jueves, 12 de octubre de 2017

Aprendiendo a crecer: Edgar Wright y la trilogía Cornetto


Me gustó mucho Baby Driver¸ la nueva película de Edgar Wright. Su estreno me pareció el momento ideal  para hablar de la trilogía de películas del genial realizador: la llamada trilogía Cornetto. Tres películas con un mismo dúo protagónico (Simon Pegg y Nick Frost), tres géneros diferentes y una temática compartida sobre el pasaje hacia la adultez.


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Baby Driver: reseña sin spoilers

Mi calificación: 8/10

Baby (Ansel Elgort) es un joven y talentoso conductor especializado en fugas en busca de una salida de su vida criminal. Pero el jefe de la banda (Kevin Spacey) lo fuerza a dar un último gran golpe que amenaza su vida.

Cada nueva película de Edgar Wright es festejada por el mundo cinéfilo. Hasta ahora, su filmografía no ha dejado de brillar en creatividad por donde se la mire. Afortunadamente, con Baby Driver pasan dos cosas: es súper creativa (como sus producciones anteriores) pero al mismo tiempo el director no se repite a sí mismo.

La película –que balancea comedia, música y grandes persecuciones, con escenas de acción gloriosas– se encuentra entre las mejores obras del género junto a John Wick 2 en lo que va del año.

Claro que si a uno le da lo mismo ver esta película que otra como, digamos, Persecución al límite o cualquiera de las de “Rapido y Furioso”, entonces este trabajo de Edgar Wright no va a ser más que una pochoclera más del montón. Aunque realmente no lo es.

El principal artilugio –y que le valió las alabanzas de la crítica– es que toda la historia da vueltas en torno a la música, desde la edición hasta los diálogos. Como Baby necesita estar constantemente conectado a su i-pod, el desarrollo esencialmente parece un gigante video musical meticulosamente planeado. Sólo esta maravilla técnica hace que valga la pena verla.

Pero además, la música está muy en tono con cada escena y es funcional a la narrativa, a diferencia de otras películas (me viene a la mente Suicide Squad como clásico ejemplo) que colocaban canciones “cool” y rockeras porque sonaban bien y listo.

En ese sentido, Wright, un director reconocido por su atención al detalle y las sutilezas, se destacó nuevamente. Aunque sería injusto no mencionar que el resto de la película funciona muy bien también.

Hay una subtrama romántica que me resultó simpática, los personajes son todos muy particulares y llamativos (me gustaron Jon Hamm y Jamie Foxx especialmente) y la historia, si bien sencilla, cumple.


Si puedo objetarle algo, el último acto se estira un poco más de lo necesario y el personaje de Kevin Spacey me resultó poco convincente. Es más, sobre el final Frank Underwood comienza a hacer algunas cosas que no tienen demasiado sentido y me hicieron ruido. Hay una cosa que tiene el director que es que no sabe bien cuándo (ni cómo) cerrar sus historias.

Sin embargo, Baby Driver es muy disfrutable incluso para el espectador casual. De todas formas, van a ser los verdaderos amantes del género de robos y persecuciones (las llamadas “caper stories”) quienes le vean el atractivo real. Estuvo hecha con mucho amor y respeto por este tipo de historias.

En conclusión: vibrante y conceptualmente original, Baby Driver presenta una trama tierna inmersa en un delirante policial, tienes desvíos argumentales interesantes, muchas buenas ideas y una dosis de acción técnicamente impecable. La cuota justa para entretener de principio a fin. La película más cool del año.

El origen la de trilogía Cornetto

Ahora sí: hablemos de la trilogía Cornetto.

Una de las mejores parodias de zombies de la historia del cine, Shaun of the Dead (2004), es oficialmente la primera película de la trilogía, pero no fue concebida como una primera de tres partes.


El nombre de la trilogía Cornetto surgió, de hecho, como un chiste tonto durante la promoción de Hot Fuzz (2007), comedia que parodia el género de acción. El director Edgar Wright había escrito que el helado Cornetto funcionaría como una cura para la resaca en el personaje de Nick Frost de Shaun of the Dead.

En Hot Fuzz decidió incluir algunos guiños más relacionados con el helado Cornetto. Fue entonces cuando Wright comenzó a bromear que el helado representaba una trilogía comparable a la Trilogía de los Tres Colores del director polaco Krzysztof Kieślowski.

Un sabor para cada género

La cosa va más o menos así.


El Cornetto sabor fresa (el rojo) representa a Shaun of the Dead, la primera película de esta trilogía estrenada en el 2004. En esta divertidísima comedia, los protagonistas tienen que sobrevivir a una oleada de zombies mientras buscan refugio en su bar favorito. De paso, porque hay algo de romance en el medio, uno de ellos intenta de reconquistar a su ex novia.  De esa forma, el color del helado representa la sangre y los elementos gore de la película.

Tres años después, en el 2007, llegó Hot Fuzz, con el sabor de chocolate y vainilla, en el clásico envoltorio azul (representación de los elementos policiales de la historia). Esta película es un gran homenaje al cine de acción. Un rígido policía de Londres es transferido a un pueblo de mala muerte donde, poco a poco, se va revelando una oscura conspiración y un misterioso asesino.

Todo llega a su fin (literalmente) con The World’s End (2013). Cinco amigos se reúnen, luego de muchos años, para realizar un reto que les quedó pendiente en su pueblo natal: hacer un recorrido por 12 bares. Con cada nueva cerveza que toman, empiezan a notar que los residentes no son quienes parecen ser. Acá se juega con historias de ciencia ficción, y el helado Cornetto que la representa es el verde, el de menta con chips de chocolate. El verde es un color indudablemente relacionado con la vida extraterrestre.

Las conexiones de la trilogía Cornetto

Lo más curioso de esta trilogía es que, para nunca haber sido pensada como tal, tiene una buena cantidad de conexiones a nivel argumental y también guiños entre una película y otra.

En particular, cada una parece indicar un pequeño paso en el dificultoso proceso de aprender a crecer. Si Shaun of the Dead nos habla del estrés que provoca la idea de encontrar un trabajo y establecerse, dejar de ser un niño para adoptar las responsabilidades de un adulto, Hot Fuzz nos enseña que el trabajo tampoco hay que tomárselo tan en serio.


Si bien los personajes interpretados por Simon Pegg en cada historia son diferentes, el primero es un vago renegado que quiere continuar jugando videojuegos con su amigo y ser un niño eterno, mientras que el segundo se fue al otro extremo y vive sólo para el trabajo.

La tercera película (The World’s End) es la búsqueda del equilibrio entre estas dos posturas extremas y es sobre encontrar paz con tu propia edad y lugar en el mundo. El final de esta trilogía nos muestra la importancia de equilibrar el juego, la diversión y los amigos, con el trabajo, la realización personal y las responsabilidades.

Lo brillante de esta última entrega es cómo está pensada en cada detalle. Por ejemplo, cada uno de los 12 bares tiene un nombre representativo con la trama. “The Cross Hands”, por mencionar un caso, es donde se arma una pelea que dispara el conflicto principal.

Una lección fallida

Pero estas películas son comedias que no buscan ningún tipo de profundidad, y además Edgar Wright es conocido por su humor paródico y, en algún punto, ácido.

Las tres películas nos hablan sobre el proceso de aprender a crecer, balanceando nuestra vida entre diversión y responsabilidades. Y, sin embargo, el protagonista (Simon Pegg) falla en aprender la lección en cada uno de los tres relatos de la trilogía Cornetto.

En Shaun of the Dead, sobre el final de la película, el protagonista Shaun –un vago sin rumbo ni ambiciones– logró convencer a su novia de adoptar el estilo de vida sin preocupaciones que él mismo lleva. (¡y su amigo quedó hecho zombie!)


En Hot Fuzz, luego de vencer a la sociedad secreta que estaba asesinando a todos en el pueblo, el protagonista Nicholas Angel continua siendo un policía duro y correcto que se niega a tomárselo con calma y rechaza todo tipo de bromas y estereotipos culturales del trabajo de policía. No aprendió nada.

Por último, The World’s End cierra con una conclusión lógica: las tres historias nos hablan sobre aprender a madurar, pero la maduración es imposible si uno no la busca realmente. Sobre el final, Gary King se rehúsa a aceptar las trampas de la vida adulta y, literalmente, ocasiona el fin del mundo como lo conocemos.

Las consecuencias de la trilogía Cornetto nos llevan a pensar que el idealismo de los vagos irresponsables que se niegan a crecer puede destruir el mundo entero. No, no hay lección moral en estas historias.

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lunes, 9 de octubre de 2017

Filosofía a la mano (II) – Sartre: la condena de ser libre


Segunda entrada dedicada a resumir los pensamientos de mis filósofos favoritos. La primera vez hablé de Nietzche, el filósofo del martillo

Hoy le toca a Jean-Paul Sartre.

Sartre fue un filósofo, escritor, crítico literario y dramaturgo francés que vivió entre 1905 y 1980. Es considerado uno de los más brillantes pensadores de este siglo y es el principal exponente del existencialismo, una corriente filosófica que se interesa profundamente por la condición humana, la responsabilidad individual y la libertad.

La vida de Jean-Paul es de película. Fue soldado y prisionero de guerra, tenía estrabismo, tuvo varios oficios (por ejemplo, trabajó de meteorólogo), rechazó el premio Nobel de la Literatura y fue compañero de vida de Simone de Beauvoir, personaje histórico fundamental para la corriente feminista. 

El escritor reflexionó sobre la soledad, la angustia, la muerte y la libertad, entre otros grandes temas de lo Filosofía.

En esta nota voy a exponer, de manera muy generalizada, su pensamiento filosófico. Pero para darle un giro más dinámico, lo voy a hacer a través de tres de sus frases más importantes.

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1.- “La existencia precede a la esencia

El existencialismo es un humanismo (1946) es un ensayo –que primero fue una conferencia– tan importante que es hasta considerado el manifiesto de los existencialistas. De allí surge la que probablemente sea la frase sartriana por excelente, y que engloba gran parte de sus ideas.


Imaginemos por un momento que decidimos crear una silla desde cero. Antes de construirla, tenemos muy claro su propósito, su “destino”, por decirlo de alguna manera: sea como sea su diseño, tiene que servir para sentarse. Este propósito es la esencia de la silla, y existe mucho antes de que la misma sea construida.

Ahora construimos la silla y entonces la silla ya existe en el mundo. ¡Eureka!

Para Sartre, la silla y otros objetos que carecen de consciencia eran los que él llamaba “un ser en sí”. Sin embargo, el ser humano, a diferencia de una silla, tiene consciencia, y por lo tanto, es un “ser para sí”. Un ser indefinido que se construye en el tiempo a través de sus decisiones y sus actos.

Acá vale hacer esta aclaración: Sartre fue ateo, y su corriente filosófica se corresponde con el “existencialismo ateo”. Para él no hay Dios que nos haya creado. Por lo tanto, la vida del ser humano no tiene ningún propósito predefinido por algún poder superior. Las personas no llegan al mundo con una visión específica y determinada. Esto hace que el ser humano tenga libertad plena y absoluta para elegir su propio destino en la vida.

El hombre no es definible, cuando nace no es “nada”. Sólo será después, y será tal como se haya hecho. No hay una “naturaleza humana” porque no existe un Dios que pueda concebirla. Estas ideas Sartre las profundiza en otros de sus grandes textos: El ser y la nada (1943).

Así, el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Este es el primer principio del existencialismo: el hombre será, ante todo, lo que haya proyectado ser.

Para Sartre, los humanos venimos al mundo (“existimos”) y después elegimos el propósito de nuestra existencia. Nos creamos una esencia sobre la marcha, improvisando sin guiones ni ensayos.

Dice Sartre: 
Sólo cuenta la realidad; los sueños, las esperas, permiten definir a un hombre como sueño desilusionado, como esperanzas abortadas, como esperas inútiles”. 

Es decir, define al-que-espera de forma negativa. El hombre tampoco es un fin, porque siempre se está realizando.

El existencialista es un humanista porque ésta es una filosofía de la acción y del movimiento. La dignidad humana está en su libertad, es su categoría antropológica fundamental y gracias a la cual el hombre siempre trasciende de su situación concreta, aspira al futuro sin estar determinado por su pasado, traza metas y, en ese proceso, construye su ser… construye su esencia.

2.- “El hombre está condenado a ser libre”

Para Sartre, ningún Dios, gobierno, religión o sociedad debe dictarnos nuestro propósito en la vida. Somos nosotros quienes no podemos evitar tener que decidirlo por nosotros mismos, es una sentencia de la que es imposible escapar. Y, lo que es peor, somos responsables por todo aquello.

Sin embargo, tanta libertad es también una condena ya que la libertad genera angustia, una angustia que –dice Sartre– es existencial.

Imaginemos que queremos comer una empanada. Vas a la única rotisería de la ciudad y te dicen que sólo tienen empanadas de carne. No tenés la libertad de elegir otro tipo, así que comprás media docena y te vas cómodamente del local. La no-elección brinda conformidad ya que sólo es necesario obedecer. Y, sin decisiones, la vida es más fácil.

A esto Sartre también se va a oponer argumentando que, en casos extremos como éste, la no-elección es también una forma de elegir. Podemos simplemente no comer empanadas de carne y, si fueran la única comida del mundo, elegir morir de hambre.

Así, llegó al extremo de decir que el que está por ser ejecutado en la hoguera es también libre de decidir si va a morir aceptándolo, llorando, quejándose, con los ojos abiertos, cerrados…

Acá quiero abrir un paréntesis para aportar un intertexto.

Sartre es mi filósofo de cabecera, y he leído suficientes cosas de él como para aceptar que sus ideas respecto a la vida están más de acuerdo conmigo que cualquier otro pensador. Por eso también busqué desparramar un poco de su filosofía en mi primer novela, Un verano para recordar.

Este es un fragmento donde dos de los personajes discuten al pensador frances.

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—Lo que quiero decir –siguió ella– es que esas son cosas sin sentido. No estoy de acuerdo en que haya un único amor predestinado, incluso me parece triste. Me gusta más creer que eso lo elige cada uno y que depende de nosotros, de nadie más. “El hombre nace libre, responsable y sin excusas”. No podemos atribuirle a Dios o al destino las cosas que nos pasan o nos dejan de pasar. Cada uno debe hacerse responsable de sus actos, y de las cosas que le tocan vivir.
Nicolás se mostró sorprendido.
—No sabía que fueras tan existencialista, no dejás de asombrarme. Ahora me vas a decir que “estamos condenados a ser libres”, ¿no?
—¡Exacto! No es que sea fanática de Sartre, pero hay muchas cosas de él que son ciertas. Esa frase es tan simple y a la vez tan compleja que me resulta increíble… La libertad es una condena porque nunca podemos dejar de elegir.
—Acordate que estás hablando de una persona que en 1940 llegó a escribir que en manos del verdugo, mientras nos están torturando, somos libres porque podemos confesar o no, dejarnos morir o no. Eso me parece un poco excesivo –opinó Nicolás, orgulloso de sus distinguidos conocimientos de filosofía.
—Sí, y en 1976 se retractó admitiendo haber sido demasiado extremista –finalizó Valentina.
—No creí que fueras tan…
—¿Tan qué?
—No sé, tan… así.
—Todavía no me conocés bien –bromeó.
—De todas maneras sigo pensando que nada en la vida es casualidad, hay un motivo para todo lo que sucede en este mundo… Cada uno de nosotros tiene un camino a seguir, un sendero marcado por señales. Dios no juega a los dados con nosotros, me gusta creer eso. ¿Te conté alguna vez cómo nos conocimos?

(“Un verano para recordar”, 2013, fragmento)


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Volvamos al ejemplo de las empanadas, que es interesante.

Supongamos ahora que volvemos a la rotisería a la semana siguiente y tienen una variedad impresionante de empanadas: pollo al champiñón, carne cortada a cuchillo, cerdo a la barbacoa, jamón y queso, napolitana, panceta y huevo, atún… y treinta variedades más.

Si sólo podés comprar un sabor (o, al menos, una cantidad limitada de sabores, debido a que los recursos económicos son escasos) el sentimiento de angustia te embarga. Temés no elegir el sabor más rico, el más adecuado. Pero hacés un esfuerzo y te decidís por media docena de cerdo a la barbacoa. Apenas le das el primer mordisco a la primera, te arrepentís y pensás que habría sido mejor llevarse tres de verdura y tres de atún, para que no caigan tan pesadas.

Usualmente experimentamos la angustia de elegir una carrera, una pareja, la compra de un bien. Tener libertad equivale a sentir angustia porque tomar una decisión implica que dejamos de tomar todas las demás. Esa es nuestra dulce condena.

3.- “Un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”

Como dije: el hombre existencialista es el que se define por la acción, por el movimiento. El hombre no nace, se hace.


Pero a pesar de que la filosofía sartreana es una filosofía sobre la libertad, también acepta que hay factores sobre los que no tenemos control. No elegimos nacer en cierto país, con un sexo determinado, una raza y una familia específica. Sin embargo, en cierto momento de nuestra vida adulta tenemos la opción de escoger, por nosotros mismos, otro lugar de residencia, una ocupación, una segunda familia (pareja, hijos…) y nuestro círculo de amigos..

En otras palabras, podemos elegir lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros.

Me gusta pensar de esta manera: nacemos con una mano de cartas al azar. Puede ser una buena mano (una buena familia, en un país del primer mundo, con posibilidades económicas, con salud, etc, etc) o puede ser una mano, dicho mal y pronto, de mierda. Pero somos nosotros quienes elegimos cómo jugamos con esas cartas que nos salieron.

Ciertamente el tema es mucho más complejo que eso, porque saber cómo jugar las cartas involucra cierta madurez mental, el uso de estrategias y, al final del día, de la misma suerte con la que uno nace.

Palabras finales

Hay muchas otras ideas de Sartre que no trabajé en esta nota.

Su frase “El infierno son los otros”, otra de sus esenciales, tiene implicancias interesantes. La dejé de lado porque es más bien paralela a sus ideas fundamentales. Pueden revisar lo que hay detrás de este concepto en mi nota sobre su obra dramática A puerta cerrada (No Exit) que analicé en esta otra nota.

Sartre nos invita a ser conscientes de nuestra libertad y a tratarla con responsabilidad. Hay cierta facilidad en el hecho de obedecer ciegamente a una religión, a un gobierno o a un sistema económico. 

El que obedece ciegamente, no necesita pensar por sí mismo. Limitarse a obedecer es cómodo, pero eso no nos diferencia de una silla o cualquier otro objeto inanimado. Eso sí: en el momento en el que nos damos cuenta de que somos libres, comienza el duro proceso de sentir angustia: ¿qué hacemos con esto que tenemos? ¿Qué hacer de nuestra vida, de nuestra libertad?


El filósofo nos invita a reflexionar sobre esta pregunta y lidiar con la angustia que la acompaña indisolublemente. Nos desafía a construirnos a nosotros mismos sabiendo, de antemano, que somos un proyecto que finalizará, inevitablemente, con el día de nuestra muerte.

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jueves, 5 de octubre de 2017

17 consejos para ser mejor escritor (humor)


Éste es bastante viejo, y el autor quedará anónimo por toda la eternidad, perdido entre las páginas de Internet. Pero lo recordé hace unos días y es simplemente muy bueno. Quería compartirlo con los escritores que siguen el blog.


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“17 consejos para ser mejor escritor”

1. Lo primero es conoser vien la hortografia.
2. Cuide la concordancia, el cual son necesaria para que Vd. no caigan en aquellos errores.
3. Y nunca empiece por una conjunción.
4. Evite las repeticiones, evitando así repetir y repetir lo que ya ha repetido repetidamente.
5. Use; correctamente. Los signos: de, puntuación.
6. Trate de ser claro; no use hieréticos, herméticos o errabundos gongorismos que puedan jibarizar las mejores ideas.
7. Imaginando, creando, planificando, un escritor no debe aparecer equivocándose, abusando de los gerundios.
8. Correcto para ser en la construcción, caer evite en trasposiciones.
9. Si ud, parla y escribe en castellano, O.K.
10. Si algún lugar es inadecuado en la frase para poner colgado un verbo, el final de un párrafo lo es.
11. ¡¡¡¡Por el amor de Dios!!!! no abuse de las exclamaciones.
12. Poné cuidado en las conjugaciones cuando escribéis.
13. No utilice nunca doble negación.
14. Es´ importante u´sar los apóstrofe's correctamente.
15. Procurar nunca los infinitivos separar demasiado.
16. Relea siempre lo escrito, y vea si palabras.
17. Con respecto a frases fragmentadas.

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lunes, 2 de octubre de 2017

“El hombre hueco” (1935), una novela de John Dickson Carr


Cualquier amante del género policial merece tomarse su tiempo para repasar esta obra americana de John Dickson Carr.

“El hombre hueco” (The Hollow Man) es una novela detectivesca de tipo cuarto cerrado donde vemos no uno, sino dos crímenes imposibles. Asesinatos que sólo podrían haber ocurrido no sólo si el perpetrador hubiera sido invisible, sino además más ligero que el aire.

Fue publicada originalmente en 1935 y se la puede encontrar también bajo el nombre The Three Coffins (“Los tres ataúdes”), que fue el título inicial que recibió para su distribución en Estados Unidos.

En mi opinión, este título es más acertado que el alternativo ya que indica tanto la triple estructura, desde un aspecto formal, como también el tema principal de la novela.

Varios años después, en 1981, un jurado de 17 críticos y autores de misterio la seleccionaron como la mejor novela de tipo cuarto cerrado de todos los tiempos. Otro dato de color: entre los diez primeros lugares hay cuatro novelas del mismo autor, tanto bajo su nombre como con su seudónimo: Carter Dickson.

El Misterio del Cuarto Amarillo, de Gastón Leoroux (que reseñé en esta otra nota) quedó tercera.

Carr, de hecho, es considerado el gran maestro de este tipo de misterios, y su detective, el doctor Gideon Fell, ha protagonizado 23 obras del autor. “El hombre hueco” es la sexta aventura de Fell, un personaje que le hace frente tanto a Sherlock Holmes como al mismo Padre Brown de Chesterton (con quien comparte varios parecidos).

Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares seleccionaron esta novela para sea la #40 de El Séptimo Círculo, célebre colección argentina que editó 366 novelas policíacas entre 1945 y 1983.

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La muerte nos sigue de cerca

La historia comienza en un bar donde el experto en brujería y misticismo, el Professor Grimaud, está entreteniendo a sus comensales con algunas historias de terror. Entonces llega un ilusionista, Pierre Fley, quien le da una oscura advertencia: el hermano de Fley quiere sangre, y va a buscar a Grimaud para asesinarlo.


Al poco tiempo, una noche, un hombre alto llama a la puerta y atiende la ama de casa de Grimaud. El hombre, que parece utilizar una máscara de papel maché, sigue por las escaleras hasta el estudio del profesor.  Ambos se encierran, se escucha un disparo y al abrir nuevamente la puerta, Grimaud está muerto y el extraño no está por ningún lado.

Cuando la investigación se inicia, Pierre Fley es obviamente el primer sospechoso. El problema es que, no muchos minutos después de la muerte de Grimaud, alguien le dispara a Fley en un callejón sin salida, con el mismo arma que mató al profesor y de la misma forma imposible.

Me encantó la atmósfera que creó Carr con El Hombre Hueco, una novela que tiene casi cien años pero que bien podría funcionar en nuestros días. Todo el libro es misterioso y críptico y la solución (que no pienso arruinar acá) es tan lógica como sorprendente.

Una obra metatextual

Lo que más me sorprendió de El Hombre Hueco fue que, además de ser una obra ejemplar de una historia de detectives, con todos los componentes típicos que suele presentar el policial de enigma, es también un parodia cariñosa que se ríe un poco de los estereotipos del género.

En varios momentos el Dr. Fell sugiere al resto de los investigadores y testigos (así como a nosotros, los lectores) que debemos dejar de lado el sentido agudo y crítico de la realidad para poder pensar en crímenes imposibles, un concepto que se conoce como “suspensión de la incredulidad” en la narrativa.

Así, hay varios guiños metatextuales hacia el lector, como si Carr supiera que este tipo de misterio estaba llegando al final de su ciclo y quisiera despedirlo a lo grande. 

Esto se refuerza con la solución del crimen que, si bien es lógica, es tan absurdamente compleja que ningún lector tenía siquiera chances de adivinarla.

El autor parece haberse divertido mucho incorporando este tipo de humor en la historia.

El punto máximo se encuentra en el famoso capítulo XVII, “La disertación sobre cuartos cerrados”, donde la trama se desvía para que el Dr. Gideon Fell brinde un texto fascinante que repasa todas las creativas formas en las que es posible matar en un cuarto cerrado.

Acá el protagonista incluso rompe la cuarto pared al decirle a toda su audiencia que están dentro de una novela de misterio. No voy a explayarme mucho en ese capítulo porque ya lo hice en esta otra nota.

El misterio desde lo didáctico

Una crítica generalizada hacia El hombre hueco es que la historia es dialogada más que experimentada.

Los detectives descubren los crímenes en los primeros episodios y el resto de la trama se desarrolla a partir de diálogos y discusiones que van armando el rompecabezas. Este acercamiento hoy se siente un poco desactualizado cuando lo comparamos con recientes novelas de misterio más enfocadas en la acción, pero permite tener una mirada más profunda al crimen y los motivos detrás.

Carr es muy didáctico a la hora de exponer el crimen, y creo que tiene cierta intencionalidad.

Si partimos bajo la hipótesis de que su novela es más una parodia del género que busca evidenciar los elementos típicos, ponerlos en relevancia y burlarse (en algún punto) entonces tiene sentido también que sea tan expositiva.

Por supuesto, todos son sospechosos del crimen, especialmente las personas que estuvieron en la casa esa noche, y los invitados al pub donde apareció Pierre Fley con sus amenazas. Lo interesante es cómo el enigma se va tornando más extraño y bizarro a medida que las piezas comienzan a caer en su lugar.

Preguntas sin respuestas

Partiendo de la extraña desaparición del asesino en un cuarto herméticamente cerrado, los investigadores intentan descifrar las misteriosas últimas palabras de Grimaud, su relación con Pierre Fley, un saco que parece cambiar de color, un cuarto secreto en la calle Cagliostro (lleno de artilugios propios de un mago), las coartadas de todos los habitantes de la casa y el extraño cuadro de tres ataúdes que formó parte de la escena del crimen.

No faltan evidencias, sólo conectores que permitan darle sentido a todo.

Los secretos comienzan a revelarse gracias al conocimiento enciclopédico de Gideon Fell quien, como Holmes, parece ser una Wikipedia humana. Así nos enteramos de una historia relacionada con Transilvania, el vampirismo y los tres ataúdes.


La atmósfera es muy desconcertante a medida que la ilusión de este gran truco de magia se va construyendo. De hecho, la magia y la ilusión juegan roles fundamentales en la historia.

Palabras finales

El hombre hueco es una de las más grandes novelas de misterio y definitivamente una de mis lecturas favoritas del año. Sin embargo, creo que es importante destacar que solamente un verdadero aficionado de lo detectivesco va a sentirse cautivado con la historia.

Es una novela relativamente larga que abunda en muchas descripciones y parodia elementos del género (con lo cual, conocer bien cuáles son esos elementos es casi un requerimiento para que ésta sea disfrutable).

No sería mi recomendación para alguien que se va a iniciar en este tipo de historias (por ejemplo, hay cuentos de John Dickson Carr que son cortitos e igualmente efectivos, éste es uno de mis preferidos).

Sin embargo, quienes se atrevan a leerla se encontrarán con una trama endemoniadamente ingeniosa y perturbadora, con muchísima atención al detalle y grandes giros argumentales.

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viernes, 29 de septiembre de 2017

Una explicación del final de “A Ghost Story” (2017)


Ayer pude ver Baby Driver, lo nuevo de Edgar Wright, y terminé de concluir que este es un gra año para el cine, por lo menos desde mi punto de vista.

Claro que hubo muchísima basura (Going in Style, la película de Death Note, Brimstone) y varias producciones cinematográficas que me decepcionaron bastante (ya las mencionaré en un post futuro, al toque se me ocurren Wonder Woman y La Torre Oscura como grandes decepciones).

Pero, por sobre todo, me encontré con películas súper originales e innovadoras que van a hacer muy díficil seleccionar las 15 mejores para mi post de favoritas del año.

IT, Dunkirk, Free Fire, Lego Batman, I Am Not a Serial Killer, Get Out, Logan, It Comes at Night, The Autopsy of Jane Doe, The Big Sick, Shimmer Lake, Fragmentado (cuyo final analicé en esta nota), la francesa Raw, las españolas Contratiempo y Proyecto Lázaro, la japonesa Una voz silenciosa, John Wick 2. ¡Y todavía me falta ver muchas más!

A todas esas favoritas tengo que sumar A Ghost Story, una producción independiente de David Lowery que seguramente va a hacer enojar a más de uno.

Su premisa es preciosa, pero la manera en la que el director la expone atenta contra la paciencia de cualquier audiencia, especialmente durante el primer tercio de la historia.

Yo la disfruté un montón, y creo que el ambiguo y extrañísimo final va a ser uno de los más debatidos por años, a la par de las palabras susurradas por Bill Murray a Scarlett Johansson en Lost in Translation, el misterio de las cintas enviadas en Caché de Michael Haneke (hablé de eso en este post) y todas las preguntas sin respuestas de “Mulholland Drive”, quizás la mejor película del siglo XXI.

Así que hoy quiero hablar de A Ghost Story, y en especial de su desenlace. En la fan-page algunos me preguntaron si podía “explicar” la escena final. Y creo que sí, que puedo hacerlo. Aunque, como siempre, no deja de ser una mera interpretación personal.

Afortunamente, en este caso contamos también con algunas palabras del director sobre lo que estaba escrito en aquel papel que ve el fantasmagórico personaje de Casey Affleck. La respuesta es bastante sorprendente.


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Reseña de “A Ghost Story” (sin spoilers)

Cuando un músico muere en un accidente de auto frente a su casa, regresa como un fantasma (cubierto con una sábana blanca y dos agujeros para poder ver) a la casa en la que vivió con su mujer.

Lo primero que hay que decir es que A Ghost Story tiene un ritmo muy aletargado, es súper silenciosa (prácticamente no hay diálogos) y se denota un uso prolongado de planos fijos donde no parece pasar nada.

La ya infame escena de la torta, donde vemos literalmente durante 5 minutos a la protagonista devorar un postre, le hace competencia a las escenas más estiradas de este año en Twin Peaks.

Es importante aclarar que, aunque se juega con algunos elementos clásicos del cine de terror, no hay película más alejada del horror este año que ésta. Más bien es una exploración muy introspectiva y singular sobre el “dejar ir”, el amor, la pérdida y la enormidad de la existencia.


Del mismo modo, si bien se ven dos o tres escenas de suspenso muy bien logradas, es una meditación poética sobre la memoria, el tiempo y la conexión espiritual antes que una “historia de fantasmas” de la forma tradicional. A mí este aspecto me resultó fascinante. Hay una existencialista profundidad que emerge de lo que fácilmente podría haber sido un proyecto fallido y absurdo.

La narrativa minimalista funciona apoyada en las actuaciones de Casey Affleck y Rooney Mara, que generan una intimidad poderosa. Como espectador uno siente que es un intruso en sus vidas, comparte sus dolores y simpatiza con ambos. La inversión del punto de vista –relatar la historia desde la mirada de un alma en pena (y muda) que no puede dejar ir– es cautivante.

Como conclusión: A Ghost Story es una experimental y hermosa pequeña historia sobre la aceptación de la pérdida, y sobre lo insondable del tiempo. Si bien lenta y silenciosa, me hipnotizó por completo por su cinematografía, los curiosos giros argumentales y su profundidad temática.

Una película que dice mucho sin decir demasiado. Me encantó, y me parece de lo más creativo del año, pero entiendo perfectamente a quien afirme que se trata de un mal chiste que no sabe cuándo terminar.



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#Spoilers. A montones.

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Una explicación del final de “A Ghost Story”

Recapitulemos: prácticamente toda la película sigue a Casey Affleck bajo una manta blanca luego despertarse como un fantasma en el hospital y volver a su casa donde vivió con su esposa. Es testigo de otras familias mudándose a lo largo de los años, y está tanto tiempo ahí (parece no poder, o no querer, moverse) que hasta llega a ver cómo la destruyen para crear un gigantesco edificio en un futuro.

Eventualmente termina saltando de aquel edificio, aparentemente muriendo nuevamente. En lugar de eso, se encuentra a sí mismo en el pasado, físicamente en el mismo espacio donde estará la casa muchísimos años después.

En los últimos minutos, el fantasma termina en la misma casa donde se genera un perturbador bucle temporal. En una de las escenas más locas, puede ver a una versión de él mismo hecho fantasma.


Una versión, el fantasma del pasado, es el que todavía no ha podido descubrir qué necesita hacer para poder irse. El otro, la versión del presente que seguimos durante toda la película, es el que está sentado en el piano (el que genera el ruido que se escucha al principio) y el que obtiene algún tipo de claridad.

Yo me tiro más para pensar que el fantasma no viajó en el tiempo, sino que estuvo tanto tiempo en el mismo lugar, durante años, siglos, una eternidad, que acabó por “darle la vuelta al tiempo”. Sé que suena loco… ¿pero viajar en el tiempo no lo es también?

Hay algunas cuestiones de la película que me dan a pensar esta teoría. Especialmente el hecho de que el personaje de Casey Affleck no puede medir el tiempo, a veces pestanea y pasaron, literalmente, años. El montaje de la película expone, con sutileza, el inconmesurable paso del tiempo.

¿Por qué no puede haber avanzado tanto en el tiempo que llegó hasta el fin de la humanidad y volvió a arrancar?


La cuestión es que, como sea que se haya generado aquel bucle temporal, el retorno a su hogar le brinda al fantasma la posibilidad de retirar la nota que escondió su esposa antes de irse de la casa. Cuando finalmente lograr recuperar la nota, la lee y desaparece, liberándose al fin.

¿Qué decía el misterioso papel?

El famoso pedazo de papel que cautiva tanto al fantasmita como para liberarse está destinado a ser uno de los mayores misteriors del séptimo arte. Lo que está escrito NUNCA se muestra a los espectadores, por lo que queda como un enigma sin resolver.

Al respecto, el director dijo que no cree que lo que dice el papel sea tan importante, más bien el hecho de que el protagonista pudo leerlo. En palabras suyas:
«Pensamos en si mostrar lo que decía el papel o no, pero no importaba tanto como el hecho de que él lo recibiera. Nada de lo que estuviera escrito representaría algo para la audiencia en ese punto, y sólo complicaría el momento –vos verías algo, lo procesarías, y luego te preguntarías qué significa

Pero, ¡ojo! Eso no signfica que el papel estaba en blanco.

En el set aquel día, Lowery explicó que el guión no especificaba qué estaba escrito en el papel, más que nada porque ni siquiera él sabía qué debería decir. Así que le pidió a Rooney Mara que escribiera algo que fuera “personal y significativo para ella, la película y su personaje”.

Lo que ella escribió se mantuvo escondido en la casa hasta que, de hecho, fue realmente demolida, y nadie pudo haberlo leído antes. La actriz dice que no se acuerda bien qué escribió y ni siquiera lo sabe Casey Affleck, porque la pieza de papel que él saca ni siquiera es la original que escribió su contraparte femenina.


El papel, aquella minúscula cápsula de tiempo, bien puede haber dicho: “Te amaré por siempre”, “El fin”, “Sé que estás ahí”, “Por favor continuá sin mí”, “Let it go”  o, simplemente “BOO!” (¡eso habría sido genial!).

Lo cierto es que lo más interesante de A Ghost Story es todo lo que rodea al MacGuffin del papel.

Al final del día, todo el contexto de aquella nota se vuelva más esencial que cualquier cosa que pudiera haber estado escrita. Sea lo que fuera, fue suficiente para que el fantasma lograra liberarse de sus cadenas y soltarse de aquel lugar que lo ataba como un alma en pena.

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