reunidos en una videoconferencia cuando el Guasón hace su aparición en escena. “¿Qué tal un truco de magia?”, dice y clava a nuestro homenajeado a la mesa con la punta hacia arriba, “voy a desaparecer este lápiz”. Y entonces sucede ese momento increíble: uno de los hombres se levanta y va hacia él; en un solo movimiento Heath Ledger (en ese rol enorme que lo inmortalizó) golpea la cabeza contra la mesa, haciendo desaparecer a Lápiz dentro del ojo. “¡Taa-raaa! ¡Ya no está!”, concluye. Y es así… es así. Tristemente, Lápiz –como en ese efecto visual impresionante que protagonizó– ya no está entre nosotros.

Su fin, la tragedia, vino de la mano de un director de cine negligente e irrespetuoso. El lugar: set donde se estaba filmando “Pinocchio”, la nueva y oscura película de Guillermo del Toro. El mexicano –notable por su contextura más bien robusta– hambriento, con una hamburguesa grasosa entre sus dedos, se sentó descuidadamente en el asiento en el cuál Lápiz reposaba.

Nadie pudo detenerlo: partió a Lápiz en dos.

Ante tal absurdo, todos nos mantuvimos firmes, estupefactos. En medio de un silencio infamante, Del Toro limpió la comisura de sus labios con una servilleta. Sólo se percató del lapicidio cuando su abogado llegó corriendo al set y lo instó a retirarse del lugar sin decir una palabra.

La familia de Lápiz no piensa levantar cargos contra el director. Un útil de escritura conoce los riesgos de alcanzar las máximas elevaciones de la fama hollywoodense, es consciente de las reglas del juego. El rodaje de la película, en la cual Lápiz habría tenido un rol protagónico, quedó suspendido hasta nuevo aviso.

Doy final a este panegírico dejando en el ataúd una resma de hojas blancas tamaño A4; sus favoritas. Para que Lápiz pueda seguir creando, inventando. Para que pueda continuar soñando. Antes de que retornemos a la insulsa peregrinación por esta vida, tomémonos un rato para admitir una verdad: ninguno de nosotros está realmente triste; no hace falta. Todos sabemos que allí, en aquel cajón de caoba y rodeado por velos, Lápiz todavía sonríe.

¡Gracias, Lápiz querido!

Q.E.P.D., 1987- 2015.

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