lunes, 22 de junio de 2015

“La ruta a Trascendencia”, de Alejandro Alonso


Una de las novelas de ciencia ficción más fascinantes que leí en el último tiempo. Y con el plus de ser argentina, pronto se convirtió en una de mis favoritas.

“La ruta a Trascendencia” de Alejandro Alonso (ganadora del premio UPC 2002, uno de los más importantes de España) nos introduce a Tony, un don nadie de treinta años y desempleado que llega al misterioso pueblo de Trascendencia en busca de un trabajo ofrecido por su primo Lando.

Trascendencia (que antes se llamaba Redención) bien podría ser cualquier pueblito dentro de las sierras de Córdoba (en Argentina). El lugar fue el sitio donde cayó una nave extraterrestre y se desató “La Guerra” (que duró nada más que quince días).

La vuelta de tuerca (la primera de muchas que presenta la historia) es que la nave alienígena generó efectos insólitos (casi fantásticos) en los alrededores de lo que se conoció como el Primer Epicentro.

Los habitantes comenzaron a vivir en una extensión del tiempo, como si pudieran ser conscientes de varios instantes de su existencia de forma simultánea. Por ese motivo, Transcendencia se convirtió en un pueblo cercado por tropas del ejército y en un lugar donde coexisten imágenes múltiples (“estelas”) del pasado, presente y futuro.


La premisa es genial porque el autor presenta las reglas con mucha claridad y luego nos muestra cómo esa forma de vida transformó la personalidad de los habitantes del lugar. Alejandro Alonso decidió enfocarse en lo que le pasaría a una persona viviendo en ese ambiente y cómo se relacionarían todos entre ellos. Los trascendis o “tracs”, como ellos mismos se denominan, viven extensamente en el tiempo (se les aparece como distorsionado) y es una dimensión más que se suma a las tres del espacio físico.

Ver el día a día de Tony a medida que va comprendiendo cómo viven y piensan los pueblerinos es una experiencia maravillosa. Curiosamente yo mismo redacté una historia de ciencia ficción que también trabaja el concepto de la tetradimensionalidad, pero con un enfoque diferente.

Sin arruinar nada de la trama ni de sus sorpresas, la temática de ciencia ficción que trabaja me pareció especialmente original. Algo de “ese estilo” había leído ya en un antiguo cuento de uno de mis autores argentinos favoritos (Manuel Peyrou, de quien ya hablé en este post). El relato se llama “Pudo haberme ocurrido” y trata de un narrador que se cruza siempre al mismo tipo en la calle hasta darse cuenta que son diferentes “versiones temporales” de esa misma persona. Si pueden encontrarlo, léanlo porque no tiene desperdicio.

La historia, por su parte, trata el clásico tema de “convertirse en nativo”.

Ya saben: cuando un agente externo se involucra en un nuevo mundo, raza, culto o sociedad, comienza a aprender su forma de vida y, finalmente, acaba aprehendiéndola. Es un argumento típico de la ciencia ficción (pensemos, por ejemplo, en “Una princesa de marte”, en “Un planeta llamado Traición”, en “Dune”, o incluso en películas recientes como “Avatar” y “District 9”). Alejandro Alonso le da un giro a esta temática al presentar un universo con pautas específicas y absolutamente diferente a las que todos conocemos.

Así, por ejemplo, los tracs (trascendis) pueden ver las estelas del futuro (básicamente, ellos mismos haciendo acciones en el futuro) pero si Tony (un tridimensional) cambia el futuro con alguna acción particular, ellos olvidan ese posible futuro. Me tomo el atrevimiento de copiar un extracto de la novela para demostrar la sencillez con la que el autor nos establece este concepto:

Un extracto del capítulo 2 (“No especularás”):

“—Mañana Eduardo va a morir —dijo la mujer sin la menor emoción, mientras enjuagaba el cepillo.
—¿Por qué? ¿De qué se va a morir?
—En el pueblo va a haber una riña y Eduardo va a participar. Eso lo va a dejar alterado y va a desbarrancarse en la ruta. Un accidente.
—¿Y si no va al pueblo, si se queda en casa?
—Tiene que llevar la camioneta al mecánico.
—La puedo llevar yo cuando vaya de regreso; te dejo el coche. Nadie tiene que morir.
—¿Quién habló de morir? —dijo Clara Sanguineti.
<Mañana Eduardo va a morir.>
Me acerqué un poco para ver su rostro. Había lágrimas en sus mejillas, pero su sonrisa no se condecía con esas lágrimas. Ella seguía cepillando la pared como una maniática. ¿Hablaba en broma o estaba loca de remate?
<Un accidente.>
—Vos hablaste de morir. Eduardo va a morir mañana al volver del pueblo.
—Yo nunca hablé de… —Se interrumpió y sonrió con incredulidad—. Ni siquiera tiene que ir al pueblo. ¿Podrías llevar la camioneta al mecánico?
—Sí, dame las llaves. Me voy ahora.
—No hay apuro.
—Está bien —improvisé—. Quiero darle una mano a Lando con el trabajo atrasado.
—Mentiroso —dijo ella y fue a buscar las llaves.
Intrigado por ese comportamiento, hice pruebas con un grabador. Registré lo que decían, cambié las condiciones de entorno de esas afirmaciones, obligándolos a pensar en nuevos eventos, y después les pasé las declaraciones originales.
Me preguntaban cómo lo hacía. Creían que era un truco.”

Brillante.

Más adelante, un científico con el que habla el protagonista le explica como esto “es un mecanismo de defensa. Y tan efectivo que funciona en todos los tracs, sin excepción. El cerebro humano se adapta maravillosamente a cualquier situación”.

De formas igualmente formidables, la novela nos cuenta que ellos son fríos porque comienzan a sentir las malas noticias mucho antes de que ocurran, que duermen mucho para que las estelas del pasado y del futuro se les reúnan en un mismo lugar físico (“la siesta era necesaria para que el inconsciente asimilara las experiencias de las estelas”). O cómo procesan la realidad en paralelo (“…creando un sistema de asociación de ideas en varios planos”). Algunos tracs más experimentados hasta pueden ver estelas del futuro 4 o 5 días hacia adelante (y esta habilidad se vuelve esencial para el desarrollo de la trama).

En el medio hay una serie de misterios y conflictos que van apareciendo y la tensión va en aumento hasta un dramático desenlace que me encantó. Todo esto lleva a que el libro te lo devores de un saque, siempre queriendo explorar más la realidad multitemporal que propone.

Si puedo discutirle algo a la novela es que, decididamente, se hace demasiado corta. Se compone de cinco capítulos relativamente breves. Sin embargo, aunque la extensión es moderada, no se confundan: la historia es excepcional, brillantemente compleja y con un tono coloquial que remite poderosamente a lo nacional.



Eso sí: hay que aclarar que (en mi opinión) no es para el lector casual. Solo un lector de ciencia ficción verdaderamente experimentado puede coparse con la historia, comprender fácilmente los conceptos que plantea y disfrutar verdaderamente la narración de Alonso. Este puede llegar a ser un punto en contra, pero a mí fue lo que más me compró.

A la hora de clasificar “La ruta a Trascendencia”, se hace evidente que pertenece al grado más duro del sci-fi, donde los detalles técnicos de la narración y el rigor científico son un foco primordial (incluso hay algunos artilugios literarios muy creativos para recordarnos que el protagonista siempre está viendo estelas del pasado acercándose hacia sus interlocutores). Creo que Alejandro Alonso no tiene nada que envidiarle a grosos del hard science fiction como Arthur Clarke o Isaac Asimov. Su obra es maravillosa por donde se la mire.

Lo mejor de todo esto es que pueden leer la novela gratis y online. Los cinco capítulos que la componen se encuentran en el último número de la revista Axxón (Axxón 263, febrero de 2015).


Axxón es una revista editada en soporte informático que se dedica casi exclusivamente a la literatura de fantasía, terror y ciencia ficción. Fue creada en 1989 por Eduardo Carletti y Fernando Bonsembiante y hoy sigue siendo una de mis principales vicios durante mis horas de oficina (sshhhh…). Hace muchísimos años que leo Axxón pero esta es la primera vez que tomo algo que haya visto allí para realizar un post.

Si se animan a leer “La ruta a Trascendencia”, tengan en cuenta que es una obra que no van a poder a soltar hasta el final (esto si se consideran verdaderos fans de la ciencia ficción). Después de leerla, se pasan por acá a decirme qué les pareció. ¡Hasta la próxima!



«No especulamos, no decidimos, no evitamos.
Lo que tenga que ser, será


 Lee la novela completa de Alejandro Alonso (“La ruta a trascendencia”) en la revista #263 de Axxón: http://axxon.com.ar/rev/2015/04/axxon-263-febrero-de-2015/

Blog de Alejandro Alonso: http://axxon.com.ar/cronoelipsis/

DE YAPA: “Demasiado tiempo”, el relato corto de Alejandro Alonso que luego el autor expandió conceptualmente para concebir su novela: http://axxon.com.ar/rev/2015/04/demasiado-tiempo-alejandro-alonso/


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=>> Otros posts de CIENCIA FICCIÓN en el blog: “Todos ustedes, zombies” (un relato de Robert Heinlein); “El hombre ilustrado” (antología de Ray Bradbury, 1951); “Ahogo, la ciencia ficción distópica de Guido Barsi”; “Una princesa de Marte”; “El fin de la Eternidad”; “No tengo boca y debo gritar” (un relato de Harlan Ellison).

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miércoles, 17 de junio de 2015

Un análisis de la 5ta temporada de Game of Thrones


Game of Thrones se alejó hasta el 2016 dejándonos a todos en estado de shock. La quinta temporada fue, por primera vez en su historia, desbalanceada, a tal punto que tengo sentimientos encontrados. Apostó por un camino muy diferente al que estamos acostumbrados y agotó –casi en su totalidad– el material de los libros.

En este post vamos a desmenuzar lo que nos dejó.


***

#MegaSpoilerAlert: de más está decir que el análisis implica comentar cosas que sucedieron a lo largo de la quinta temporada de GoT. Así que: SPOILER ALERT ¡Están avisados!

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El alejamiento del material original

La televisión y la literatura son medios artísticos muy diferentes que requieren cosas diferentes. Por eso no estoy en contra de que los creadores de la serie (David Benioff y D. B. Weiss) se alejen cada vez más de la fuente. Walking Dead lo hizo, y lo hizo muy bien hasta ahora. Las adiciones y omisiones son inevitables en toda adaptación artística de un medio a otro. Podemos rezongar todo lo que queramos en las redes sociales, pero no es posible lograr una versión que satisfaga a todo el público por igual.

¿Saben cómo descubrir si una persona leyó los libros de GoT? Fácil. Te lo VA A HACER SABER. MUCHAS VECES. Yo no soy lector de los libros, pero los seguidores incondicionales de la saga de George Martin, desesperados por spoilear y mostrar todo lo que saben de la historia, estaban indignadísimos con los cambios que tuvimos en la quinta temporada, por la omisión de Lady Stoneheart y tantos otros personajes, por la cantidad de cambios importantes respecto a los libros.

A mí me parece que está bien por dos motivos: primero porque el autor no saca material nuevo. Pero además porque el material tiene que adaptarse al medio que se emite, y está bueno que los fans de los libros también puedan sorprenderse. De todas formas, es un tema muy debatible.

El animé Full Metal Alchemist intentó adaptar la fuente original con resultados discutibles, y finalmente sacaron una nueva versión fiel al cómic (Full Metall Alchemist Brotherhood) que terminó siendo una de las mejores series que el animé nos puede ofrecer.

Ahora, Game of Thrones viene siendo una adaptación muy fiel a la saga literaria de Martin, y en algunos casos hasta ha mejorado el material, eliminando redundancias, intensificando arcos argumentales y sumando coherencia general a la historia. Pero la quinta temporada se tomó más libertades artísticas que ninguna otra, adaptando prácticamente dos novelas (A Feast for Crows y A Dance With Dragons) en solo 10 horas de televisión.

Los cambios más significativos que se vieron este año respecto al libro son varios: Stannis nunca sacrifica a su hija Shireen (y su esposa sigue vive, y Melisandre nunca salió del Muro), Ser Barristan Selmy sigue vivo, Tyrion aún no se encuentra con Dany ni se convierte en gobernador de Mereen, toda la historia de Jaime en Dorne es nueva (hace otras cosas en los libros), Sansa está sana y (muy) lejos de Winterfell, Arya nunca se reencuentra con Jaquen y en los libros los Ironborn (Greyjoys y demás) están muy incluidos en la guerra (esto podría suceder en la temporada 6).

 ¿Algo más? Sí, claro. Mance Rayder también existe todavía en los libros (aunque es asesinado por Stannis), Myrcella tampoco muere (de hecho, los Martell no quieren matarla sino hacerla reina).

Por último, los libros hacen mucho hincapié en elementos sobrenaturales que nunca aparecieron en la serie. Uno de ellos (quizás importante para el futuro de la serie) es la fuerte conexión entre los Stark y sus lobos. En la saga de Martin, los feroces animales rara vez se alejan de su lado (y Bran no es el único que sueña a través de los ojos de su lobo).

¿Qué nos dejó la temporada 5?

Me duele decirlo, ya que es indudable que se trata de una de las mejores series de la historia de la TV, pero esta última temporada me dejó un sabor amargo.

Mientras que las anteriores siempre evolucionaron en todo (diseño, ambientación, presupuesto, narrativa, sorpresas, actuaciones, expansión del universo, etc.), la quinta es la primera en la que siento que tuvieron un tropezón.

Durante mayor parte de la temporada no pasaron demasiadas cosas relevantes o dramáticas. El ritmo fue más bien lento, rezagado. Pero esto no habría estado tan mal si hubiésemos tenido grandes consumaciones (big payoffs) luego de tanta espera. En su lugar recibimos una masiva cantidad de cliffhangers y pocas cosas concluyentes. El cliffhanger como técnica narrativa no me molesta, pero es la solución más simple para atrapar al lector / espectador.

El punto más flojo de la temporada fue todo lo que sucedió en Dorne, con Jaime y Bronn. La dupla prometía ser interesante, pero quedó en la nada. Por momentos hasta parecían escenas sacadas de otra serie, de una sitcom. Algo tipo “How I Met my Daughter” (guiño guiño). El final del arco (la muerte de Myrcella) fue esperable, pero tampoco me pareció bien ejecutado. Hasta lo encontré forzado. Nada funcionó con este agregado que ni siquiera existe en los libros.

Los inmaculados también fueron una gran decepción. Las cosas en Mereen fueron atractivas. El episodio 9 brindó momentos increíbles, ver a Ser Jorah redimirse y pelear por Dany, Tyrion encontrándose con la Reina de los Dragones. El problema, básicamente, fue que los inmaculados fueron muy inútiles, no el increíble y organizado ejército que habíamos visto en temporadas anteriores. Estaban desordenados, sucumbían ante el caos y fueron fácilmente derrotados por los Son of Harpies (supuestamente ciudadanos comunes).


La temporada como un todo estuvo medio inconexa, sin demasiada coherencia. No hubo argumentos principales que funcionaran como leit motiv de la historia (que sí existían en temporadas anteriores: “La redención de Jamie” en la tercera, “El juicio de Tyrion” en la cuarta, “La guerra de los cinco reyes” en la segunda, por ejemplo). Hay personajes que desaparecieron inexplicablemente a mitad de temporada (Tommen, Littlefinger, Margaery). Particularmente me molestó que Tommen no hiciera nada respecto al encarcelamiento de su madre. Brianne, por su parte, se pasó todo el año encerrada en la torre (solo para desaparecer en el momento menos indicado).

Stannis fue un punto fuerte en la historia: se lo vio más humano, más dinámico, más razonable. Sus escenas en el norte con Jon Snow fueron uno de los grandes aciertos. Pero el sacrificio de su hija resultó apurado, extremo y –al final del día– en vano. Me sentí estafado.

De alguna manera, esta temporada me hizo sentir que los creadores buscaron deliberadamente shockear a la audiencia sin que esto estuviera exclusivamente justificado por la historia. La violación a Sansa, la quema de Mance (de nuevo: está vivo en los libros), el sacrificio de Shireen, el maltrato a las niñas por Meryn Trant… fue generar controversia por el solo hecho de hacerlo, porque es lo vende (lo que garpa).

Esta última temporada me pareció un producto mucho más “comercial” y empaquetado de lo que alguna vez había sido Game of Thrones.

El final estuvo hecho exclusivamente con escenas editadas de tal forma que no sabemos qué va a pasar: el salto de Theon y Sansa, la ejecución de Stannis, la ceguera de Arya, la muerte de Jon Snow. Me pareció barato, como un intento de crear una telenovela dramática de una serie que supo entender que es algo superior.

El otro día charlábamos con un amigo. Me decía: George Martin tiene un estilo muy marcado para escribir, da pistas de situaciones potenciales, desarrolla excelentes tramas y personas, permite que el lector / espectador vuele alto, imagine el futuro, teja su propio hilo argumental, y luego te manda a tierra de forma abrupta, con el giro menos esperado (y muchas veces menos deseado). “Es la isla de Lost en versión medieval, y con la vuelta de Tuerca que donde lo que no puede explicar, lo mata”, concluyó. ¡Y qué razón tiene! Con Jon Snow me pasó exactamente eso. Tengo la esperanza de que Melisandre le pegue una revivida, pero me parece que no era el camino que tenía que tomar la historia.

Lo mejor y lo peor de la temporada

Con sus más y sus menos, la temporada aprueba satisfactoriamente. No puedo decir que no.

Siento que no fue tan buena como otras anteriores. Siento que es el comienzo de un cambio que podría llegar a ser contraproducente en la serie si no revisan lo que falló este año. Pero lo que funcionó, funciono muy bien. La batalla de Hardhome fue épica (de hecho, todo lo que sucedió en el norte estuvo impecable… excepto el final), el misterio en Mereen fue atrapante (los Son of Harpy, Dany gobernando, Tyrion llegando, la lucha en la arena y la llegada de Drogon), el juego sucio de Littlefinger me fascinó, la intensidad entre los Bolton y Stannis me mantuvo intrigado y el complot en King´s Landing (con la excelente actuación de Jonathan Pryce como el High Sparrow) estuvo perfecta. El problema, de nuevo, lo encontré con los desenlaces de cada uno de estos arcos.

Lo peorcito: la historia de Arya se extendió más de la cuenta, y por momentos fue inconexa. Dorne fue un gran desacierto por donde se lo mire. Finalmente: los momentos shockeantes no estuvieron del todo justificados.

Así que si tuviera que colocar un puntaje...

MI CALIFICACIÓN DE LA TEMPORADA: 7.5/10

A esto tengo que agregar que las temporadas 3 y 4 me parecieron soberbias y la primera y la segunda estuvieron muy bien también. Esto convierte a la 5ta temporada en la más floja de todas (en mi humilde opinión). Por cierto, les dejo mi opinión de las temporadas 2, 3 y 4.

==> Mi review de la cuarta temporada de GoT:              LINK ACÁ.
==> Mi review de la tercera temporada de GoT:             LINK ACÁ.
==> Mi review de la segunda temporada de GoT:           LINK ACÁ.


¿Hacia dónde se dirigirá la temporada 6?

Es difícil saberlo. Primero porque básicamente no hay más material. Hasta ahora, los nerds fans de los libros podían predecir más o menos hacia donde se iba a dirigir la historia, pero ahora eso ya es prácticamente imposible.


Jon Snow está exactamente igual de muerto que al final de Winds of Winter. No sabemos si irá  revivir (personalmente espero que sí) pero no creo que sea lo último que sepamos de Jon. El tema va a ser mantener en secreto su actuación (si es que sigue en la serie). En entrevistas dijo que no había forma de que vuelva, pero bien puede ser una forma de ocultar la verdad.

Cersei Lannister es otro personaje que ya cumplió con todo su rol de los libros. Al final la vemos escoltada por Ser Robert Strong (la montaña hecho zombie… what… the… fuck). Fue bueno que se resolviera ese misterio, al menos. Pero la verdad es que no hay más material para ella. El show dejó a Margaery  y Ser Loras en prisión, a Littlefinger y Lady Olenna en las sombras. Y también habría que ver qué hace Tommen con todos los quilombos que tiene en el reino.

Daenerys Targaryen también está en el mismo lugar que en los libros, aunque es distinta la forma en la que se encuentra con Khal Jhaqo y el resto de los salvajes.

Eso sí: va a ser muy divertido ver a Jorah y Daario buscándola.

Así que: ¿qué queda del material original? Muy poquito. Primero: Sansa y Theon (aunque en los libros no es Sansa sino su mejor amiga (Jeyne Pool) están involucrados en un par de aventuras en el norte. A su vez, los Greyjoys tienen una participación mucho más activa en los libros, y es probable que resurjan en la sexta temporada.

Sabíamos que la quinta temporada iba a tener bastante relleno porque no podían agotar su fuente. Necesitan poder hacer, por lo menos, la sexta temporada sin tener que inventar demasiado. Afortunadamente, Arya se queda ciega a mitad del cuarto libro (A Feast for Crows) así que vamos a seguir conociendo sus aventuras como asesina.

Sam está yendo para Oldtown, que es algo que sucede en los libros mucho antes. Lo más probable es que la sexta temporada encuentre la manera de llevarlo hacia la verdadera estrategia contra los caminantes blancos. Quiero ver más de Sam, y creo que su papel en el misterio del norte va a ser crucial.


Después la serie podría ir para cualquier lado: Gendry está todavía remando por ahí, Brianne nunca se encuentra con Stannis en los libros (y mucho menos lo “ejecuta”). Bran tiene que hacer una reaparición (seguramente será otro actor) y espero que haya aprendido magias increíbles luego de su entrenamiento. También tenemos a Tyrion y Varis (uno de los mejores dúos de la serie) dirigiendo Mereen (algo que no sucede en los libros, donde Barristan Selmy –muerto en la serie– es quien toma el mando). Eso va a ser excitante y, seguramente, muy divertido.


¿Y qué va a pasar con Dorne? Uf… va a ser complicado arreglar lo que considero la mayor equivocación de toda la serie. Jaime y Bronn nunca viajan para allá en los libros, y Myrcella tampoco muere. Es uno de los grandes cambios respecto a la fuente original, y el envenenamiento a la princesa es, básicamente, un llamado a la guerra. Ellaria y las Sand Snakes parecían una caricatura en la serie (actuaciones terriblemente malas y situaciones ridículas) pero esperemos que sepan corregir el rumbo. Lo que es seguro es que la sexta temporada va a estar todavía más alejada de la saga literaria de George Martin. En ese sentido, la quinta marcó un umbral, un antes y un después, un quiebre. Habrá que ver qué pasa a partir de ahora.

Palabras finales

Más allá de los deslices de la quinta temporada, yo estoy muy emocionado por todo lo que nos hizo vivir. Debatir los episodios semana a semana con mis amigos (y con mi futura esposa) es tradición ya; hace la semana más amena, genera expectativa, teorías, disgustos, sorpresas. Game of Thrones es un fenómeno social (como comenté en este post) antes que una simple serie de televisión. Yo, por mi parte, me tomaré este año para seguir reflexionando y debatiendo esta compleja historia.




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lunes, 15 de junio de 2015

“Over the garden wall”: una miniserie de Cartoon Network


Desde que terminaron de emitirse shows como El Laboratorio de Dexter, Samurai Jack o Johnny Bravo, hacía muchísimo que no me enganchaba con una serie de Cartoon Network. “Over the garden Wall”, sin embargo, me cautivó desde su primer episodio, y para el final ya estaba maravillado con esta historia mágica.

Over the Garden Wall (2014) es la primer miniserie original creada por Cartoon Network. Consta de 10 episodios de unos 11-12 minutos cada uno y fue creada por Patrick McHale (famoso por su serie Adventure Time).

La  historia nos relata las aventuras de dos medio-hermanos (Wirt y Gregory) que se pierden en un tenebroso y oscuro bosque donde terminan entrando a Lo Desconocido (The Unkwown). Mientras buscan desesperadamente volver a casa. En el camino conocen a curiosos personajes, son ayudados por un simpático pajarito (Beatrice) y acechados por una criatura misteriosa (The Beast).

Técnicamente, la serie se ve increíble. La animación es deliciosamente fluida, enérgica y colorida. Las voces están tremendas (excelente trabajo de Elijah Wood y Collin Dean en los roles protagónicos).

Explorar el mundo de The Unknown, un lugar donde las ranas toman ferrys, los leñadores están dementes y los pescados pescan, es una experiencia fascinante.

Aunque la historia parece sencilla, no lo es tanto.


En su esencia es un cuento de hadas para niños que mezcla una trama de tipo “Alicia en el país de las maravillas” con “El Mago de Oz”. Pero cuando se la (sobre)analiza un poquito, no es difícil descubrir que está llena de simbolismos, de referencias a la mitología de los cuentos de hadas (Caperucita Roja, Hansel y Gretel, etc, etc) y que hay mucho más de lo que se ve a simple vista.

Incluso también se encuentran homenajes a la animación de Hayao Miyazaki (El viaje de Chihiro), a cortos de Disney (Betty Boop) y a Tex Avery en capa episodio.

Easter egss, cosas inadvertidas y fan theories en “Over the Garden Wall”:



Un aspecto interesante de la serie es que los tres protagonistas (Greg, Wirt y Beatrice) son jóvenes arrojados a este extraño mundo, pero cada uno representa diferentes edades y, a su manera, cada uno tiene una transformación diferente a medida que atraviesan el bosque.

Greg (Collin Dean) es el más chico, ingenuo, juvenil, optimista. El personaje es adorable y todavía tiene la capacidad de maravillarse con cada cosa que ve. Wirt (Elijah Wood) es un adolescente cínico. El show hace un trabajo excelente para balancear su mal humor y su personalidad terca con su capacidad para volver a jugar y divertirse con su hermano menor, como un niño. Por último tenemos a Beatrice (Melanie Lynskey), quien es una adolescente más cerca de alcanzar la madurez.

Beatrice se roba cada escena con sus divertidos comebacks, una personalidad pasiva-agresiva y un sagaz sarcasmo. Además me encantó que poco a poco te vas enterando de lo que realmente le pasó y el terrible secreto que esconde.

Este cast está acompañado por excéntricos personajes que rozan lo lisérgico: ranas que cantan, leñadores delirantes (un genial Christopher Lloyd) y un sinfín de personajes más que aparecen capítulo a capítulo para enseñarles algo en particular a los chicos y guiarlos en el camino a seguir. No pienso arruinar ninguna parte de la trama, pero sobre el final todo cierra perfectamente. Cada capítulo se centra en un lugar y un conflicto diferente pero la trama progresivamente avanza hasta nuevos puntos argumentales.

Incluso una vez que terminé la serie volví a ver el primer episodio para notar la cantidad de “pistas” (foreshadowings) que se daban incluso desde la primera escena.

Aplaudo a los creadores de Over the Garden Wall por diseñar algo tan perfecto: la historia puede ser sencillamente entendida por niños (es divertida, llena de acción y misterio, acompañada por una música extraordinaria) pero también puede incentivar a los adultos. Yo, particularmente, después de cada episodio me quedé pensando que más quería decir además de lo que mostraba.


En internet hay miles de teorías sobre la naturaleza de la Bestia y su significado, o de qué es realmente The Unknown. Algunas proposiciones son muy convincentes. En algunas páginas leí que la historia es muy comparable al viaje que hace Dante por el Infierno en La divina comedia, y realmente las similitudes y alusiones te vuelan la cabeza (pueden leer el post completo en este link). La nota especifica cómo los personajes y el viaje en sí son comparables a los protagonistas del célebre poema y cómo cada capítulo atraviesa uno de los círculos del Infierno de Dante. Léanlo porque no tiene desperdicio (pero ojo con los spoilers).

Por otro parte, el blog Observation Deck (uno de los tantos que sigo hace años) revela todos los significados y mitos de Over the Garden Wall episodio a eposodio, con un increíble nivel de detalle. Otra serie de posts que le agregan una capa más de profundidad a una serie en apariencia sencilla. Pueden leerlo acá: parte 1 y parte 2.

Otro detalle destacable de la serie es como el grupo conforma la dinámica de las cuatros tipos de filosofías de vida que describí en este post. Viéndolo de ese modo: Wirt es el indudable cínico, Greg el optimista, Beatrice la realista y la Rana (Jason Funderburker) representa al personaje apático (interesante giro argumental cuando nos enteramos de qué es la rana en realidad).

MI VEREDICTO: Con una mezcla perfecta entre tono, atmósfera, historia y caracterización, los 10 episodios de Over the Garden Wall los van a dejar queriendo más. Pero como todo cuento de hadas, es una historia que sabe exactamente cuándo tiene que terminar. Y a su vez, al igual que todo cuento de hadas, es una experiencia que vale la pena revivir una y otra vez. Una obra magistral y deslumbrante que recomiendo completamente.

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jueves, 11 de junio de 2015

Grandes juegos de mesa (IV): “Jenga, el afán por llegar más alto”


La necesidad de apilar cosas y objetos para ahorrar espacio, entretenerse o –incluso– conectarse con lo más trascendente se remonta a los orígenes de la historia (al respecto pueden revisar mi post sobre Tetris).

A su vez, la búsqueda del ser humano por llegar más alto es tan antigua como la Biblia misma. Según las escrituras, esa exigencia llevó a la construcción de la Torre de Babel, un fracaso que supuso la dispersión de la humanidad y la condena a hablar en diferentes idiomas.

Hoy casi todos podemos reproducir la torre sobre nuestra mesa del comedor, aunque su inevitable caída no llegue a despertar la ira divina de ningún Dios. Sí, por lo menos, recibiremos una abundante cantidad de risas a costa de nuestros propios y torpes dedos.

El JENGA, uno de los juegos de habilidad más famosos, es el protagonista de este post, cuarta entrada dentro de la serie “Grandes juegos de mesa”. Llama la atención a primera vista por tratarse de una caja comparable a una barra de helado, con maderitas sencillas, casi sin detalles y reglas tan fáciles de explicar que hasta un niño puede jugarlo.

En mi cumpleaños perdí al Jenga –que se llama K.A.E en mi versión trucha– contra una nena de 4 años.

El objetivo es sencillo.

Partiendo de una torre se deben extraer piezas que van colocándose en los pisos más altos. Se utilizan 54 piezas de madera iguales, que al principio de la partida conforman una torre compacta de 18 hileras o pisos, cada una de ellas constituida por 3 de esas piezas. La única decisión que podemos tomar es si dejamos que un piso tenga una base de 1 pieza, o de dos (en función de si quitamos la pieza del medio o de los extremos).

Evidentemente a medida que se adelgaza la torre, esta tiende a ser cada vez más inestable. El jugador que derriba la torre con su pieza pierde. Aunque es teóricamente posible, nunca en mi vida vi una torre de 54 piezas (una por piso).

El empate no es una opción.


Puede ser fácil de jugar, pero ciertamente tiene una mecánica interesante de analizar (y algunos hasta lo han hecho). Yo a veces pienso que cada juego tiene su momento. El Jenga tiende a hacer su aparición cuando se juntan tres o cuatro amigos en una sobremesa. El alcohol (hay que decirlo) le suma diversión al juego y también es uno de los grandes personajes de las fiestas de niños (¡el Jenga, no el alcohol!).

Quizás el momento más épico del JENGA en la televisión Argentina:



El juego lo inventó Leslie Scott en Ghana (Africa) en 1974, y por aquella época se lo llamaba “Takoradi Bricks”. Tenía 20 años y lo pensó a partir de unas maderas que le compró a un artesano local para entretener a su hermano menor. En 1980 ya comienza a conocerse como Jenga en la Universidad de Oxford en Inglaterra. En swahili Jenga significa, literalmente, construir.

En las otras entradas sobre Juegos de Mesa comenté algunas estrategias y tips básicos para ganar. Así que: ¿cómo podemos mejorar nuestro juego para ganar al Jenga? Ayuda tener buen pulso, por supuesto. Pero ayuda todavía más contar con una pistola de Jenga  que luche contra nuestras temblorosas manos:



La verdad es que se trata de esos juegos donde la práctica hace al maestro. Recuerdo haber alcanzado el piso 32 jugando con mi hermano Francisco hace un par de años (record que nunca más puede alcanzar).

El JENGA puede ser repetitivo y poco competitivo, pero es muy divertido, fácil de aprender y una buena forma de matar el tiempo. Por sobre todo, gracias a su sencillez puede ser jugado por prácticamente cualquier edad, lo que sume la posibilidad de sumar a niños (y eso siempre es entretenido).

Creo que los humanos somos ingenieros estructurales por naturaleza. Desde chiquitos jugamos a crear cosas con ladrillos, legos, tapers o pedazos de cables. Al crecer, la capacidad de divertirnos con cosas banales se reduce junto a nuestra capacidad de jugar de forma inocente, pero el JENGA es uno de esos juegos que siempre nos lo recuerda.


El carisma del Jenga está ligado a su simplicidad: nada más que bloques de madera y la ingrata gravedad. Pero incluso un esparcimiento insignificante puede enseñarnos lecciones importables sobre la estabilidad, la vulnerabilidad y la acción bajo presión. Por eso, y por tantas horas de diversión que me brindo, es otro de los grandes juegos de mesa que destaco.


Y dijeron: «Venid; edifiquémonos ciudad y torre, cuya cumbre llegará al cielo;
y haremos el nombre(a) nuestro, antes de dispersarnos por la faz de toda la tierra».
Génesis 11:4

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lunes, 8 de junio de 2015

Las Tres Leyes de la Robótica de Isaac Asimov


Antes de 1940, prácticamente toda la ciencia ficción especulativa que incluía a robots seguía el modelo del Frankenstein de Mary Shelley: un robot tenía que ser constantemente instruido por una persona y en ausencia de control humano se volvía un destructor total, demoliendo todo a su paso.

Isaac Asimov se cansó de esta concepción y comenzó a escribir historias sobre robots más simpáticos y programados de tal manera que pudiera preverse la rebelión de las máquinas. Fue su editor (John Campbell) quien, en su momento, le brindó una mano para crear las famosas Tres Leyes de la Robótica que permitirían tener un salvavidas. Estas fueron:

1. Un robot no puede herir a un ser humano o, por inacción, permitir que un humano resulte herido.
2. Un robot debe obedecer cualquier orden dada por seres humanos, excepto cuando esa orden se contradiga con la Primera Ley.
3. Un robot debe proteger su propia existencia, siempre y cuando dicha protección no entre en conflicto con la Primera y Segunda Ley.

Campbell compuso las Tres Leyes simplemente desenredando conceptos que ya estaban presentes en las historias de Asimov. 

Las leyes cubren las situaciones más simples y obvias, pero están lejos de ser perfectas. De hecho gran cantidad de relatos del autor eran sobre diferentes formas en las que las leyes entraban en conflicto unas con otras, generando comportamientos inesperados.

Quienes no sean tan íntimos con la bibliografía de Asimov, seguramente recuerden estas leyes de la película “Yo, robot” (2004), con Will Smith, que es una buena adaptación de una de sus historias más populares. La realidad es que no fue la primera vez donde aparecieron estas leyes. Puntualmente, su origen puede rastrearse al relato “Runaround” (“Círculo vicioso”, 1942). Curiosamente, la historia de Runaround transcurre en el año 2015. El cuento está muy bueno y tiene una trama intrigante que se relaciona directamente con los conflictos entre las tres reglas.

Circulo vicioso” (1942) de Isaac Asimov en formato PDF: DESCARGAR.

Asimov no tenía nada contra la temática de “robots como una amenaza para el hombre” pero estaba más interesado en explorar la idea de robots volviéndose cada vez más conscientes y completamente independientes. Esto fue, por supuesto, absolutamente influyente para la forma en que comenzó a trabajarse la ciencia ficción. Hoy en día tenemos películas actuales como “Chappie” y “Ex Machina” que siguen investigando la naturaleza de los robots para terminar de comprender qué es lo que nos hace realmente humanos a nosotros y (no a ellos).

El autor eventualmente formalizó una Ley Cero, que era un corolario de la primera y estaba por encima de todas las demás:


Un robot no hará daño a la Humanidad o, por inacción, permitirá que la Humanidad sufra daño

Otros autores, por su parte, fueron extendiendo la cantidad de leyes creando variaciones de las tres primeras y un par de adicionales como la célebre Quinta Ley (“Un robot debe saber que es un robot”).

Ahora, aunque las leyes son ficción y no tienen ningún tipo de solvencia dentro del mundo real, los estudiosos de la robótica se las tomaron muy en serio (y Asimov vivió lo suficiente para poder comenzar a ver estos desarrollos). 

Sin embargo, las leyes –pensándolas exclusivamente dentro de la ficción– son ambiguas en sí mismas.

Un ejemplo sencillo es el de “herir a un ser humano”. Supongamos que un robot debe golpear a una persona... ¿Qué nivel de fuerza es el que verdaderamente lo hiere? 

La película Yo, Robot plantea otro dilema interesante: ¿Qué sucede cuando los robots tienen la posibilidad de salvar solo a una de dos personas? Cualquier elección que tomen generará conflicto con sus leyes internas.

La Segunda Ley es inherentemente problemática. ¿De qué humano debe seguir órdenes un robot? ¿Qué sucede si dos personas le piden cosas diametralmente opuestas? “Robot, abrime esta cerveza” “¡No, robot, no le abras la cerveza. Lucho ya tomó demasiado!”. (-.-)

Otra pregunta que surge a partir de las leyes es qué considerar como “humano”, bajo qué mirada se los categoriza. 

En una de las historias de Asimov, se crean robots que siguen estas reglas pero son enviados a realizar campañas de limpieza ética. Estas máquinas solo reconocen a ciertos grupos como “humanos”. Siguen las reglas, pero igual llevan a cabo el genocidio. Los mismos protagonistas de los relatos del autor muchas veces caían en la cuenta de que las leyes estaban atadas a los códigos morales de los humanos.

La verdad es que Asimov no creó las reglas para los robots, sino para los escritores. Son disparadores para mover una trama hacia adelante, para volverla más interesante y menos trillada. Más que un autor de ciencia ficción, Asimov estaba más interesado en los misterios. Él quería escribir relatos de intriga con robots como protagonistas, y las Tres Leyes eran la forma de darle condiciones de borde a la historia. 

Y gracias a esta necesidad de crear algo nuevo, de experimentar con la escritura, logró darle una nueva bocanada de aire fresco al género de la ciencia ficción.

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