viernes, 17 de noviembre de 2017

Filosofía a la mano (III) – Kant: en busca de una ley universal


Tercera parte de esta sección del blog donde intento, humildemente, desenredar las principales ideas de los más grandes pensadores filosóficos (o, por lo menos, de los que más me atraparon). En ocasiones pasadas hablé de Nietzsche (El filósofo del martillo) y de Sartre (La condena de ser libre).

Hoy le toca el turno al alemán Immanuel Kant, un filósofo fascinante que tuvo todo una escuela de pensamiento. Sin embargo, acá me voy a centrar únicamente en sus teorías relacionadas con la ética, quizás su postura más conocida.



El planteo general de Kant se engloba dentro de las éticas del deber. Hay principios o normas universales que deben respetarse. Hablamos de una ética de principios.

En contraposición a lo que planteaban muchas teorías consecuencialistas (la idea de la felicidad como fin último, o de “el fin justifica los medios”, por mencionar algunas), el alemán planteó que no se puede justificar ni fundamentar la corrección moral de una acción en sus buenas consecuencias o en la búsqueda personal de la felicidad.

Para explicarse, desarrolló la popular teoría que fue el resultado del racionalismo ilustrado. Su premisa es que la única cosa buena en sí misma es la “buena voluntad”. Por ese motivo, una acción solamante puede ser considerada como “buena” si su máxima —el principio subyacente— obedece a la ley moral.

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El Imperativo Categórico: la ley moral de Kant

Dicha ley moral es el Imperativo Categórico, término que Immanuel Kant empleó por primera vez en su texto Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785), el primero de sus trabajos en relación a la filosofía de la ética.

El concepto busca funcionar como una suerte de mandamiento autosuficiente y autónomo (independiente de toda ideología y religión). Sería capaz de regir el comportamiento humano en todas sus manifestaciones.


El delicado balance de la ética...


En el libro mencionado, el autor va formulando una idea del imperativo categórico en diversas formas. Dice, por ejemplo:
«Obra como si la máxima de tu acción pudiera convertirse, por tu voluntad, en una ley universal de la naturaleza

Y más adelante:
«Obra de tal modo que uses a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio

O una más poética que me encanta, también del mismo libro:
«Obra como si por medio de tus máximas fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de los fines

Crítica de la razón práctica

Unos años más tarde, en Crítica de la razón práctica (1788), condensó éstas en la Ley Moral más conocida: 

«Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad siempre pueda valer como ley universal

Lo que, en pocas palabras y de modo práctico, significa es que debemos actuar del modo que queremos ser tratados por el otro, y no comportarnos del modo en que no queremos que se comporten con nosotros.

Entonces, para Kant el hombre debe actuar por deber, y tal deber es un imperativo. ¿Qué significa esto exactamente? Por definición un imperativo es algo que no tiene condiciones, es absoluto. No lo impone la sociedad, una autoridad externa o un Dios; tampoco nuestras propias creencias. 

Nos lo imponemos nosotros porque somos seres racionales.

Dicho de otro modo: ¿por qué no se debe, por ejemplo, mentir? Porque si todo el mundo mintiera, es decir, si el acto de mentir fuera una ley universal del hombre, entonces no podríamos funcionar como sociedad, no podríamos crear contratos sociales, tener amistades o ganar confianza con alguien. 

¿Qué clase de ser racional querría eso para una sociedad?

La voz de la razón, dice Kant, se nos impone como un deber porque somos seres racionales imperfectos, dotados de inclinaciones y deseos que nos impulsan lejos de la razón, y más cerca de la emoción, de lo salvaje. Si en cambio fuésemos seres racionales perfectos (dotados únicamente de razón) entonces la voz de la razón no sería un deber, llegaría natural y espontáneamente.

La letra chica de la Regla de Oro

Lo curioso es que esta idea de tratar al prójimo como queremos que nos traten a nosotros (o cualquier variación del concepto) no era nueva en lo más mínimo. Kant lo único que hizo fue darle un contexto racional y científico, estableciendo bases más sólidas que “porque lo dijo Dios”.

Esta regla de oro parece ser incluso más antigua que el lenguaje escrito. La mayoría de las religiones y filósofos utilizaron alguna de las tantas versiones diferentes entre sus códigos morales. Lo cierto es que este principio moral es el más común para basar la idea de la ética, pero tiene sus problemas técnicos.

Por ejemplo, técnicamente esta formulación no tiene en cuenta las diferencias en gustos y preferencias. Quizás uno podría (mal)interpretar de la ética kantiana que hay que tratar a todos de acuerdo con las preferencias propias porque así es como nos gustaría que nos traten.

Ejemplos tontos: “amo las películas de zombies así que impongo que todos vean siempre películas de zombies”, o bien, “me gusta el sadomasoquismo así que nalgueo a todos en la oficina cuando entro por la mañana”.

Primer gran error de interpretación: lo que queremos es tratar a los demás respetando sus diferencias y preferencias, lo que implicaría que los otros puedan respetar las nuestras.

Vamos con otra cuestión técnica de la regla de oro de Kant: no tiene en cuenta el contexto. Así, un criminal siempre puede argumentar que él no quiere ser condenado por sus actos, del mismo modo que el juez tampoco quiere ser condenado. Otra falla en el razonamiento porque los contextos son bien distintos (el juez no cometió el crimen).

Entre otros tecnicismos que se derivan de la ética kantiana tenemos el hecho de que uno puede tratar a los otros como quiera siempre que no los reconozca como “otros”. Hay psicópatas que creen que los demás no son reales, y cuando matan no van en contra de la ética kantiana porque ellos no lo ven así. Es cierto que la Ley Moral, de por sí, estipula que el otro existe por naturaleza, pero también existen filósofos que pusieron en duda la posibilidad de que todo lo que no somos nosotros realmente exista (solipsismo).

Criterios para una norma universal

Volvamos a Kant y su imperativo de la razón. El filósofo dice: "Actúa solo según una máxima (norma o regla) tal que puedas al mismo tiempo querer que se convierta en ley universal". Actuar correctamente nos obliga a tratar a las personas –incluso a uno mismo– no como medios, no como “utilidades”, sino como fines en sí mismos.

Más allá de las cuestiones técnicas que puedan salir de malinterpretar o, incluso, sobreanalizar su postulado, él propone dos criterios para comprobar la universalidad de una norma.


 ¿Cómo no confiar en esta carita angelical?

El primero es el criterio de autocontradicción.
Hay reglas que son imposible de pensar como leyes universales porque si todo el mundo las cumpliera entrarían en conflicto. Pensemos en en esta idea: está bien hacer promesas falsas. Luego las promesas falsas se vuelven universales, absolutas. En un mundo donde todas las promesas realizadas son falsas, es imposible hacer promesas falsas (porque al saber que era falsa todos sabrían que no era una promesa).

El segundo es el criterio de la inaceptabilidad.
Existen reglas que, si todo el mundo las cumpliera, resultarían inaceptables para los seres racionales. “No hay que ayudar a nadie si no hay beneficio útil”. Es racional pensar que todos necesitamos ayuda alguna vez, pero bajo esa premisa nadie querría ayudar a otra persona.

Los enemigos de Kant

La crítica principal a estas normas morales es, justamente, que no admiten excepciones. Han de cumplirse en toda circunstancia, sean cuales sean las consecuencias: nada cambia si, en un caso determinado, tendría mejores consecuencias, por ejemplo, no decir la verdad.

Supongamos este caso: alguien ha jurado matar a tu hermano, quien se esconde en tu casa. El asesino se acerca a tu puerta y te pregunta si él está adentro. Según Kant, lo correcto es decir la verdad, porque si todo el mundo mintiera, vivir en sociedad no sería posible. Ahora: ¿es lo correcto mandar a tu hermano a una muerte segura?

Podemos pensar un poco más allá. ¿Cambia el ejemplo si en lugar de un hermano fuera un primo lejano, un padre, un desconocido o el mismo Hitler? ¿Cambia en algo si el asesino tiene motivos válidos para buscar el crimen? Acá es donde comienzan a aparecer los grises en la ética kantiana: no podemos considerar una única regla de oro como la manera absoluta de justificar nuestro accionar. 

El contexto, las circunstancias, las consecuencias, las motivaciones, los involucrados… todo suma a la hora de decidir nuestro comportamiento.


En segundo lugar, otro problema es el siguiente. Si las acciones correctas dependen de normas morales, ¿entonces no son obligatorias? ¿Qué ser racional se rige realmente por una moral forzada, impuesta? ¿Por qué no incluir diferentes grados de moralidad, como el hecho de que una mentira parece tener mayor valor moral si es por una buena y desinteresada causa que si es por una inclinación egoísta?

Los muchos críticos de Kant le han objetado este carácter absolutista de su teoría. Debido a que no atiende a las circunstancias particulares de cada caso, nunca tiene en cuenta las consecuencias de las acciones. Recuperando el ejemplo anterior: el deber obliga a no mentir, ¿pero no es de una inmoralidad gravísima decir la verdad sobre una familia judía escondida de una patrulla nazi?

Palabras finales

Immanuel Kant es considerado el último gran pensador de la modernidad y el primero de la Filosofía Contemporánea. Es contemporáneo no porque vive con nosotros (ciertamente ya debe estar bastante descompuesto desde 1804) pero porque sus ideales pueden ser pensados e interpelados todavía en nuestros días.

Obviamente su obra se extiende a temas mucho más amplios que la ética, que consolidó principalmente en Crítica de la razón práctica. Comprometido con el empirismo y el racionalismo, sus estudios buscaron reinterpretar la metafísica (es decir, la estructura y naturaleza misma de la realidad), la estética y la teleología, la doctrina filosófica de las causas finales.

Si bien disfrutaba del mundo, Kant pasó casi todos sus 80 años encerrado en su oficina, escribiendo, meditando, reflexionando. Fue un verdadero erudito que se limitaba lo estrictamente necesario al mundo banal. 

Cabe pensar si es posible tener una Ley Moral Universal para vivir de alguien con estas características.

Lo cierto es que la ética kantiana, aunque incompleta, fue revolucionaria y sigue siendo influyente en el día de hoy. 

En el campo de la ética medicinal, se sigue discutiendo si el aborto debería ser defendido de acuerdo a la Ley de Kant. ¿Deben ser tratados como fines en sí mismos los humanos que no son racionales debido a la edad (como los bebes y fetos) o a discapacidad mental, equivalentes a un adulto racional como la madre que busca el aborto? Y desde el otro lado del ring, ¿no debería una mujer ser tratada como una persona autónoma con dignidad y control sobre su propia cuerpo?[1]

Como toda buena teoría filosófica, no es concluyente en sí misma sino que funciona para seguir interrogándonos, para disparar preguntas en lugar de brindar respuestas concretas.

La ética de Kant continúa siendo el intento más influyente y paradigmático por afirmar principios morales universales sin referencia a las preferencias, contexto, o a un marco religioso. Las concepciones de justicia y de derechos humanos siguen con la esperanza de poder identificar ciertos principios universales, pero éstos se ven constantemente en conflicto con la realidad práctica. 

La vida no es blanco o negro; tiene grises, con toques de amarillo y manchitas de color naranja.

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2 comentarios:

  1. Hola, Luciano:
    Vengo directo desde el blog de Frodo, donde he disfrutado leyendo la entrevista que te realiza http://frodorock.blogspot.com.es/2017/11/entrevista-luciano-sivori-escritor-de.html#comment-form
    Te agradezco el tono sincero y positivo con el que conversas sobre tu vida. La lectura de vuestra conversación me ha resultado muy animosa de cara a plantearme dar realidad a mi ensoñación creativa.
    Te deseo la mayor de las suertes, Luciano.
    (Enhorabuena por tu texto sobre Kant, es que el comentario se estaba alargando en exceso)

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    1. Hola, Nino, ¡qué bueno recibirte por acá! La entrevista con Frodo tuvo eso de mágico. Me gusta poder hablar de esa forma, como si estuviéramos tomando un café a distancia.
      Espero que te guste el blog.
      ¡Saludos!

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