martes, 14 de noviembre de 2017

Hotel Paradise: los cuentos de Marcelo Kisilevski


Conocí a Marcelo Kisilevski a través de la comunidad de Literautas.com, un sitio que ya mencioné alguna vez en el blog. Literautas tiene un taller de escritura (Móntame una Escena) en el que cada mes se da una consigna y quien quiere puede sumarse. Luego es posible intercambiar comentarios y correcciones sobre cada texto.

El taller me sirve para impulsarme a mí mismo a escribir mes a mes, aunque sea algo chiquito, y la verdad es que me ha inspirado a sacar algunos de mis cuentos favoritos. 

También es un círculo social de escritores como uno donde es posible seguir aprendiendo y conocer nuevos textos.

La cuestión es que Marcelo es una de las tantas personas que lee mis escritos, y yo los suyos, y más de una vez habíamos intercambiado comentarios en el sitio. 

Hace unas semanas me obsequió una copia digital de su libro Hotel Paradise – Cuentos para leer sin red, publicado en Chile por Editorial Furtiva y también disponible en Amazon.

Un hecho muy curioso, que resultó de investigar a Marcelo en Internet para poder descubrir al autor, es que la fase que yo conozco de él es justamente la menos conocida popularmente.

«Mi faceta como escritor de ficción es menos conocida. Después de todo, se trata de mi primera antología de relatos. Pero quiero que la gente también conozca lo que hago cuando todos se van a dormir en casa, se apaga la tele, y puedo disfrutar, lejos de los problemas del mundo, de mi 'patio de recreo', es decir la creación literaria.» (fuente)

Marcelo es argentino, pero vive en Israel desde 1992. Se considera un “comunicador artesanal” si bien su título es de Licenciado en Ciencias de la Comunicación. Se ha dedicado profesionalmente como periodista, productor de videos, conferenciante, educador y traductor. Y ahora escritor.

Yo tengo la horrible costumbre de no leer nunca las noticias y manterme siempre tan al margen de la actualidad social, económica y política como puedo. Vivo, si se quiere, en una suerte de burbuja donde sólo me preocupan mi familia, amigos y vicios personales. El mundo de afuera puede quedarse allá, afuera.

Por eso no tenía idea de que Marcelo es muy conocido en Argentina por su rol de periodista y analista de actualidad de Israel y el Medio Oriente. Como dije, lo conozco exclusivamente a través de sus escritos y es de lo único que puedo hablar.

Sin embargo –y a pesar de vivir a miles y miles kilómetros de Argentina– su primera antología Hotel Paradise la sentí mucho más argentina y cercana que muchísimos otros textos que leo de escritores argentinos. Eso, para mí, fue un gran plus.



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Los cuentos de Marcelo Kisilevski

Voy directo al grano: la antología que conforma Hotel Paradise es fascinante. Me encontré cautivado por casi todos los cuentos que presenta el autor. Se denota un trabajo muy pulido, muy a consciencia en la selección de cuentos.

El libro se desarma en tres grandes apartados en función de su extensión: medium, large y small.

Los mejores para mí se encuentran en la sección “medium”, donde muchos se destacan por su gran originalidad y sus temáticas atrapantes.

Por ejemplo tenemos “Martina Inmortal”, uno de los pocos en los que Marcelo incursiona en la ciencia ficción Se trata de un texto muy “a lo Black Mirror”.

En un futuro donde morir es una elección propia (literalmente) la protagonista, con más de 200 años, decide que es tiempo de dejarse ir.

Lo verdaderamente interesante es todo el contexto alrededor de un argumento más bien simple, la descripción de las consecuencias económicas y sociales que ocurrieron en un futuro donde la muerte se erradicó por completo. Dan ganas de quedarse un poquito más dando vueltas por ese universo.

Otro cuento muy Black Mirror es el que le da nombre a la antología. “Hotel Paradise” es un escalofriante relato con unos efectivos toques de humor. Un turista en un hotel cinco estrellas progresivamente se convierte en un huésped eterno. Quizás inspirado en Hotel California, el tema de The Eagles, aunque con unos toques de ingenio astutos.

Cuentos como “Qué bonita mañana de camping”, “El carterista de agendas” y “Tengo un sobrino que es igualito a Luis Miguel” son relatos esencialmente humorísticos (muy logrados también) pero con un pie bien anclado en la tierra y con finales agridulces que van a sorprender a más de uno. Los encontré todos súper creativos.

El primero de los tres mencionados es una historia con un aire cortaziano en la que un florista se va de vacaciones a un camping porque le fue mal en el año.

Hablando mal y pronto, te cagás de risa con la descripción de vacacionar en campings (particularmente si lo viviste). Toda la acción ocurre en un baño, donde suceden cosas inesperadas. Muy paródico y cómico, hasta que te toma desprevenido con el desenlace dramático.

Esta es una virtud de la antología: no se asienta en ningún género particular. Así, es posible encontrar una historia para cada gusto.

En ese sentido, “3 segundos” es un fascinante relato pseudo-policial donde un hombre se despierta en una bañera con el cuello roto y una bala en el estómago. Sabe que va a morir en unos minutos y no puede ni moverse. Tiene que recordar quién es para entender qué le paso, algo paradójico porque recordar su vida será como morir dos veces. Es magistral.

Todos son cuentos muy íntimos, de historias chiquitas pero fuertes. Algunos hasta se dan el lujo de contener cierto comentario social más o menos sútil que permite una lectura múltiple desde varios lugares.

Entre ellos destaco especialmente “Demasiado metidos”, que me pareció una pequeña obra maestra.

Dos pibes jóvenes a fines de los ochenta están vacacionando en el Sur. Conocen a Gisella, de 26 años, y a su novio Mariano, quienes dirigen el hostel en el que duermen. Una noche de borrachera, Mariano les confiesa que torturó a personas durante la dictadura. ¿Qué haría cada uno de nosotros si, mochileando por la vida, nos encontráramos demasiado metidos? 

Tremendo relato, muy visceral.

En intercambios por e-mail, Marcelo me comentó que nunca nadie le había señalado ese relato como especialmente bueno, pero que él le tiene un especial afecto porque es el único que tiene varios episodios autobiográficos mezclados. De verdad viajó en ascensor con Ernesto Sábato en el San Martín/CONADEP, fue mochilero en el sur de Argentina y conoció (aunque en otro lado) a un ex torturador.


Si tengo que ser honesto, la sección “small” de la antología es mucho más intrascendente, sus cuentos caen más en la categoría de lo conocido. Si bien los disfruté, ninguno me quedó en el recuerdo ni me pareció tan memorable. A lo mejor es porque tienen un tono mucho más serio que los anteriores y un elemento social/político bastante más marcado, que no es lo que más busco en la literatura.

Afortunadamente, entre las secciones “médium” y “small” tenemos el plato fuerte del libro:  “La doble vida de Ramiro”, que funciona como una especie de novela corta y no tiene nada que envidiarle a las grandes historias de estafadores del cine de Hollywood.

Tiene un momento grandioso en el que aparece una intertextualidad casual con otro cuento anterior que me hizo estallar de risa. Es una historia pícara donde reí durante todo su desarrollo, y está muy bien llevada. Prefiero no dar demasiados detalles para no arruinar la historia.

Palabras finales

Hotel Paradise se disfruta porque el autor trabaja temas atemporales con mucha soltura. Prácticamente todos los finales de sus relatos son sorprendentes y abren nuevas posibilidades de exploración.

Como toda buena antología, puede abrirse en cualquier tiempo y lugar para disfrutar de una buena historia durante algunos minutos. Me llevo muchos argumentos cautivantes de un libro que, considero yo, no tiene desperdicio. Cada lector encontrará un relato de su mayor agrado.

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Si les interesa leer la obra de Marcelo Kisilevski, pueden contactarlo a través de su blog literario: www.contarelcuento.wordpress.com.


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