domingo, 6 de noviembre de 2016

“La cena”: César Aira y los zombies en Pringles


La cena es una obra breve y desconcertante del autor argentino César Aira escrita en el año 2006. La particularidad es que esta es una de las pocas que se ambientan en su ciudad natal (Coronel Pringles, provincia de Buenos Aires) y tiene como antagonistas a un ejército de muertos vivientes.

Un hombre y su madre (con quien vive) van a cenar a casa de un amigo. Al regreso, el protagonista está viendo televisión a la noche y, gracias a una transmisión en directo, se entera de que la ciudad de Pringles está siendo invadida por una horda de Zombies que se escaparon del cementerio. A partir de ahí, se desata el caos.

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#SpoilerAlert: se revelan detalles de la trama y algunos giros argumentales de la historia. Quedan advertidos.

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Fiel al estilo de Aira, La cena es un texto muy cortito (se divide en tres partes y tiene apenas unas 130 hojas) y tiene un importante componente ensayista. El mismo autor ha afirmado que sus libros son ensayos que disfraza de novelas para que no lo tomen por loco. 

Su literatura es bastante particular e inclasificable.

En este caso, nos encontramos con una obra de género fantástico que mezcla el terror y la comedia, la literatura y la televisión, el cine y la ficción. La narración fantástica se hace presente a través de una pantalla, con un programa en directo de la televisión de Pringles en el que una reportera trasmite un suceso extraordinario.


Lo curioso es que los muertos, a diferencia de los zombies conocidos por todos, abren el cerebro de sus víctimas y parecen absorber su endorfina. Sabemos que aquellas sustancias que el cuerpo produce de forma natural son utilizadas para atenuar el dolor y producir sensación de bienestar (por eso se las conoce como “las hormonas de la felicidad”). 

Entonces, los zombies literalmente le chupan la felicidad a los pueblerinos.

Apenas comencé a leer La Cena me encontré con una característica que también había notado en Cómo me hice monja (gran historia que reseñé en esta nota): una necesidad casi obsesiva de buscar la raíz de cada razonamiento, de tomar un hecho cotidiano y alargarlo hasta convertirlo en un pequeña teoría (el rasgo ensayista que subyace en cada texto de Aira).

Acá la historia arranca con el hijo perdedor y su mal arriada madre en la casa del amigo del protagonista, un adinerado y coleccionista de juguetes. 

La madre y el amigo se ponen a hablar de la gente de Pringles y ya en esta primera conversación vemos algo que da muestras de la idiosincrasia de pueblo: vincular apellidos de los vecinos, salpicar la charla de nombres azarosos. “La mujer de tal...”, “El farmacéutico de calle Stegmann que salía con la kiosquera de 25 de mayo”. “El casado con la de Pérez...”. 

Y así siguen por largo rato, mientras el protagonista se pega un aburrimiento bárbaro.

¿Para qué puede llegar a servir saber de memoria y recordar con una precisión de reloj, a lo largo de los años, los nombres de los vecinos y familias del pueblo? Lo ingenioso de la historia es que se convierte en la clave para vencer a los Zombies. Pero no me quiero adelantar.

Me paso algo muy loco mientras leía esta novela. Estaba en el sillón, calentito, tapado, leyendo, y en la mesa mi mujer y su hermana (ambas nacidas y criadas en Pringles) tomaban mate y hablaban sobre gente de Pringles que obviamente no conozco, nombres que me eran ajenos. Y es precisamente lo que sucede en la historia (y que justamente estaba leyendo en ese preciso momento). El paralelismo entre la ficción y la realidad del momento me pareció increíble. Me pregunto si Aira no habrá vivido situaciones similares.


La segunda parte es un delirio maravilloso, una versión de El regreso de los muertos vivos, de George Romero, que transcurre en Pringles. Para alguien como yo, que conoce bastante el pueblito, fue genial ver cómo Aira describe la invasión mencionando los lugares más importantes del lugar. Permite hacerte una imagen casi real de los eventos.

En medio de esta fusión absurda de fantasía y ensayo, el autor se hace un lugar para introducir comentarios sobre la sociedad del pueblo, su idiosincrasia y la poco equitativa distribución de las endorfinas. 

Eventualmente, los zombis son derrotados o, mejor dicho, obligados a volver a sus tumbas cuando los más viejos comienzan a identificarlos y a llamarlos por su nombre. “Ese de ahí es Aurelio, el hijo del panadero González”. “Aquel es Roberto, uno de los monaguillos”. De esa manera, aquel saber inútil que cohesionaba la memoria colectiva es el que impide la desaparición de esta comunidad.

La tercera parte es bastante más breve y de carácter reflexivo. Gracias a una sutileza narrativa, nos enteramos de que el protagonista pudo haber soñado todo porque se durmió viendo la película de Romero la noche anterior. 

Allí conocemos un poco más su personalidad y se revela que su amigo, el coleccionista de juguetes con plata, no le interesa en lo más mínimo, sino que lo necesita para encarar un negocio en el futuro.

La Cena nos habla de una posible invasión de zombies en Pringles pero, en realidad, son otros los temas que emergen del subtexto. La estupidez social, las líneas difusas entre ficción y realidad, la apatía, la manipulación mediática. La obra puede ser desmenuzada desde varias líneas de pensamiento, y creo que eso la convierte en una propuesta muy rica.

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6 comentarios:

  1. La tercera parte me quita un poco el interés en la novela. Si es por soñar, yo he tenido sueños interesantes e inquietantes. Incluso sueños donde el monstruo...era yo.

    Las películas de George Romero plantean otros temas pero sin desmerecer el de los muertos vivos. Tierra de los muertos creo que es la mejor.

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    1. Yo tengo un cariño especial por "Dawn of the Dead". Incluso la remake del 2004 (que dirigio Zack Snyder, cosa que no muchos recuerdan) es muy memorable.

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  2. No leí nada de él pero me hiciste dar ganas... Además se me antoja que es fácil de leer y no extensa... Veremos si me la cruzo, yo están caros los libros, hay que elegirlos 😒

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    1. Creo que mencionaste un punto clave entre los que seguimos leyendo literatura: esta TODO carísimo. "La cena" lo conseguí por mercado libre (usado) a 100p. Es increíble que obras tan decepcionantes como Harry Potter 8 (El legado maldito) salgan más de 600$.
      Así que sí, hay que saber seleccionar, o bien saber buscar. Se encuentran grandes tesoros en las ferias de libros y lugares así.
      ¡Saludos!

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  3. Muy buen comentario, me gusta la forma en que explicas lo inexplicable y demas ,siempre te sigo , porque me gustan los comentarios de peliculas y libros ya que en este pueblito como decis vos, no hay muchas posibilidades en lo lityerario y cultural, felicitaciones

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    1. Gracias, Reneé. Después te llevo el libro a Pringles para que puedas leerlo.

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