miércoles, 21 de diciembre de 2016

El viejo y el mar: orgullo y determinación


Imaginate lo siguiente: estás viejo. 

Salir de la cama es más difícil que nunca, te ponés de malhumor si te perdés las noticias de la mañana y no podés entender a los chicos de hoy en día. ¿Qué hacés? ¿Te amonitinás en el bingo hasta que la fortuna te sonría? Nope. ¿Vendés tu casa, te comprás un motorhome y recorrés el país sin prisa? Naaaa. 

Más bien, te subís a un bote de dudosa seguridad y te adentrás mar adentro, solo y en busca del pez más grande jamás visto.

Suena una locura, pero es exactamente lo que sucede en El viejo y el mar, la obra maestra que Ernest Hemingway escribió en 1952

La historia presenta a un testarudo anciano que supo ser un gran pescador. “Supo ser” acá es la frase clave. Las cosas no le están yendo muy bien y hace 84 días que vuelve a su choza con las manos vacías. Si no fuera por un joven vecino que le lleva comida, probablemente moriría de hambre.

Un día, decidido a atrapar al pez más grande del mar, termina encontrándose cara a cara con un imponente pez espada que le da la batalla de su vida. 

En esta nota vamos a hablar un poquito de El viejo y el mar, para intentar dilucidar cuál fue su importancia dentro de la literatura del siglo XX.


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#SpoilerAlert: ¡Dale! Es una obra con más de 60 años de antigüedad. Si no te la hicieron leer en la escuela, seguramente la escuchaste nombrar y sabés más o menos de qué va. Sin embargo… tengo que aclarar que se revelan puntos fundamentales de la trama en este post.

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El viejo y el mar sigue siendo increíblemente popular porque se ganó el status de “clásico de la literatura”. Su corta extensión, sencilla prosa y atemporal valor simbólico la han convertido en una de las obras favoritas de profesores de secundaria.

► “El viejo y el mar” en versión PDF para descargar: LINK.

Se trató del último trabajo de Hemingway y le valió el premio Nobel de la Literatura en 1954 y el Premio Pulitzer un año antes, convirtiendo a este texto en su obra de ficción más famosa.


La historia transcurre en La Habana, donde Santiago, un pobre y veterano pescador cubano de origen español, no ha atrapado un pez en varios meses. En el mar se encuentra cara a cara con un pez espada gigante con el que lucha día y noche, poniendo en peligro su propia vida.

Fue llevada al cine en una película de 1958, con Spencer Tracy y dirigida por el célebre John Sturges. También hay una miniserie de 1990 y una animación de stop-motion rusa de 1999, dirigida por Aleksandr Petrov, que –sorprendentemente– ganó un Premio de la Academia. De hecho, está verdaderamente muy buena:

  
La novela es uno de esos extraños casos donde la vida real escribe la trama. Hemingway fue conocido por hacer un uso intensivo de elementos biográficos en sus historias, mezclados con personajes que conoció en la vida real.

Se dice que el viejo cubano habría estado basado en un pescador amigo del autor, Gregorio Fuentes. Él, como Santiago, era flaco, de ojos azules y tenía una larga historia de batallar contra el mar como pescador. Fuentes era el capitán del barco de Hemingway y frecuente hablaban sobre la novela.

Hay otro aspecto llamativo y es que, si Santiago es mitad Gregorio Fuentes, también es mitad Hemingway. Él mismo estaba empezando a estar y sentirse viejo cuando escribió El viejo y el mar.

Por otro lado, venía de escribir una novela (Across the River and into the Trees) que fue odiada por la crítica. Es probable que Santiago sea un reflejo de cómo el autor se sentía por aquella época: viejo, cansado, solitario y deprimido.

De hecho, toda la obra tiene un tinte bastante deprimente y el estilo es más bien reflexivo. Algo que nunca entendí (y que hasta me molesta) es por qué Hemingway no eligió narrarla en primera persona, siendo que el 90% son monólogos internos del protagonista, reflexiones y pensamientos. Incluso, pasa gran parte de la historia solo en su bote, hablando literalmente en voz alta y a nadie en particular.

La cuestión es que, debido a que Hemingway utilizaba fuentes autobiográficas constantemente, algunos críticos eventualmente decidieron que la novela era un ataque hacia ellos. Según esta lectura, Hemingway (Santiago) es un viejo maestro al final de su carrera, siendo destruido y consumido por la crítica (El mar), pero últimamente saliendo triunfador.

Si este es el caso, El viejo y el mar no sería más que un acto literario de venganza. A esto hay que agregarle que Hemingway sufría de depresión y resentimiento por aquella época (y terminaría por suicidarse en 1961). Yo prefiero pensar que hay interpretaciones más amplias sobre la particular lucha de un hombre contra la naturaleza.

Sin intenciones de comentar demasiado, la novela se pone bastante brava. Especialmente cuando, luego de luchar durante tres días contra el inmenso pez espada (algunas veces dejándose llevar por él, otras veces resistiéndolo), el viejo logra atraparlo pero aparecen tiburones (sí, tiburones, en plural) que lo complican más todavía.


El final es bastante agridulce. Santiago pudo traer el pez a casa, y le prometió a su joven aprendiz que van a volver a trabajar juntos, pero los tiburones devoraron gran parte del animal dejando sólo restos y el esqueleto. De todas maneras, le sirvió para ganarse el respeto y apoyo de la gente del pueblo.

Hemingway expresó que no hay simbolismo en el libro. Puntualmente dijo:

«The sea is the sea. The old man is an old man … The sharks are all sharks no better and no worse.
All the symbolism that people say is shit.»

(Ernest Hemingway, siendo brutalmente honesto)

Sin embargo, ya hablé al respecto en una nota anterior (específicamente en ésta). Cuando un autor termina una obra, pasa a pertenecer al lector, al público. La interpretación de un escritor sobre sus propio trabajo no es más válida que la interpretación de cualquiera de sus muchos lectores.

Por otro lado, la estructura de fábula de la historia sugiere que –necesariamente– debe tener una carga simbólica, y hay quienes la consideran una gran alegoría.

Entre algunas de las teorías más locas de la novela, algunos consideran que hay imágenes muy claras de la cristiandad. 

Hemingway hace algunas referencias evidentes a la crucifixión de Cristo.

Otros (probablemente más cuerdos) ven en El viejo y el mar una alegoría del extranjero que lucha por ser aceptado en una comunidad. Santiago tiene raíces españolas y, de alguna forma u otra, busca el reconocimiento de sus vecinos, quiere demostrarse a sí mismo qué puede seguir siendo un pescador de renombre.

Lo interesante de la historia es que es lo suficientemente sencilla y abierta como para poder analizarla desde varias temáticas: el sufrimiento de llegar a viejo, la perseverancia y la determinación (leit motivs de la trama), el orgullo, la memoria y el pasado (la memoria es un tema dominante en la obra) y la diferencia entre “ser destruido y ser derrotado”.

«El hombre no está hecho para la derrota.
Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado

También se ven la lucha del hombre contra la destructora fuerza de la naturaleza, la soledad (el viejo habla literalmente solo durante toda la novela) y la amistad (personificada en el joven Manolín).

De cada uno de estas temáticas que Hemingway aborda puede hacerse un ensayo completo. Acá es donde reside la verdadera riqueza de la historia. El que para mí mejor maneja (o, por lo menos, el que encuentro más interesante) es el de la vejez.

«La vejez es mi despertador, ¿porque los viejos nos despertamos tan temprano?,
¿será para tener un día más largo?»

El otro gran tema de la obra es, inevitablemente, el del orgullo y la determinación. El orgullo de Santiago es la fuerza impulsora de la trama, y existen muchos paralelos entre su personalidad y la de cualquier clásico héroe de la mitología antigua.

Además de contar con gran valentía y tremenda fuerza para su edad, Santiago tiene internamente un compás moral muy certero. Constantemente está pidiéndole perdón a la gran bestia por tener que cazarla, y luego de que los tiburones devoran al pez espada, le sigue pidiendo perdón y respetando a su admirable oponente.

«Este pez podría alimentar a mucha gente, pero ¿serían dignos de comérselo?
No, claro que no

Santiago es una representación de cómo el orgullo puede motivar al hombre hacia la excelencia. Sin aquel sentido feroz del orgullo, él habría abandonado la batalla contra el pez sin siquiera haberla comenzado.

La determinación de Santiago también lo lleva a buscar trascender a las demoledoras fuerzas de la naturaleza. Sin importar las circunstancias brutales en las cuales se encuentra, el viejo exhibe una necesidad imperiosa de atrapar al pez y llevarlo a casa.


«Yo elegí ir allí y encontrarlo más allá de toda la gente.Más allá de toda la gente del mundo.
Ahora nos hemos unido, estamos juntos desde el mediodía y sin nadie que nos ayude, a ninguno de los dos

Palabras finales

Hemingway supo narrar (como pocos) esa eterna dicotomía entre amor y odio que sienten los pescadores por el mar, por ese pedacito de cielo sin barreras donde transcurre gran parte de sus vida, y donde la arriesgan con cada salida.

El viejo y el mar tiene un estilo directo, duro, con frases cotidianas que buscan unir a aquel hombre viejo y solo, en el medio del mar, con la humanidad completa. El autor da un paso más allá de la simple alegoría, incluso de la búsqueda de una interpretación épica de nuestro mundo. Hace converger, en unión armónica, al hombre con la naturaleza.

Una vez leí que si Moby Dick representa el Viejo Testamento, El viejo y el mar podría representar al Nuevo, más corto pero no menos importante. Es una idea interesante que vale la pena investigar (hay intertexto entre ambas historias, sin duda).

La novela avanza con lentitud, como el paso del tiempo en el rostro de una persona. Esa desaceleración, aquel lento vagabundeo en el que se mueve la obra, se opone directamente a nuestra idea de vivir acelerados en el tiempo.  El agua (el mar) es vida y también es amenaza de vida. Corroe la madera del barco de Santiago mientras simultáneamente lo mantiene a flote.

Estas constantes tensiones paradójicas son las que hacen de El viejo y el mar una lectura siempre memorable.

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7 comentarios:

  1. Me encanta esta novela. Igualmente no tanto como "Por quien doblan las campanas", pero si muchísimo.
    En Cuba anduve por Cayo Guillermo, en la pasarela Hemingway, la playa Pilar... ¡Qué lindas playas, por favor! Y yo acá.
    Muy buen análisis. Me interesa la miniserie.
    Abrazo!

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    1. Che, estuviste en Cuba. ¡Muchos sólo sueñan con eso! Siempre se puede seguir viajando. "Por quien doblan las campanas" es uno que debo todavía.
      ¡Saludos!

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  2. Excelente análisis, me dieron ganas de una relectura. Ya no soy aquel que leyó esta novela en el 2003, siguiendo el postulado de Borges sobre la metáfora de Heráclito. Saludos.

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    1. Se agradece la vueltita, Hernán. Interesante apostilla literaria. Recorré el blog tranquilo, que sigue siendo gratis y está hecho con amor.
      ¡Saludos!

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  3. Yo leí esta novela. Me gusta tu analisis.
    Saludos.

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  4. Hola, sinceramente me ha parecido muy rebuscada tu "review" aprecio y no tiene el reconocimiento que merece Ernest Hemingway como para que se le vea de esta forma, ya quisiera que muchos que le critican escribieran algo que gané premios semejantes a los que él recibió, hay que tomar la expresión del autor como va, no hay porqué buscar donde no hay sólo por hacer publishing barato. Saludos.

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    1. ¡Buenas! De hecho, me pareció que le reconocí bastante su obra y busqué entender porque es considerada un clásico universal explorando las temáticas universales (e interesantísimas) que contiene.
      Por otro lado, esta frase "ya quisiera que mucho que le critican escribieran algo que gane premios semejantes" es una falacia argumentativa de tipo "Ad Hominem-Ofensivo". Es un razomiento erróneo pretender que uno no puede criticar (y, recordemos, criticar no es necesariamente algo negativo) una obra literaria si no es capaz de crear una. El enólogo puede distinguir entre un vino de calidad y uno barato, pero no por eso sabe necesariamente cómo hacer el mejor vino del mundo.
      Te mando un abrazo.

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