jueves, 26 de octubre de 2017

Claves para entender “Stalker” (de Andrei Tarkovsky)


No me odien por poner un título tan clickbait.

La realidad es que mi post sobre las claves para entender “The Mirror” tiene miles de visitas y es literalmente el primer resultado que salta en Google cuando ponés “entender The Mirror”. Todos (me incluyo) queremos comprender un poco más sobre esas películas súper raras que hay dando vueltas.

Además, seamos honestos, ésta también es una a la que no le viene nada mal un poquito de explicación, interpretación y contexto.

Hablamos de la enigmática y extensa cinta rusa, de 1979, extrañamente catalogada como “de ciencia ficción”, que tiene como protagonistas a tres hombres caminando a través de territorios inciertos, en busca de una habitación capaz de cumplir nuestros más preciados deseos.



Voy a tratar de mantener los spoilers al mínimo. De todas maneras, se hace necesario tocar algunos puntos argumentales de la trama.

***

Entrando a La Zona

Stalker (СТАЛКЕР, en su versión original rusa) es una adaptación libre de una historia de los hermanos Strugatsky: “Roadside Picnic” (Picnic a la vera del camino). La película transcurre en un área devastada y parcialmente industrializada conocida como “La Zona”.

En el centro, según se dice, existe La Habitación, un lugar mágico que hace realidad nuestros deseos más profundos. ¿El problema? Alcanzarla implica esquivar todo tipo de obstáculos físicos y mentales.

Durante la mayor parte de la historia seguimos el recorrido de tres personas que conocemos sólo por su profesión: el Stalker, el Escritor y el Profesor. 

En el mundo ideado por Tarkovsky, un Stalker es una persona con las habilidades adecuadas para infiltrarse adentro de La Zona. Su trabajo es el de ser una especie de guía, cobrando un servicio por llevar a la gente hacia aquel peligroso interior.

Él, que también es el principal protagonista, ve a La Zona con algo muy cercano al asombro religioso. Ha viajado tantas veces que ya no le interesa en nada que exista una habitación capaz de cumplir deseos. Lo que es peor, tiene miedo de hacer uso de los poderes porque su propio mentor se suicidó por ello. A pesar de ello, continúa llevando a la gente aunque su mujer se indigne y que la salud de Monkey, su propia hija, se haya visto afectada por los viajes.

El Escritor es un cínico con problemas de bebida. Quiere recuperar la inspiración. Por último, el Profesor dice estar interesado sólo en el costado científico de la cuestión y no tiene interés en pedir ningún deseo. Lleva una pequeña mochila de la que no parece querer desprenderse.

Una profunda meditación

No puedo decir que me haya encantado esta película porque es, ciertamente, muy difícil de ver. A lo mejor es a propósito (en breve vamos a ver que es probable que así sea), pero es una historia muy lenta, demasiado tranquila, donde pestañear puede ser arriesgado por el peligro de quedarse dormido.

Sin embargo, es considerada una de las obras de ciencia ficción rusa más importantes de la historia del cine.

Todos los trabajos de Tartokvsky son así, en algún punto. Profundamente meditativos, serenos, silenciosos. Al igual que otra de sus obras (Solaris), Stalker es un drama humano encapsulado dentro de un relato sci-fi. Visualmente es muy llamativa por utilizar paletas de colores que diferencian al mundo dentro y fuera de La Zona.


Mientras que afuera todo se ve opaco y pobre, con sonidos de maquinaria industrial como un fondo constante, como parte del paisaje, adentro todo es más verde, orgánico, vibrante, en constante movimiento. Esto genera un contraste fuerte con el decaimiento urbano.

«La zona exige ser respetada. No sé qué sucede aquí cuando no hay nadie, pero basta que entre alguien para que todo se ponga en movimiento de inmediato.»

Lo que sí hay en La Zona es un descuido abismal: basura, mecanismos viejos y abandonados, restos de la personas que vivieron veinte años antes y tuvieron que alejarse luego de la catástrofe.

¿El director está hablando de los restos de una guerra? ¿Del comunismo ruso, quizás? Difícil de saber. Lo que sí es seguro es que no se refería al desastre nuclear de Chernobyl, ya que eso ocurrió siete años después. (Curiosamente, Chernobyl sería conocida como “La Zona” y las personas que ingresaban de forma ilegal al sitio abandonado serían llamadas “Stalkers” en honor a esta película).

Como sea, la película es difícil de digerir por su deliberada lentitud. Hay muchísimas escenas prácticamente estáticas, sin diálogos, que se extienden por más de cuatro minutos. Eso, en una película que dura prácticamente tres horas, la vuelve complicada de ver.

La escena más memorable en relación a esto es el viaje que los tres tienen arriba de una carretilla. Son varios minutos de silencio donde el espectador se queda obligado, junto a los protagonistas, a observar el paisaje a medida que se va modificando.

«El espectador ideal para mí mira un film como un viajero mira el paisaje por el que atraviesa en tren.» (Andréi Tarkovski)

Tampoco esperen hallar diálogos cómicos que sirvan para relajar tanto drama profundamente existencial. Una sonrisa en una película de este estilo es más rara que un guión coherente en una película de Michael Bay.

Hay quienes gustosamente hablan del cine de Tarkovsky como “poesía visual”, y creo que hay un poco de verdad en eso. La película transita por lugares muy atractivos, laberínticos y enigmáticos; lugares que son simultáneamente hermosos e inquietantes. La sala llena de arena blanca es uno de los que, inmediatamente, me viene a la cabeza.


Lo que sí es cierto es que, si bien podemos encontrar muchos simbolismos y una narrativa más o menos lineal, el director no nos ayuda en nada a comprender qué es lo que está pasando. Por suerte, hay varias aproximaciones posibles a la película.

Un acercamiento freudiano

Hay quienes han visto en esta tríada de personajes las tres instancias fundamentales del aparato psíquico: el ello, el yo y el superyó.

Según esta idea, el “Ello” sería el Escritor: la expresión psíquica de las pulsiones y deseos más superficiales, en constante conflicto con el “Yo” y con el “Superyó” (los otros dos protagonistas).

El “Yo” sabemos que es una instancia psíquica mediadora entre las otras dos. Desarrolla los mecanismos necesarios para obtener el mayor placer posible, pero dentro de los marcos que la realidad permite. Quedaría representado, en la película, por el personaje del Profesor.

Por último, el Stalker sería el “Superyó”, la instancia moral que constituye la internalización de las normas, reglas y prohibiciones.

Stalker y la psicología

La mirada freudiana de Stalker es súper interesante, más porque toda la película se desarrolla más como un tranquilo drama psicológico que como una cinta de acción y ciencia ficción. 

Los elementos futurísticos son inexistentes o apenas se mencionan (al parecer, un Ovni habría caído en el centro de La Zona, generando lo mágico de la habitación, y aquel es el motivo por el cual el lugar está tan custodiado).

La última escena, ya emblemática, es también uno de esos pequeños momentos donde podríamos haber experimentado algo sobrenatural que va más de la mano con otros relatos sci-fi.

Monkey, la hija del protagonista, supuestamente utiliza sus poderes psico-cinéticos para mover un vaso de vidrio (a medida que pasa el tren por detrás, generando movimiento también). Un perro chilla (¿de miedo?). La cámara se aleja. Suena un fragmento del cuarto movimiento de la novena sinfonía de Beethoven. Es una de las escenas más discutidas en relación a Stalker. Y una de las más bellas también.

Me encanta esa escena porque encapsula gran parte de lo que representa esta película: la idea de que todo lo que vemos podría ser mágico o mundano en partes iguales. Generalmente se deja mucha ambigüedad a la hora de aclarar si La Zona en verdad tiene las características fantásticas que se le adjudican o si es una ilusión que está en la mente de las personas.

Esta indeterminación se refuerza con el final, donde los protagonistas optan por no entrar a La Habitación cuando finalmente la alcanzan. Hay también un efecto hipnótico constante, como si todo estuviera ocurriendo dentro de un sueño, o bajo trance.

El conflicto viene desde adentro

Si bien la película arranca con una pseudo-escena de acción, con los tres escapando de tiros por parte de soldados que custodian la zona, pronto la historia baja varios cambios. Incluso algo más loco es que aunque se menciona que La Zona está llena de trampas, rara vez vemos una. El conflicto central pasa más por las ideologías encontradas de los protagonistas.

Las temáticas que se van tocando son las relaciones entre esperanza y realidad, la necesidad humana del misterio y el peligro, y las banalidades del hombre. El deseo como búsqueda de la felicidad es abordado también. Cada parte tiene su postura respecto a estos y otros temas que discuten a lo largo del viaje.

Para el Stalker, La Zona es el único lugar donde se siente cómodo. Para él cualquier otra forma de vida es una prisión, y el viaje –aquel constante movimiento– le da sentido a su existencia. Es llamativo que dentro del claustrofóbico mundo que se presenta, La Zona es un espacio abierto donde todo es posible, incluso un lugar donde las leyes de la naturaleza están supuestamente suspendidas (por ejemplo, las flores no tienen esencia).

La Habitación pone en evidencia los deseos ocultos de las personas, rellenando las fantasías y sueños que todos llevamos en nuestras mentes. Así, La Zona funciona más o menos como la imaginación, y es así como me gusta pensarla.

Entrar allí implica enfrentarse a un escenario diferente, con un mundo que cambia de acuerdo a quien lo visita. Como una obra de arte que puede interpretarse de diferentes maneras por cada lector o por cada audiencia.

La imaginación atenta contra la mirada literal y materialista del mundo, amenaza con destruir todas las pequeñas categorías en las que el mundo parece necesitar entrar.

A su vez, y acá se hace más evidente el comentario social de la película, la imaginación y la creatividad atentan contra el orden establecido. No es casual que un lugar tan especial, tan mágico, tan diferente al deprimente mundo real, sea fuertemente protegido y defendido por un pequeño grupo de personas armadas.

Stalker como un viaje interior

De esa manera, el viaje en Stalker es una travesía introspectiva hacia el interior de uno mismo. Si el exterior de La Zona representa lo evidente, lo banal, lo conocido, nuestro mundo ordinario (familia, amigos, objetos materiales), el interior es el lugar donde se constituye la vida íntima de nosotros: por eso es silencio, es cambio continuo, es contenedor de los desperdicios que vamos produciendo a lo largo de la vida, es sueños, es imaginación libre.

A medida que los tres se van metiendo más y más en lo profundo de La Zona, vemos que los parámetros de espacio-tiempo se vuelvan menos coherentes, con personajes que desaparecen y aparecen en otros lugares, finales de túneles que nos llevan hacia salas imposibles y todo tipo de ambientaciones que no serían naturales en la vida real.

Tarkovski consideraba que una de las cosas más lindas del cine es su habilidad para distorsionar el tiempo a voluntad del artista (lo mismo, me atrevo a decir, podemos aplicarlo a otras artes como la literatura).  La Habitación en la que los deseos (íntimos) se hacen realidad es el lugar más oscuro de este sistema interno, un espacio hermético, cerrado, en el que ya no es posible engañarse a sí mismo.

Vale también mencionar que, al mismo tiempo, Andréi Tarkovski no creía que sus películas tuvieran un “significado oculto”.

«En ninguna de mis películas se simboliza algo. La Zona es sencillamente La Zona. Es la vida que el hombre debe atravesar y en la que sucumbe o aguanta. Y que resista depende tan sólo de la conciencia que tenga de su propio valor, de su capacidad de distinguir lo sustancial de lo accidental.»

El acercamiento espiritual

Hay otra interpretación interesante en relación a Stalker (y pido disculpas si fui medio desordenado en esta nota). Tiene que ver un poco con todo esto que vengo comentando de la psicología (los tres personajes como versiones del “Ello”, el “Yo “y el “Superyó”) y el viaje hacia nuestro inscosciente, pero en lugar del foco en una sola persona, implica ver en la película como la evolución del hombre en su totalidad, en su humanidad evolutiva.

La Zona y La Habitación representarían las visiones utópicas del hombre. Tres héroes funcionarían como distintos modos de pensamiento en tres periodos históricos fácilmente identificables, lo que indicaría las diferentes respuestas que tienen respecto al mágico lugar.


Bajo esta mirada, el Stalker es la humanidad en su fase pre-moderna: cree en Dios, es supersticioso de La Zona y sus peligros, está siempre preocupado, si bien vive una vida simple con su familia. El viaje hacia La Zona es la búsqueda de la utopía.

El Escritor representa al periodo de la Iluminación. Tiene ideas filosóficas más sofisticadas, vive en un gran mansión, y está condenado siempre a criticarse a sí mismo. Quiere realizarse con la escritura, es antropocentrista (Dios ha muerto, viva el superhombre), se cree una especie de profeta en su tierra. Algunas imágenes visuales de la película refuerzan estas ideas.

Finalmente, el Profesor es la posmodernidad: un científico, un físico que quiere cuantificarlo todo, medir lo desconocido de La Zona. Es metódico, racional (hiperracional incluso). Eventualmente revela sus verdaderos motivos para llegar a La Habitación: es una utopía peligrosa y quiere destruirla con la bomba que carga en la mochila. Es una expresión de la era nuclear, pero en su racionalidad termina provocando más desastres.

Es divertido ver la película con esta perspectiva.

Por ejemplo, la escena en la que el escritor defiende al profesor y golpea al stalker puede entenderse como una expresión de la burguesía oprimiendo al proletariado. Ambos (escritor y profesor) serían como el totalitarismo staliniano, considerándose iluminados y con raíces filosóficas, buscando eliminar la utopía que encontró el stalker en relación a La Habitación.

Palabras finales

Pero no nos vayamos tanto por las ramas. Podríamos seguir tirando teorías locas sobre Stalker (miles lo han hecho) porque es una película tan abierta y ambigua que lo permite.

Lo importante a entender acá es que la película se esfuerza más por generar una suerte de estado hipnótico en el espectador (impulsado por un ritmo lento, la escasez de diálogos y las poderosas imágenes visuales) que en dar una respuesta cerrada y redondita a preguntas que ni siquiera expresa abiertamente.

Creo que la mejor manera de pensar Stalker es como un ejercicio de estilo que hace Tarkovski en cuanto a la trascendencia del ser humano. No es la primera película en tocar esta temática ni va a ser la última.


Esa inquietante escena final.


Es una producción para ver con mucha paciencia; incluso, de ser necesario, en partes. Me gusta pensar que el pantallazo que di en esta nota puede ayudar a apreciarla un poquito más, aunque no dejo de admitir que, como experiencia cinéfila se vuelve aburrida, repetitiva y monótona.

La película está disponible, de forma completa, en Youtube.

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Las locas búsquedas de Google...

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2 comentarios:

  1. Recuerdo haber visto esa película hace algunos años. Creo que no la terminé de ver.
    Así que si está en youtube la veré, para repasarla. Sobre todo porque leí la novela y me gustó mucho.
    Saludos.

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    Respuestas
    1. Seee, está completa en youtube. Como dije: vale la pena para analizar o desmenuzar... pero es LENTA.

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