lunes, 2 de octubre de 2017

“El hombre hueco” (1935), una novela de John Dickson Carr


Cualquier amante del género policial merece tomarse su tiempo para repasar esta obra americana de John Dickson Carr.

“El hombre hueco” (The Hollow Man) es una novela detectivesca de tipo cuarto cerrado donde vemos no uno, sino dos crímenes imposibles. Asesinatos que sólo podrían haber ocurrido no sólo si el perpetrador hubiera sido invisible, sino además más ligero que el aire.

Fue publicada originalmente en 1935 y se la puede encontrar también bajo el nombre The Three Coffins (“Los tres ataúdes”), que fue el título inicial que recibió para su distribución en Estados Unidos.

En mi opinión, este título es más acertado que el alternativo ya que indica tanto la triple estructura, desde un aspecto formal, como también el tema principal de la novela.

Varios años después, en 1981, un jurado de 17 críticos y autores de misterio la seleccionaron como la mejor novela de tipo cuarto cerrado de todos los tiempos. Otro dato de color: entre los diez primeros lugares hay cuatro novelas del mismo autor, tanto bajo su nombre como con su seudónimo: Carter Dickson.

El Misterio del Cuarto Amarillo, de Gastón Leoroux (que reseñé en esta otra nota) quedó tercera.

Carr, de hecho, es considerado el gran maestro de este tipo de misterios, y su detective, el doctor Gideon Fell, ha protagonizado 23 obras del autor. “El hombre hueco” es la sexta aventura de Fell, un personaje que le hace frente tanto a Sherlock Holmes como al mismo Padre Brown de Chesterton (con quien comparte varios parecidos).

Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares seleccionaron esta novela para sea la #40 de El Séptimo Círculo, célebre colección argentina que editó 366 novelas policíacas entre 1945 y 1983.

***

La muerte nos sigue de cerca

La historia comienza en un bar donde el experto en brujería y misticismo, el Professor Grimaud, está entreteniendo a sus comensales con algunas historias de terror. Entonces llega un ilusionista, Pierre Fley, quien le da una oscura advertencia: el hermano de Fley quiere sangre, y va a buscar a Grimaud para asesinarlo.


Al poco tiempo, una noche, un hombre alto llama a la puerta y atiende la ama de casa de Grimaud. El hombre, que parece utilizar una máscara de papel maché, sigue por las escaleras hasta el estudio del profesor.  Ambos se encierran, se escucha un disparo y al abrir nuevamente la puerta, Grimaud está muerto y el extraño no está por ningún lado.

Cuando la investigación se inicia, Pierre Fley es obviamente el primer sospechoso. El problema es que, no muchos minutos después de la muerte de Grimaud, alguien le dispara a Fley en un callejón sin salida, con el mismo arma que mató al profesor y de la misma forma imposible.

Me encantó la atmósfera que creó Carr con El Hombre Hueco, una novela que tiene casi cien años pero que bien podría funcionar en nuestros días. Todo el libro es misterioso y críptico y la solución (que no pienso arruinar acá) es tan lógica como sorprendente.

Una obra metatextual

Lo que más me sorprendió de El Hombre Hueco fue que, además de ser una obra ejemplar de una historia de detectives, con todos los componentes típicos que suele presentar el policial de enigma, es también un parodia cariñosa que se ríe un poco de los estereotipos del género.

En varios momentos el Dr. Fell sugiere al resto de los investigadores y testigos (así como a nosotros, los lectores) que debemos dejar de lado el sentido agudo y crítico de la realidad para poder pensar en crímenes imposibles, un concepto que se conoce como “suspensión de la incredulidad” en la narrativa.

Así, hay varios guiños metatextuales hacia el lector, como si Carr supiera que este tipo de misterio estaba llegando al final de su ciclo y quisiera despedirlo a lo grande. 

Esto se refuerza con la solución del crimen que, si bien es lógica, es tan absurdamente compleja que ningún lector tenía siquiera chances de adivinarla.

El autor parece haberse divertido mucho incorporando este tipo de humor en la historia.

El punto máximo se encuentra en el famoso capítulo XVII, “La disertación sobre cuartos cerrados”, donde la trama se desvía para que el Dr. Gideon Fell brinde un texto fascinante que repasa todas las creativas formas en las que es posible matar en un cuarto cerrado.

Acá el protagonista incluso rompe la cuarto pared al decirle a toda su audiencia que están dentro de una novela de misterio. No voy a explayarme mucho en ese capítulo porque ya lo hice en esta otra nota.

El misterio desde lo didáctico

Una crítica generalizada hacia El hombre hueco es que la historia es dialogada más que experimentada.

Los detectives descubren los crímenes en los primeros episodios y el resto de la trama se desarrolla a partir de diálogos y discusiones que van armando el rompecabezas. Este acercamiento hoy se siente un poco desactualizado cuando lo comparamos con recientes novelas de misterio más enfocadas en la acción, pero permite tener una mirada más profunda al crimen y los motivos detrás.

Carr es muy didáctico a la hora de exponer el crimen, y creo que tiene cierta intencionalidad.

Si partimos bajo la hipótesis de que su novela es más una parodia del género que busca evidenciar los elementos típicos, ponerlos en relevancia y burlarse (en algún punto) entonces tiene sentido también que sea tan expositiva.

Por supuesto, todos son sospechosos del crimen, especialmente las personas que estuvieron en la casa esa noche, y los invitados al pub donde apareció Pierre Fley con sus amenazas. Lo interesante es cómo el enigma se va tornando más extraño y bizarro a medida que las piezas comienzan a caer en su lugar.

Preguntas sin respuestas

Partiendo de la extraña desaparición del asesino en un cuarto herméticamente cerrado, los investigadores intentan descifrar las misteriosas últimas palabras de Grimaud, su relación con Pierre Fley, un saco que parece cambiar de color, un cuarto secreto en la calle Cagliostro (lleno de artilugios propios de un mago), las coartadas de todos los habitantes de la casa y el extraño cuadro de tres ataúdes que formó parte de la escena del crimen.

No faltan evidencias, sólo conectores que permitan darle sentido a todo.

Los secretos comienzan a revelarse gracias al conocimiento enciclopédico de Gideon Fell quien, como Holmes, parece ser una Wikipedia humana. Así nos enteramos de una historia relacionada con Transilvania, el vampirismo y los tres ataúdes.


La atmósfera es muy desconcertante a medida que la ilusión de este gran truco de magia se va construyendo. De hecho, la magia y la ilusión juegan roles fundamentales en la historia.

Palabras finales

El hombre hueco es una de las más grandes novelas de misterio y definitivamente una de mis lecturas favoritas del año. Sin embargo, creo que es importante destacar que solamente un verdadero aficionado de lo detectivesco va a sentirse cautivado con la historia.

Es una novela relativamente larga que abunda en muchas descripciones y parodia elementos del género (con lo cual, conocer bien cuáles son esos elementos es casi un requerimiento para que ésta sea disfrutable).

No sería mi recomendación para alguien que se va a iniciar en este tipo de historias (por ejemplo, hay cuentos de John Dickson Carr que son cortitos e igualmente efectivos, éste es uno de mis preferidos).

Sin embargo, quienes se atrevan a leerla se encontrarán con una trama endemoniadamente ingeniosa y perturbadora, con muchísima atención al detalle y grandes giros argumentales.

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