jueves, 29 de septiembre de 2016

“Holy Motors” y la fusión de géneros


Pocas veces en la vida aparecen películas tan extrañas como Holy Motors, una producción franco germana del 2012 escrita y dirigida por Leos Carax y protagonizada por el multifacético francés Denis Lavant en no uno, ni dos, ni tres, ¡sino once roles diferentes!

Esta historia es un deconstrucción del cine en general y de la vida cotidiana también. Lavant interpreta a Mr. Oscar, un hombre que a lo largo de su día interpreta varios roles diferentes, aunque no hay cámaras a la vista que puedan estar filmando sus representaciones.

Es además una película que creativamente fusiona prácticamente todos los géneros conocidos dentro de un mismo largometraje: thriller, drama, fantasía, terror, musical, ciencia ficción, comedia, etc. 

Un collage muy loco que funciona dentro del universo extravagante que presenta esta producción.

La cosa va es más o menos así: un hombre (El Durmiente) se levanta y atraviesa un panel secreto en su habitación que lo lleva hasta la parte de atrás de un cine. Luego conocemos a Mr. Oscar, un enigmático personaje que recorre París en limusina tomando nueve “tareas” que requieren que él se disfrace y actúe de una vieja gitana, un músico de acordeón, un asesino a sueldo o un horrible leprechaun que rapta a una modelo de modas, entre otras cosas.

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#SpoilerAlert: se revelan algunas partes fundamentales de la trama, aunque no es que importe demasiado porque el principio, nudo y desenlace son una serie de constantes what… the… FUCK…

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Cuando la noche de Mr. Oscar termina (y en el medio le pasan demasiadas cosas insólitas) su chofer lleva la limusina hasta un estacionamiento llamado “HOLY MOTORS”, donde muchos vehículos similares son almacenados. Lo extraño de la película no es que estos vehículos hablen y se preocupen por su jubilación, o que la familia de Mr. Oscar sea una mujer chimpancé y pequeños bebitos chimpancés. Lo extraño está en las sutilezas, en los pequeños momentos que van transcurriendo, y en la forma en la que se van combinando varios géneros del cine.


La deconstrucción del cine y de la cotidianeidad

Siendo completamente honesto conmigo mismo: Holy Motors no es la película más llevadera del mundo, y tiene algunas escenas que se vuelven demasiado densas y monótonas. Pero no por eso deja de ser sumamente llamativa.

Lo primero importante es cómo destruye y vuelve a construir nuestra manera de ver y experimentar el cine. Comenzando por una surrealista escena donde un hombre atraviesa un panel secreto para llegar a la parte de atrás de un cine, ya podemos entender que esta es una película sobre “mirar el cine de forma activa” antes que un simple entretenimiento pasivo.

Para empezar, el personaje principal de la película es un actor. Uno que actúa aunque no haya cámaras alrededor, y que ocupa muchísimos papeles a lo largo del día. Sus muertes, por ejemplo, no son un problema, y puede seguir su vida normal luego de recibir una cuchillada en el cuello o ser acribillado a tiros en el pecho.

Mr. Oscar –un nombre muy especial para la industria del cine– pasa por momentos tan intensos como matar a un hombre, ser testigo del suicidio de una amiga, morir de vejez frente a su sobrina (otra actriz dentro de la película) o sacar el dedo de una persona de un mordisco.  Al protagonista parece no afectarle nada de eso. Acá el actor Denis Lavant la gasta asumiendo personajes completamente absurdos y diferentes con cada una de sus asignaciones. Aunque Holy Motors lo muestra de una forma extrema, ¿no tenemos, todos nosotros, máscaras diferentes para cada uno de nuestros momentos del día? Yo, por ejemplo, no “soy” la misma persona en mi trabajo de 8 a 5, con mis amigos, con mi mujer o en mi rol de docente. 

Tampoco soy exactamente el mismo cuando estoy solo que cuando siento encima la mirada del otro.

Si la vida es un gran teatro, todos somos diferentes personajes a lo largo de nuestra existencia, adaptándonos al contexto en el que nos vemos inmersos o dependiendo de las personas que nos rodean. La película alude a estas ideas –de las que hablaron Sartre y otros existencialistas– pero lo hace exacerbándolo, riéndose de las diferentes máscaras que adoptamos, y convirtiéndolo en algo literal. Mr. Oscar literalmente se convierte en otras personas durante el tiempo que dura su representación.

La fusión de géneros en Holy Motors

El collage de géneros que presenta la película es otro de los aspectos más fascinantes. Cuesta agarrarle la mano hasta que uno empieza a captar la esencia de lo que se quiere contar. El director Leos Carax, que no hacía una película desde Pola X en 1999, escribió su historia específicamente para el actor que la protagonizó, y aprovechó la oportunidad para exponer cuantos géneros pudo.


Muchas películas fusionan exitosamente varios géneros. Casablanca es un film noir mezclado con romance, thriller de espionaje y musical (aunque la mayoría la recuerda sólo como una película romántica). Matrix es una película de acción y artes marciales, pero también es ciencia ficción cyber punk y post apocalíptica, aunque no deja de contar con un sinfín de referencias filosóficas y religiosas. Vanilla Sky (una película que ya reseñé en el blog)  es un drama romántico con toques de thriller psicológico y un giro argumental final que la convierte en una historia de ciencia ficción.

Por su parte, Medianoche en Paris se las arregla para colocar fantasía, comedia, romance, drama y ciencia ficción en un paquete que sólo Woody Allen podría manejar. Y no hay dudas de por qué Donnie Darko se convirtió en un clásico de culto: drama, misterio sobrenatural, ciencia ficción, comedia negra, comedia adolescente de tipo coming-of-age, etc.

En Holy Motors la fusión de géneros está marcada por cada una de las tareas asignadas a Mr. Oscar. Los roles son arbitrarios y cada segmento opera acorde a su propia lógica interna. Como si fueran mundos completamente separados. En el curso de un día, Oscar vivió situaciones más extremas que Jack Bauer en nueve temporadas de 24.


A Mr. Oscar tampoco lo dejan ir al baño en todo el día...

Hay dos momentos musicales: un bizarro interludio de acordeón (¡que es genial!) y un musical que presenta Kylie Minogue en un pequeño rol. También aparecen una secuencia de ciencia ficción/erótica que involucra captura de pantalla (motion capture) y dos episodios de thriller y acción sobre las actividades de un asesino a sueldo. La historia del leprechaun tiene partes de drama y de terror, y el episodio del hombre muriendo de vejez está inspirado en los clásicos melodramas.

La belleza de actuar

Algo interesante de la historia es que prácticamente nunca tenemos un vistazo hacia la persona real que es Mr. Oscar.  Cuando creemos que estamos viendo a la verdadera persona, resulta ser parte de otra tarea que le asignaron. Su limusina, que funciona  como oficina y sala de vestuario, es el único lugar donde parece que vemos a su verdadero yo.


En una escena memorable, un visitante pasa a ver a Mr. Oscar en su auto-oficina. Parece ser un viejo conocido, aunque nunca queda claro si es un productor, un agente o un representante de la “audiencia” que ve las actuaciones del protagonista. La cosa es que le critica su actuación, le sugiere que se está volviendo viejo y que sus representaciones ya no convencen tanto.  Discuten la evolución de las cámaras, y como se han reducido al punto que hoy son prácticamente invisibles.

Esto es importante: explicaría por qué nunca vemos cámaras en la película, pero también puede ser parte de algo más metafísico. Hoy todos somos más observados que antes: Internet, redes sociales, por ejemplo. El grado de exposición es muchísimo más grande, y no necesariamente porque haya cámaras alrededor nuestro. Estamos siempre siendo vistos, evaluados y juzgados por el otro, aunque no queramos.

Cuando el visitante le pregunta a Mr. Oscar por qué continua haciendo lo que hace, él simplemente responde: “La belleza de actuar”, una confesión (y una devoción al arte) que es quizás la frase más reveladora del personaje y de las intenciones del autor. A lo mejor, Holy Motors es un mundo-teatro donde todos son actores en diferentes papeles, quizás no existe la sinceridad en un mundo donde todo es un acto, pero actuar (es decir, el arte en sí misma) sigue siendo lo más bello a lo que uno puede aspirar.

Palabras finales

Holy Motors tiene muchísima tela para cortar. Su gran mérito es que invita a volverse a ver para poder captar todas sus sutilezas. Hay otros personajes más en la película que no llegué a comentar: Eva Grace tiene un rol chico pero fundamental. Por momentos aparenta ser una fuerza externa que intenta quitar a Mr. Oscar de un trabajo que cree descorazonado y automático. Como resultado termina muriendo.

Nunca se aclara si Céline, la chofer, es sólo una herramienta funcional o parte de algo más grande. Lo cierto es que cuando termina el día, deja la limusina en el garaje y se coloca una máscara. ¿Fue también un rol que representó ante Mr. Oscar? ¿Y qué demonios son todas esas docenas de limusinas guardadas y hablando entre ellas sobre morirse, la vejez, la jubilación y otras cuestiones mundanas?
Es igual de extraño el personaje conocido coloquialmente como “El Durmiente” (Le Dormeur). Lo interpreta el mismo director y guionista y abre la película con una de las mejores y más misteriosas secuencias de la historia.

Holy Motors –un juego de palabras con “Holly Wood”, que también es una fábrica de sueños– tiene lenguaje de cine, pero no es una película sobre cine. Carax creó un mundo extraño y trágico, vibrante y misterioso, perturbador y emotivo, e intenta mostrarnos cómo sería la experiencia de vivir en un lugar así. Busca capturar todo el espectro de las actividades humanas en un solo día. No sé si es un mundo que valdría la pena visitar, pero sí uno para espiar desde atrás de la cortina.

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2 comentarios:

  1. Me intrigan esas películas que presentas. Cuando la reseñas, no sé si la odiaría o si es una de las películas que me gustaría ver. Como la película de la rueda, que espía a una mujer, que me gustó.
    Me gusta la fusión de géneros. Me fascina la trilogía de The Matrix. Y me gustó Medianoche en París, que vi de casualidad en un canal de aire.
    Me intriga lo de la modelo raptada por un leprechaun.
    Saludos.

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    1. Uh, qué bueno que viste Rubber. Toda la trilogía de Quentin Dupieux (Rubber, Wrong y Réalité) es muy recomendable. Respecto a Holy Motors (y ese tipo de películas delirantes, surrealistas, flasheras) no sé si todas son buenas. Ni siquiera sé si todas las que comento yo en el blog son buenas, pero sí creo que tienen ALGO PARA DECIR, se vuelven memorables en algún u otro modo y eso es lo que busco rescatar con estas notas.
      ¡Saludos!

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